El plan de tu alma.

María


Queridos amigos y hermosos hermanos y hermanas:

Los saludo a todos. Soy María y represento el aspecto femenino de la energía Crística. He experimentado la luz de esa energía, pero también el lado oscuro de ser humano en la Tierra.

Vengo aquí con el mayor respeto posible hacia todos ustedes, porque el paso que han dado para venir de un ambiente celestial de amor y bondad a esta esfera terrenal donde hay mucho miedo y negatividad, es de suma valentía. Quiero que puedan ver y experimentar su propia valentía, que la vean a través de mis ojos. Veo su luz, la luz de sus almas. Ahora me conecto con sus corazones, con quienes ustedes son de verdad. Siéntanme, somos iguales.

Recuerden la simplicidad, la comodidad y la alegría de vivir de aquello que les da placer.

Cuando estaban de este lado, desde donde yo les hablo ahora, se sentían más livianos y más libres. No estaban atados a un cuerpo humano, a las restricciones que les impone ni a los sentimientos y pensamientos colectivos que viven en la sociedad humana. Se podría decir que eran más ustedes mismos. Sientan cómo se siente eso.

Imaginen que se encuentran en un hermoso jardín lleno de distintas plantas y flores. Véanlas como un símbolo del ambiente celestial del que vienen. Sientan la vibración de la vida en ese lugar: la apertura, la sutileza, el respeto mutuo por la vida. Sientan la armonía en este gran jardín y cuán conectados están a él. Permanezcan ahí y reconozcan este jardín y no solo las plantas y los animales que ven a su alrededor, sino también los sentimientos, el ambiente. Permanezcan ahí por un instante y perciban cómo se siente su cuerpo. Tienen un cuerpo, pero puede que se vea diferente. Sientan lo liviano que es, con la facilidad que se mueve y con la facilidad que se conecta con la vida a su alrededor. Sienten la consciencia de las flores, de los árboles y del cielo. Sientan la paz de este lugar y permitan que esa paz los penetre. Permanezcan totalmente presentes en este jardín.

Sus pies están en contacto con el suelo y ese contacto hace encallar la energía de la liviandad y la paz al aquí y al ahora. Sujétense a ese vínculo que los conecta con este otro mundo cuando ahora regresamos a la realidad de la tierra.

En la profundidad de sus almas son un puente. Están aquí en la Tierra para representar el poder, la calidez, la paz y el amor de ese jardín celestial. Son ángeles de luz en esta Tierra. Son palabras de gran significado, pero lo digo de verdad (si tan solo ustedes lo creyeran). A menudo están desesperanzados; dudan de su poder y de la luz que vive en su interior. El poder de sus almas es inmenso, pero tienden a enfocarse en lo que sale mal, en lo que no da el resultado esperado. Se ponen un estándar demasiado alto lo cual los hace sentirse innecesariamente pequeños. Engrandézcanse; recuerden su vasta y radiante esencia.

Cuando van a la Tierra y reencarnan, descienden (por decirlo de alguna manera) bajando por una escalera y, a medida que van descendiendo, se van olvidando poco a poco de quiénes son en realidad. Cuando inician ese descenso, están rodeados de la luz y la paz del Cielo y de los amorosos guías que los acompañan. Siéntanlo.

Pero no comienzan su nueva vida en la Tierra de manera inmediata; hay un período anterior. En primer lugar, dejan que se vaya la vida antigua que acaban de vivir y vuelven al Hogar donde encuentran un entorno y un ambiente que se adapta a ustedes. Ahí, de a poco, sueltan la vida que vivieron en la Tierra y las emociones que experimentaron en esa vida. Ese es un período de descanso y de regreso al Hogar.

Cuando tuvieron experiencias densas y muy difíciles en vidas pasadas, necesitan un poco de tiempo para recuperarse y recordar quiénes son. Literalmente, sienten la necesidad de un tiempo de recuperación y hay ayuda disponible al otro lado para lograrlo. Cuando de a poco vuelven a ser ustedes mismos y han sanado las heridas más profundas, pueden mirar atrás a su vida terrenal y verla desde una perspectiva más amplia.

El mayor alivio que experimentan del otro lado, el lado desde el que les hablo, es la profunda gentileza que los rodea y que los incentiva a mirarse a sí mismos, como un padre mira a su hijo.

Y entonces valoran con comprensión y calidez aquello que han considerado un error durante todas sus vidas. Sienten un profundo dolor, sienten sus miedos, sus sufrimientos y se envuelven en sus alas angelicales. Esa gentileza les ayuda a que liberen y sanen los traumas más profundos. Sin embargo, ahí no termina la historia porque, con el tiempo, sienten (aunque puede tomar décadas o incluso siglos) que quieren regresar. La Tierra los llama.

Sienten un deseo interior de intentar la reencarnación de nuevo, en esas mismas circunstancias y con las limitaciones inherentes, pero también con posibilidades. Hay cuestiones que no pueden vivenciar ni transformar en el más allá. Es solo posible en la Tierra, donde tienen un cuerpo, donde son seres humanos y tienen emociones. Son justamente esas circunstancias y desafíos que conocen por haber estado ahí los que harán posible un crecimiento intenso en su nivel de consciencia.

Ojalá pudieran ver lo lejos que han llegado. Todos los que se encuentran aquí hoy comenzaron esta vida con una mochila llena de antigua sabiduría y experiencias del pasado. Se encuentran aquí para sanar viejas heridas, pero también para traer la luz del Cielo y esparcirla entre la gente, como una semilla, para que aumente la vibración de la atmósfera de la Tierra y se vuelva más dulce y pacífica, tal como es en el jardín celestial. Así que tienen una doble misión que cumplir aquí. Y uso la palabra “misión” de manera liviana y no como un “deber” sagrado o como una obligación o una responsabilidad, sino como un deseo en sus almas, un amor en sus corazones que les pide regresar a a Tierra, porque aman la Tierra.

Ven la belleza de la Tierra reflejada en los jardines del Cielo. La naturaleza de la Tierra los conmueve porque ustedes son parte de la Tierra. Quieren ayudarla y asistirla, y a su vez quieren curarse y experimentar en carne propia lo que es estar en la Tierra como seres humanos completos. Al hacerlo sus almas sienten gran satisfacción. Ser hombre o mujer aquí en la Tierra, crecer como niño o niña, hacer amistades y a veces tener conflictos con la gente, que sus almas los empapen como seres humanos completos para que puedan canalizar sus almas a la Tierra en plenitud: ese es su mayor propósito. Que no se puede lograr desde el otro lado; aquí es donde encuentran su objetivo y les pido que lo tengan en mente.

Mírense, de manera simbólica, sobre una escalera de mano o una escalera de pisos antes de la verdadera reencarnación. Sientan las energías de la atmósfera celestial, su propia sabiduría, además del apoyo y la motivación de los guías amorosos a su alrededor. Ellos los observan; respetan y veneran su elección y también les dan ánimo.

Continúen, pongan un pie en la escalera, su descenso está a punto de empezar. Dan un paso y luego otro, y sienten que tienen que soltarse de las manos de sus guías porque ya no pueden estirarse más para seguir tomándolos de las manos. Mientras tanto, sientan cómo la luz de sus almas arde en sus corazones. Imaginen una antorcha o una vela y concéntrense en esa luz y en los recuerdos felices y el ambiente armónico y pacífico de su Hogar y sigan descendiendo. Si se sienten oprimidos por la pesadez del ambiente terrenal que se dirige hacia ustedes, o si sienten dudas o ansiedad, concéntrense nuevamente en la antorcha. Manténganla en lo alto. Con la mano derecha, tomen esa antorcha simbólica desde sus corazones e iluminen el camino a la Tierra.

Lo que les pido que hagan aquí no es sólo que recuerden cómo era descender al reino terrenal, sino también, desde este momento presente en el que estamos pacíficamente reunidos, que regresen e iluminen las instancias en las que les fue difícil al reencarnarse, donde tenían dudas sobre su habilidad de estar verdaderamente presentes aquí en la Tierra con la totalidad de su luz y su consciencia.

Dense confianza a ustedes mismos, rodéense de gentileza y siéntanse bienvenidos a la Tierra.

Quizás puedan ver cómo su consciencia se desliza lentamente dentro de ese pequeño cuerpo que todavía está en reposo en el vientre de su madre. Rodeen a ese embrión con una tenue luz de colores que es lo que necesita. Pueden imaginar que le cantan a ese niño y, como son ángeles de la luz, encontrarán las palabras y los sonidos para calmarlo. Así es como crean un canal del Cielo a la Tierra para ustedes mismos.

Sientan la vulnerabilidad del niño que eran, su cuerpo aún tan frágil y delicado. Y sin embargo, ese niño ya tiene mucha valentía y fortaleza. Alaben a ese niño, alábenlo, y también el poder, la confianza y la luz que habita en ese bebé. Imaginen que como Ángeles de luz acompañan a este niño y lo guían en su viaje a la Tierra. Ahora son su yo superior y la tarea más importante que tienen es amar y tranquilizar al bebé, decirle que todo lo que hace es hermoso y valiente y que su Hogar está en la atmósfera celestial de la belleza y la dulzura infinitas. Permanezcan al lado de este niño y véanlo crecer.

Mírense a ustedes mismos con los ojos de su yo superior. Observen lo difícil que, en ocasiones, fue para el niño estar en la Tierra, el no entender lo que experimentaba, y no por nada en particular, sino por todo en general. La densidad y la naturaleza implacable de las energías en la Tierra son un golpe al alma. La hipersensibilidad, que prácticamente cada uno de ustedes ha desarrollado en el transcurso de sus vidas y de los muchos viajes que sus almas han hecho por todo el universo, provoca que el niño vea y perciba mucho con lo que en un principio no se podía relacionar. Tengan compasión por el niño que ha experimentado todo esto sin ser capaz de entenderlo todavía.

Valoren lo infinitamente poderoso que debe haber sido para ustedes aventurarse a ese salto al vacío, y el hecho de que estén aquí por el deseo de conectarse ahora con quienes son realmente, con sus almas, con su yo superior y vivir esa conexión a su vez en un cuerpo humano.

No se han olvidado de su propósito, el recuerdo habita dormido en lo profundo de ustedes aunque les hayan enseñado a empequeñecerse, a dudar de ustedes mismos, a poner atención especialmente a las cosas que no salen como se esperaba. Pero yo les digo, cambien de perspectiva y véanse desde la grandeza que son. Engrandézcanse y ocupen mucho espacio, extiendan sus alas y contémplense con apreciación.

Cuando una nueva vida comienza en la Tierra, cuando nace una nueva personalidad, el alma mira ese evento como si naciera un niño. Así que, aun siendo adultos, todavía son niños a los ojos de sus almas; un niño que va con valentía por un camino lleno de aventuras. Como alma, aman a este niño, quieren apoyarlo, y como alma, ven más allá del niño y más allá de la nube oscura que envuelve al niño.

Los invito a conectarse con la perspectiva de sus almas. Observen cómo sus almas están tratando de ayudarlos al hacer brillar luz sobre esa nube oscura en sus vidas. Piensen en algo que les hace sentir fuertes emociones, un problema recurrente, o quizás algo nuevo con lo que están luchando. No les pido tanto que busquen una respuesta o una solución, si no que sientan la energía que se envían a ustedes mismos desde el alma. Sean el alma, sean el Ángel de luz que eran. Permitan que su luz brille en esa nube oscura y observen a qué sentimiento apela. ¿Cómo se siente el alma para ese ser humano allá abajo que no puede ver más allá de esa nube? ¿Cómo se siente esa alma para ustedes? Permitan que ese sentimiento los penetre.

Su alma quiere que sepan que los aprecia, que está profundamente conectada a ustedes y que, sin importar lo que hagan, está a su lado y los abraza y los ama. Eso es lo que su alma les quiere transmitir, ante todo. Cuando se abren a esa perspectiva, comienzan a experimentarse así mismos de otra manera. No están haciendo nada malo ni se están equivocando, solamente están intentando vivir sus vidas y el alma les brinda esa libertad.

No es cuestión de que el alma les responda a preguntas como: “¿Debería hacer esto o esto otro, debería elegir A o B, lo hice bien o lo estoy haciendo mal?” Eso no es lo que el alma quiere decirles. El alma quiere que estén muy conscientes de la verdadera belleza que poseen y del poder y la sabiduría en sus vidas. Quiere darles una gran sensación de alivio y alegría. Es bueno ser quienes son; son grandiosos, están creciendo y aprendiendo, y hay valentía al hacerlo.

Han entrado en la danza de la vida en la Tierra. Es algo que evoca nuestro mayor respeto y veneración. Nos arrodillamos ante ustedes (así es) y solamente queremos que les digan “amén” a sus propias grandezas y entonces las respuestas llegarán.

Pero primero deben sentir esa grandeza, la fortaleza y sabiduría en su interior, y no necesitan hacer nada más, porque ya están “ahí”. La solidez que experimentan al hacerlo lleva a que reciban mejores respuestas sobre lo que quieren en sus vidas, o lo que les falta, y desde su grandeza, encontrarán las respuestas. No tienen que buscar fuera de ustedes, ni buscar un yo superior que existe lejos en el Cielo, ni guías que también están en algún lugar “allá lejos”. Todo está aquí; ustedes están aquí con toda la sabiduría y fortaleza.

Además, sus guías y sus almas están aquí, cerca. No los vamos a abandonar, pero es su camino en la Tierra y ustedes tienen que dar el primer paso. No lo podemos hacer por ustedes. Es la manera de recordar al yo: darse cuenta de quiénes son en un ambiente que no refleja su yo tan evidentemente como en esos jardines hermosos y abundantes, que sí reflejaban su belleza y la fuerza de sus almas. Aquí, deben experimentar el jardín dentro de ustedes.

Solo hay alegría en la Creación y cuando usan la llave y abren la puerta y se dicen “sí” a sí mismos, la vida en la Tierra se vuelve abundante de posibilidades y oportunidades. Esa es su meta, es el plan de su alma: ser su alma aquí, recordarla y vivirla. Pueden comenzar tratando de encontrar la emoción más difícil y tratarla como un niño valiente que necesita que lo apoyen y lo animen. Y luego sean conscientes de sus alas y acojan a ese niño, y llévenlo al Hogar donde hay un ambiente Celestial y donde todo está bien y en armonía.

Por último, les pido a todos que revivan esa imagen del jardín una vez más, aquí en este lugar en la Tierra. Traigan el sentir del Cielo a la Tierra y sientan la alegría y la comodidad de estar ahí.

Sus mentes y sus cuerpos se sienten más livianos y más libres; no se preocupan por nada. Convocamos todos juntos ese ambiente aquí y traemos la luz a la Tierra e iluminamos el reino de la Tierra con esta luz. Les agradezco a todos por ser un canal de comunicación y por la luz que traen. Tengo un gran respeto por quienes son. Gracias.


Pamela Kribbe canaliza a María
Traducción al español de Sofía Sujeros
https://jeshua.net

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