Invasión microbiana.

Chico Xavier


– La invasión microbiana ¿está vinculada a causas espirituales?

– Exceptuados los cuadros infecciosos de los cuales es responsable la falta de higiene común, las depresiones creadas en nosotros por nosotros mismos, en razón del abuso de nuestras fuerzas, ya sea adulterando los trueques vitales del cosmos orgánico por nuestra rendición al desequilibrio, o bien estableciendo perturbaciones en perjuicio de los demás, plasman, en los tejidos fisiopsicosomáticos que constituyen nuestro vehículo de expresión, determinados campos de ruptura de la armonía celular.

Verificada esa disfunción, toda la zona alcanzada por tal desajuste se torna factible a una invasión microbiana, cual plaza desguarnecida, dado que los centinelas naturales no disponen de las bases necesarias a la acción regeneradora que les compete, permaneciendo, muchas veces, alrededor del punto lesionado, tratando de controlar su presencia o deteniendo su expansión.

Desarticulado, pues, el trabajo sinérgico de las células en tal o cual tejido, ahí se interponen las unidades mórbidas, tales como las del cáncer que, en esta dolencia, imprimen un acelerado ritmo de crecimiento a ciertos agrupamientos celulares, entre las células sanas del órgano en que se instalen, causando tumoraciones invasoras y metástasis, comprendiéndose, sin embargo, que la mutación, inicialmente, obedeció a una determinada distonía originaria de la mente, cuyas vibraciones sobre las células desorganizadas fueron el efecto de las proyecciones de rayos X o de las irradiaciones ultravioleta en aplicaciones impropias.

Emerge, entonces, la molestia por un estado secundario de indefensión y largos procesos de desgaste o devastación, por la desarmonía que compele a la máquina orgánica a agotarse, inútilmente, en la tarea ingente de la propia rehabilitación en el plano carnal, cuando el enfermo, sin actitud de renovación moral, sin humildad ni paciencia, sin espíritu de servicio ni dedicación al bien, no logra asimilar las corrientes benéficas del Amor Divino que circulan, incesantemente, en torno de todas las criaturas, por intermedio de agentes distintos e innumerables que a todos estimulan al máximo aprovechamiento de la existencia en la Tierra.

Cuando el enfermo, sin embargo, adopta un comportamiento favorable a él mismo, por la simpatía que infunde en su prójimo, las fuerzas físicas hallan un fuerte apoyo en las radiaciones de solidaridad y reconocimiento que absorbe de cuantos recogen su auxilio directo o indirecto, logrando circunscribir la disfunción a los neoplasmas benignos que aún responden a la influencia organizadora de los tejidos adyacentes.

Bajo este mismo principio de relatividad, funcionando inequívoco entre enfermedad y enfermo, tenemos también los casos de la tuberculosis y de la lepra, de la brucelosis y de la amebiasis, de la endocarditis bacteriana y de la cardiopatía chagásica, así como de muchas otras enfermedades, sin detenernos en la discriminación de todos los procesos morbosos, cuya relación nos llevaría a un largo estudio técnico.

Ello es así, generalmente, porque casi todos ellos surgen como fenómenos de orden secundario en las zonas de predisposición enfermiza que formamos en nuestro propio cuerpo, por el desequilibrio de nuestras fuerzas mentales generadoras de rupturas o solución de continuidad en los puntos de interacción entre el cuerpo espiritual y el vehículo físico, a través de las cuales se filtra el asalto microbiano al que seamos más particularmente propensos por la naturaleza de nuestros débitos kármicos.

Consolidado el ataque por la brecha de nuestra vulnerabilidad, aparecen las molestias sintomáticas o asintomáticas, estabilizándose o irradiándose conforme a las disposiciones de la propia mente, que trabaja o no por rehacer la defensa orgánica en un supremo esfuerzo de re ajustamiento, lo cual, por automatismo, admite o rechaza, conforme a la situación en que se encuentra dentro del principio de causa y efecto, a la intromisión de tal o cual factor patogénico destinado a expurgar de ella, en forma de sufrimiento, los residuos del mal correspondientes al sufrimiento por ella implantado en la vida o en el cuerpo de sus semejantes.

Será provechoso no olvidar, sin embargo, que el bien constante genera el bien constante y que, conservándonos infatigablemente en la acción en el bien, todo el mal acumulado por nosotros se atenúa, gradualmente, desapareciendo por el impacto de las vibraciones de auxilio nacidas, solidariamente en nuestro favor, en todos aquellos a los cuales dirijamos nuestro mensaje de entendimiento y amor puro, sin necesidad expresa de recurrir al concurso de la enfermedad para eliminar las insinuaciones de las tinieblas que, eventualmente, traten de inmiscuirse en nuestro ámbito mental.

Amparo a los demás crea amparo a nosotros mismos, motivo por el cual los principios de Jesús, extirpando de nosotros la animalidad y el orgullo, la vanidad y la codicia, la crueldad y la avaricia, a la vez que exhortándonos a la simplicidad y la humildad, a la fraternidad sin límites y al perdón incondicional establecen, cuando son observados, la inmunología perfecta en nuestra vida interior, fortalecíéndonos el poder de la mente en la autodefensa contra todos los elementos destructores y degradantes que nos cercan y articulándonos las posibilidades imprescindibles para realizar nuestra evolución hacía Dios.

Pedro Leopoldo, 29-06-1958.


Extracto de Evolución en dos mundos a través de Chico Xavier
Obra mediúmnica dictada por el Espíritu ANDRÉ LUIZ

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1 Comentario de lectores

20/05/2020

Agradecido de Corazón, por tan valiosa Enseñanza sobre cómo Inter Actúan los Planos Fisicos y Espirituales...

Pedro ASTUDILLO desde Chile