Los sexos; la gestación y el aborto.

Chico Xavier


* DIFERENCIACIÓN DE LOS SEXOS

– ¿Cómo se inició la diferenciación de los sexos?

– Los principios espirituales, en los orígenes de la organización planetaria traían, en la constitución que les era propia, la condición que podemos denominar tenor de fuerza, expresando cualidades predominantes activas y pasivas y entendiéndose que la evolución es siempre sustentada por las Inteligencias Superiores, en acción siempre ascendente, desde las primeras horas de la reproducción sexuada comenzó, bajo la dirección de ellas, la formación de los órganos masculinos y femeninos que culminaron, morfológicamente, en los órganos genésicos del hombre y de la mujer de la actualidad.

No podemos olvidar, sin embargo, que el trabajo evolutivo en el perfeccionamiento fisiológico de las criaturas terrestres aún no fue terminado, pues él prosigue, como es natural, en el espacio y en el tiempo.

En cuanto a la pérdida de las características sexuales, estamos informados de que ocurrirá, espontáneamente, cuando las almas humanas hubieren asimilado todas las experiencias necesarias a su propia sublimación y en dirección, después de milenios de purificación, hacia el estado angélico, en que el individuo ostente todas las cualidades nobles inherentes a la masculinidad y a la feminidad, reflejando en sí los grados avanzados de la perfección, la gloria divina del Creador.

Es fundamental resaltar, no obstante, que no podemos todavía, en nuestra situación evolutiva, formular ningún pensamiento claro y certero acerca de la naturaleza y de los atributos de los Ángeles, como tampoco opinar en cuanto al medio de relaciones que cultivan entre sí.

Pedro Leopoldo, 01-06-1958.


* GESTACIÓN FRUSTRADA

– ¿Cómo podemos entender los casos de gestación frustrada cuando no hay Espíritu reencarnante para delinear las formas del feto?

– En todos los casos en que hay formación fetal, sin que haya la presencia de una Entidad reencarnante, el fenómeno obedece a los moldes mentales maternos.

Entre los hechos de esa especie existen, por ejemplo, aquellos en los cuales la mujer, sometida a la prueba de reajuste del centro genésico, nutre habitualmente el vivo deseo de ser madre, impregnando las células reproductivas con un elevado porcentaje de atracción magnética, por medio de la cual consigue formar, con el auxilio de la célula espermática, un embrión frustrado que se desarrolla, aunque inútilmente, en la medida de la intensidad del pensamiento maternal, que opera, a través de impactos sucesivos, condicionando a las células del aparato reproductor, que le responden a sus llamados conforme a los principios de automatismo y reflexión.

En sentido contrario están, por ejemplo, los casos en que la mujer, por rechazo deliberado a la gravidez que ya la afecta, expulsa a la Entidad reencarnante en las primeras semanas de la gestación, desarticulando los procesos celulares de la constitución fetal y adquiriendo, por semejante actitud, una dolorosa deuda ante el Destino.

Uberaba, 04-06-1958.


* ABORTO CRIMINAL

– Reconociéndose que los crímenes del aborto provocados criminalmente surgen, en abrumadora mayoría, en las clases más responsables de la comunidad terrestre, ¿cómo saber las consecuencias expiatorias que corresponden a tal actitud, si pasan casi totalmente desapercibidas para la justicia humana?

– Tenemos en el plano terrestre cada pueblo con su código penal apropiado a la evolución en que se encuentra; pero, considerando al Universo en su totalidad, en su condición de Reino Divino, vamos a encontrar el Bien del Creador hacia todas las criaturas como Ley básica, cuyas transgresiones deliberadas son corregidas por el propio infractor, con el objetivo natural de lograrse, en cada sector de trabajo del campo cósmico, el máximo equilibrio mediante el respeto máximo a los derechos ajenos y con la mínima cuota de pena.

Entendiendo, sin embargo, que la Justicia Perfecta se fundamenta, indefectiblemente, sobre el perfecto Amor en el aliento de Dios, “en que nos movemos y existimos”, toda reparación ante la Ley básica a que nos referimos se cumple en términos de vida eterna y no solo en los límites de la vida fragmentaria que conocemos en la encarnación humana, por cuanto una vida puede estar llena de aciertos y desaciertos, méritos y deméritos, y la Misericordia del Señor preceptúa, no que el infractor sea flagelado con una amplitud indiscriminada de dolor expiatorio –lo que sería una voluptuosidad por castigar de los tribunales del destino, invariablemente regidos por la Equidad Soberana–, sino que el mal sea suprimido en sus víctimas con la posible reducción del sufrimiento.

De esa manera, según el principio universal del Derecho Cósmico, expresándose claramente en la enseñanza de Jesús que establece conferir “a cada uno según sus obras”, archivamos en nosotros las causas del mal que conservamos, para extirparlas a costa de nuestro propio esfuerzo y en compañía de aquellos que hayan tenido relación con la culpa, pues con ellos, y ante la Justicia Eterna, somos deudores y asociados.

Frente a tales fundamentos, cierta etapa terrestre, entremezclada de débitos y créditos, puede terminar con apariencias de regularidad irreprochable para el alma que desencarna con el aprecio de quienes han compartido su experiencia; siguiéndole otra en que esa misma criatura asuma la tarea del rescate propio, soportando sobre sus hombros las culpas de las deudas contraídas ante Dios y ante sí misma, a efecto de rehabilitarse ante la Armonía Divina y caminando, de tal manera, transitoriamente, junto a Espíritus que viven etapas regeneradoras de la misma especie.

Y es de esa forma que la mujer y el hombre, cómplices de los hechos delictivos del aborto, pero principalmente la mujer, cuyo grado de responsabilidad en las faltas de esa naturaleza es mayor ante la vida que ella prometió honrar con nobleza mediante la maternidad sublime, desequilibran las energías psicosomáticas, con una más profunda desarmonización del centro genésico, implantando en los tejidos de la propia alma la semilla de los males que han de fructificar, más tarde, en un plazo de tiempo y producción justo.

Eso ocurre no sólo porque el remordimiento se les fija entrañablemente en el Ser, similarmente a una víbora magnética, sino también porque asimilan, inevitablemente, las vibraciones de angustia y desesperación y, a veces, la rebeldía y la venganza de los Espíritus que la Ley les reservara como hijos de su propia sangre y como obra de restauración del destino.

En el hombre, el resultado de esas acciones se muestra, casi siempre, en la existencia inmediata a aquella en la cual se comprometió con tal delito, bajo la manifestación de afecciones testiculares, disendocrinias diversas y disturbios mentales, con evidente obsesión por parte de fuerzas invisibles emanadas de las Entidades retardatarias que aún no están en condiciones de perdonarles su deserción.

En las mujeres, las derivaciones surgen extremadamente más graves. El aborto provocado, sin necesidad terapéutica, se manifiesta matemáticamente seguido por choques traumáticos en el cuerpo espiritual, tantas veces como se haya repetido el delito de lesa-maternidad, sumergiendo a las mujeres que lo perpetran en angustias indefinibles, además de la muerte, dado que, por más grandes que sean las atenciones y los testimonios de afecto de los Espíritus amigos y benefactores que les recuerdan sus cualidades elogiables, se sienten disminuidas moralmente en sí mismas por su centro genésico desordenado y estéril, de la manera como alguien indebidamente admitido en un festín brillante porta una llaga que lo denuncia permanentemente.

A veces surgen en la vida física, exteriorizándose gradualmente en la estructura celular de que se revisten, la disfunción que podemos denominar como siendo la miopragia del centro genésico atónico, padeciendo, después de reconducidas al curso de maternidad terrestre, las toxemias de la gestación.

Dilapidado el equilibrio del centro referido, las células ciliadas, mucíparas e intercalares no disponen de la fuerza precisa en la mucosa tubaria para la conducción del óvulo en la trayectoria endossalpingeana, ni para alimentarlo en el impulso de la migración por deficiencia hormonal del ovario, determinando no sólo los fenómenos de la preñez ectópica o localización heterotópica del huevo, sino también ciertos síndromes hemorrágicos de suma importancia producidos por la anidación del huevo fuera del endometrio ortotópico, aunque ya esté acomodado en la cavidad uterina, ocasionando habitualmente los embarazos de la placentación baja o la placenta previa hemorragipara que constituyen, en el parto, un verdadero suplicio para las mujeres portadoras del órgano germinal desequilibrado.

Encuadradas en la arritmia del centro genésico, otras alteraciones orgánicas aparecen flagelando a la vida femenina, tales como el desprendimiento de la placenta eutópica por hiperactividad histolítica de la vilosidad corial; la hipocinesia uterina, favoreciendo la germicultura del estreptococo o del gonococo, después de las crisis endométricas puerperales; la salpingitis tuberculosa; la degeneración cística del corio; la salpingooforite, en que el edema y el exsudado fibrinoso provocan la adherencia de las pregas de la mucosa tubaria, preparando el campo propicio a las grandes inflamaciones anexiales, en que el ovario y la trompa experimentan la formación de tumores purulentos que los identifican en el mismo proceso de desagregación; los síndromes circulatorios de la gravidez aparentemente normal, cuando la mujer, en el pretérito, vició también el centro cardíaco como consecuencia del aborto calculado seguido de disritmia de las fuerzas psicosomáticas que regulan el eje eléctrico del corazón, resintiéndose, como resultado, en la nueva encarnación y en pleno proceso de la gravidez, de la miopraxia del aparato cardiovascular, con aumento de la carga plasmática en la corriente sanguínea por deficiencia en el presupuesto hormonal, resultando de ello los graves problemas de la cardiopatía consecuente.

Tenemos aún a considerar que la mujer, sintonizada con los deberes de la maternidad en la primera o, a veces, hasta en la segunda gestación, cuando cae en el aborto criminal, en la generación de los hijos posteriores inocula automáticamente en el centro genésico y en el centro esplénico del cuerpo espiritual las causas sutiles del desequilibrio recóndito, lo cual se ha de evidenciar en la existencia próxima por la vasta acumulación del antígeno que le producirá las divergencias sanguíneas con que asfixia, gradualmente, a través de la hemólisis, al vástago de amor que alberga cariñosamente en su propio seno, a partir de la segunda o tercera gestación, dado que las enfermedades del cuerpo humano, como reflejos de las depresiones profundas del alma, ocurren dentro de justos períodos.

Además de los síntomas que abordamos en sintética digresión sobre la etiopatogenia de las molestias del órgano genital de la mujer, hallaremos un largo capítulo a tratar sobre el campo nervioso, encarando la fase de la hiperexcitación del centro cerebral, con inquietantes modificaciones de la personalidad rayando, muchas veces, en el martirologio de la obsesión, debiendo incluso resaltarse el carácter doloroso de los efectos espirituales del aborto criminal a los ginecólogos y obstetras delincuentes.

– Para mejorar su propia situación, ¿qué debe hacer la mujer que se reconoce, en la actualidad, con deudas por el aborto provocado, anticipándose, desde ahora, en el trabajo de su propia mejoría moral, antes que la próxima existencia le imponga las aflicciones regenerativas?

– No desconocemos que es posible renovar nuestro destino todos los días.

Quien ayer abandonó a sus propios hijos puede hoy entregarse a los hijos ajenos, necesitados de cariño y abnegación.

El propio Evangelio del Señor, en la palabra del Apóstol Pedro 14, nos advierte en cuanto a la necesidad de cultivar ardientemente la caridad unos para con los otros, porque la caridad cubre multitud de nuestros males.


Pedro Leopoldo, 08-06-1958.


* DETERMINACIÓN DEL SEXO

– ¿Cómo debemos encarar la posibilidad de la ciencia humana influya en la determinación del sexo en el inicio de la gestación?

– Comprendiéndose que en los vertebrados el diseño gonadial se reviste de potencialidades bisexuales en el comienzo de la formación, es claramente posible la intervención de la ciencia terrestre en la determinación del sexo, en la primera fase de la vida embrionaria; sin embargo, importa considerar que semejante ingerencia en la esfera de los destinos humanos traería consecuencias imprevisibles a la organización moral entre las criaturas, pues esa actuación indebida se realizaría apenas en el campo morfológico, imponiendo cambios tal vez innecesarios e imprimiendo graves complicaciones al fuero íntimo de cuantos fuesen sometidos a tales procesos de experimentación, positivamente contrarios a la inteligencia de la vida que refleja la Sabiduría de Dios.

Pedro Leopoldo, 15-06-1958.


Extracto de Evolución en dos mundos a través de Chico Xavier
Obra mediúmnica dictada por el Espíritu ANDRÉ LUIZ

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