Cuerpo espiritual y religiones.

Chico Xavier


* Responsabilidad y conciencia

A medida que la responsabilidad se consolidó en el Espíritu, se fue iluminando la conciencia del hombre.

El fulgor de la razón se convirtió en una llama divina. La inteligencia humana entendió la grandeza del Universo y comprendió su propia humildad, reconociendo en sus entrañas la idea innegable de Dios.

Conduciéndose entonces de un modo racional, experimentó profundas transformaciones.

Y con ese despertar percibió que, más allá de las funciones vulgares de la nutrición y la reproducción, de la vigilia y del reposo, estímulos interiores inevitables brotaban desde lo más profundo de su Ser, plasmando su carácter y su sentido moral ampliándose su intuición con las adquisiciones de conocimientos y afectividad, transformándose en amor y conquistando la capacidad del sacrificio y alcanzando la renuncia total.

Hasta la época pasada del paleolítico las Inteligencias Divinas intervinieron en la estructuración de su vehículo físico, dotándole de preciosas y potenciales reservas para su futuro ilimitado.

Iluminándose con la luz de la responsabilidad, ésta le otorgó el deber de conservar y perfeccionar el patrimonio recibido, por lo cual invistiéndose con la riqueza del pensamiento continuo, le confirieron la obligación de atender el perfeccionamiento de su cuerpo espiritual.

Es de comprender, razonablemente, que hasta esa fase los tremendos conflictos de la Naturaleza, sumados a las expresiones de violencia y brutalidad imperantes, afectaron la marcha de la evolución necesaria por las discriminaciones de individuos y agrupaciones, especies y razas.


* Actividad religiosa

Sin embargo, establecido el principio de justicia y aumentando incesantemente la mentalización, el hombre comenzó a examinar en sí el efecto de sus propias acciones y comenzó crecer, conscientemente, hacia su destino de hijo de Dios y heredero y colaborador de su Obra Divina.

Se estimulaba en él, de tal manera, la curiosidad constructiva.

Hambriento de elucidaciones adecuadas en cuanto a su propio camino, dirige sus antenas mentales hacia las estrellas, recogiendo los valores del Espíritu que lo consustancian con el patrimonio de revelaciones del cielo a través de los tiempos.

Era necesario satisfacer el acrisolamiento de su vehículo, en su esencia íntima, asegurándole su transformismo anímico, revistiéndole de luminosidad y belleza y purificando sus principios para que, más allá del estrecho círculo humano, pudiese reflejar la gloria y grandeza de los planos superiores.

Para ello, el pensamiento requería una orientación educativa, a efecto de despojarse de la pesada sedimentación de la animalidad, presente en sus impulsos.

Le era imprescindible la depuración de su atmósfera vital para la asimilación de la influencia divina.

Y la actividad religiosa nació por obra de la institución mundial de la higiene del alma, trazando al hombre directrices para su nutrición psíquica, así como por su propia entrega exterioriza los elementos que elabora en su usina mental en forma de efluvios electromagnéticos, con los cuales se le corporifican en movimientos los reflejos dominantes, influenciando el ambiente y siendo por éste influenciado.

La ciencia médica, rica en experimentación y en lógica, surgiría para corresponder a las necesidades del cuerpo físico, pero la tarea religiosa vendría al encuentro de las civilizaciones, plena de inspiración y disciplina, patrocinando la orientación del cuerpo espiritual y su necesaria sublimación.


* Injerto revitalizador

En tal sentido, la Espiritualidad Sublime, en su afán de amparar al hombre, jamás menospreció faltar a su sed de consuelo y esclarecimiento.

Cuando más angustiosos se le mostraban los problemas del dolor, derivados de la guerra íntima entre la razón y la animalidad, una gran masa de Espíritus ilustrados, pero caídos en otro sistema cósmico, renació en el tronco genealógico de las tribus terrestres, cual injerto revitalizador, aunque eso representase para aquéllos una amarga penitencia expiatoria.

Es así como se establece la raza adámica en la Tierra, instilando en el hombre renovadas nociones sobre Dios y la vida (1).

(1) Al respecto de lo manifestado por el Espíritu André Luiz, recomendamos consultar La Génesis..., de Allan Kardec, XI:38, “Raza adámica”, y el capítulo 3, “Las razas adámicas” del libro Hacia el camino de la luz, del Espíritu Emmanuel, psicografiado por Francisco Candido Xavier. [Nota de la FEHAK].


Se erigen entonces organizaciones religiosas fundamentales.

Pueblos nómadas y agrupamientos sujetos al suelo por su extremado gregarismo adoptaron las más extrañas formas de fe, amoldadas a la barbarie natural y a través de un intercambio fragmentario con el plano extrafísico.

Los Espíritus exiliados, sujetos a la red organogénica en que se les tejía la cárcel del vehículo biológico, aún profundamente primitivista, muchas veces rebelados y endurecidos, se aliaban a hordas de salvajes en cultos sanguinarios e indescriptibles, enloqueciéndose con los más denigrantes espectáculos de crueldad en nombre de los dioses con que fantaseaban las Entidades inferiores que con ellos convivían.

Algunos de ellos, sin embargo, movidos por un estado de compunción, entraron en fervorosos arrepentimientos por las culpas contraídas en el mundo adelantado del que provenían, y, no obstante los inconvenientes que se anteponían a sus anhelos de recuperación, comenzaron instintivamente a formar núcleos aislados para el cultivo de meditaciones superiores y sagradas intenciones de elevación.


* Religión egipcia

Después de largos y denodados milenios de lucha espiritual, surgen en el mundo, como grupos por ellos organizados, la China prehistórica y la India védica, el antiguo Egipto y otras civilizaciones que se perdieron en el abismo de las eras, grupos en los cuales la religión asume un aspecto ennoblecido como ciencia moral de perfeccionamiento y siguiendo una más alta ascensión de la mente humana hacia la Conciencia Cósmica.

Entre todos ellos, Egipto desempeña una misión especial, organizando escuelas de iniciación más profunda.

En obediencia a los requisitos de la creencia popular, heredera intransigente de las fijaciones mitológicas, el sacerdocio mantiene cultos diversos y dioses múltiples en las manifestaciones esotéricas de los templos abiertos al pueblo.

El hogar y la escuela, la agricultura y el comercio, las industrias y las artes tienen sus genios especiales que los patrocinan en nombre de la convicción popular, mas, en la intimidad del santuario, el monoteísmo orienta la implantación de la fe.

La unidad de Dios es el cimiento de toda la religión egipcia, en su aspecto superior.

Para ella, los atributos divinos son la voluntad sabia y poderosa, la libertad, la grandeza, la magnanimidad insuperable, el amor infinito y la inmortalidad.

En síntesis: acredita que Dios plasmó sus propios miembros, que son los dioses conocidos. Cada uno de esos dioses secundarios puede ser tenido como siendo análogo al Dios Único, y cada uno de ellos puede formar un tipo nuevo del cual se irradian, a su vez y por el mismo proceso, otros tipos de dioses inferiores.

Claro está que esa argumentación teológica, alejada de los más altos caminos de la evolución, imaginaba erróneamente a potencias espirituales centralizadas en el Creador Excelso, cuando sólo Dios tiene la facultad de verdaderamente crear, pero el concepto expresa, en sentido amplio, la solidaridad constante e inevitable que existe en todas las manifestaciones de las vidas de que está constituida la familia del Supremo Señor en todo el Universo.


* Misión de Moisés

Los padres tebanos, de la Grecia antigua, conocían, de un modo preciso, la evidencia del cuerpo espiritual, que puede exteriorizarse de cada una de las criaturas para acciones útiles o criminales.

Cultivaron la mediumnidad en un grado avanzado, atendieron complejas aplicaciones de magnetismo, trazando disciplinas a la vida íntima y comunicándose con los desencarnados de una manera indudable, consagrándoles una veneración especial.

En ese campo de conocimientos más nobles, reencarna Moisés como misionero de renovación, para ofrecer a la mente del pueblo la concepción del Dios Único, transfiriéndola de los recintos iniciáticos a la plaza pública.

Mientras tanto, y dado que la evolución de los principios religiosos implica siempre un cambio de las costumbres con la debida elevación del alma, el civilizador enfrenta batallas terribles del pensamiento acomodado a los circuitos de la tradición en que las clases se explotan mutuamente, agravando así los propios compromisos, para finalmente recibir los fundamentos de la Ley en el Sinaí.

Desde esa hora, el conocimiento religioso, basado en la Justicia Cósmica, se ha generalizado en el ánimo de las naciones, dado que, a través del mensaje de Moisés, el hombre común se informó de que, ante Dios, el Señor del Universo y de la Vida, está obligado a respetar el derecho de sus semejantes para ser igualmente respetado, reconociendo que él y su prójimo son hermanos entre sí e hijos de un Padre Único.

La religión pasa a actuar, de tal modo, con un sentido directo y práctico, en el acrisolamiento del cuerpo espiritual y una tendencia clara hacia la Vida Mayor, a través de la educación de los hábitos humanos a depurarse en el transcurso de los siglos, preparando la llegada de Cristo, el Gobernador Espiritual de la Tierra.

Las ideas de justicia y de solidaridad, de los deberes colectivos e individuales, unidas a las de la higiene del cuerpo y de la mente, alcanzan una amplia divulgación.


* Los diez mandamientos

Los diez mandamientos, recibidos mediúmnicamente por el profeta, brillan aún hoy como focos de luz potente en la edificación del derecho, dentro del orden social.

La palabra de la Esfera Superior grababa la ley de causa y efecto en el hombre, advirtiéndole solemnemente:

– Consagra el amor supremo al Padre de Bondad Eterna, reconociendo en Él tu divino origen.

– Estate atento contra los engaños del antropomorfismo, dado que equiparar los atributos divinos con las mezquinas cualidades es caer en las peligrosas trampas de la vanidad y del orgullo.

– Abstente de involucrar el Juzgamiento Divino con la estrechez de tus juicios.

– Recuerda el imperativo de la meditación por tu bien y en beneficio de aquellos que colaboran en la esfera del trabajo, a efecto de que puedas asimilar con seguridad los valores de la experiencia.

– Acuérdate de que la deuda para con tus padres terrestres te mostrará siempre insolvente, en razón de su naturaleza sublime.

– Responsabilízate por las vidas que deliberadamente extinguieres.

– No intentes oscurecer o conturbar los sentimientos ajenos, porque el cálculo delictuoso emite ondas de fuerza desorientada que volverán sobre ti mismo.

– Evita la apropiación indebida para que no agraves tus propias deudas.

– Aleja de tus labios toda palabra dolosa a fin de que no se convierta, algún día, en un motivo de tropiezo para tus pies.

– Ten cautela contra la envidia y el despecho, la disconformidad y los celos, aprendiendo a conquistar alegrías y tranquilidad al precio del esfuerzo propio, dado que tus pensamientos preceden a tus pasos, plasmando, hoy, tu camino de mañana.


* Jesús y la Religión

Con Jesús la religión alcanza, como sistema educativo, una eminencia inimaginable.

Ni templos de piedra, ni rituales.

Ni jerarquías efímeras, ni ansias de poder humano.

El Maestro abre las arcas del conocimiento ennoblecido y distribuye los tesoros. Se dirige a los hombres simples de corazón, inclinados hacia la gleba del sufrimiento y les levanta la cabeza trémula hacia el cielo. Se aproxima a cuantos desconocen la sublimidad de sus propios destinos y les sugiere la verdad, basada en el amor, para que el sol de la esperanza renazca en su Ser. Abraza a los desheredados y les habla de la Providencia Infinita. Reúne, en torno de su gloria, escondida tras su humildad, a los ancianos y a los enfermos, a los cansados y a los tristes, a los pobres y a los oprimidos, a las madres sufrientes y a las criaturas abandonadas y les entrega las bienaventuranzas celestes. Les enseña que la felicidad no puede nacer de las posesiones efímeras que se transfieren de mano en mano, y sí de la caridad y del entendimiento, de la modestia y del trabajo, de la tolerancia y del perdón.

Les afirma que la Casa de Dios está integrada por muchas moradas, que son los mundos esparcidos por el firmamento, y que el hombre debe nacer de nuevo para progresar en dirección a la Sabiduría Divina. Proclámales que la muerte no existe y que la Creación es belleza y seguridad, alegría y victoria con plena inmortalidad.

Por las revelaciones con que vence a las supersticiones y al crimen, a la violencia y a la perversidad, paga en la cruz el impuesto del extremo sacrificio a los preconceptos humanos, que no le perdonan su soberana grandeza, pero reapareciendo, redivivo, a la misma humanidad que lo escarneciera y crucificara, descubriéndole, con nuevo cántico de humildad, la excelsitud de la vida eterna.


* Reviviscencia del Cristianismo

Desde entonces, el Evangelio se erige en código de armonía, inspirando la devoción al bien de todos hasta el sacrificio voluntario, a la fraternidad viva, al servicio infatigable a los semejantes y al perdón sin límites.

Comienzan en el orbe inmensas alteraciones. La crueldad metódica cede lugar a la compasión. Los trofeos sanguinolentos de la guerra desaparecen de los santuarios. La esclavitud de los hombres sufre una sacudida en sus fundamentos a efecto de que ella se anule de una vez, declarando a los hombres libres. Se eleva a la mujer de su condición de bestia de carga a su dignidad humana. La filosofía y la ciencia admiten la caridad en el gobierno de los pueblos. El ideal de la solidaridad pura comienza a fulgurar en los objetivos de la sociedad mundial.

Moisés instaló el principio de la justicia, coordinando la vida e influyéndola de afuera hacia adentro.

Jesús inauguró en la Tierra el principio del amor expresándose, desde el corazón, desde adentro hacia afuera, señalándole su ruta hacia Dios.

Y es así como el Cristianismo, grandioso y simple, resurge ahora con el Espiritismo, induciéndonos a la sublimación de la vida íntima, para que nuestra alma se libere de las tinieblas que la densifican y encaminándola, renovada, hacia las cumbres de la Luz.

Pedro Leopoldo, 13-04-1958.



Extracto de Evolución en dos mundos a través de Chico Xavier
Obra mediúmnica dictada por el Espíritu ANDRÉ LUIZ

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