El ángel y el artista.

V.B. Anglada


La consideración de las ideas expuestas en el capítulo anterior acerca del proceso de realización de los Arquetipos correspondientes a cada una de las ideas que surgen de la Mente de Dios y se agrupan o estructuran de acuerdo con definidas características, deberá abrirnos las puertas de un nuevo sentido de orientación hacia los niveles ocultos en donde se fraguan las situaciones planetarias y se realiza el proceso místico de la evolución. De la misma manera que se le reconocía al hombre un sentido innato de belleza, cualquiera que fuese su condición social y sus definidas características individuales de Rayo y de signo astrológico, hay que considerar en todos los seres vivientes de la Naturaleza de no importa qué Reino o especie, un definido sentido de orientación hacia la Belleza oculta de todo lo creado, es decir, hacia la realización de un Arquetipo que, al parecer, es su Meta de perfección inmediata dentro del extenso Plan evolutivo.

Hay, pues, desde este ángulo de vista un Artista potencial en cada alma espiritual de la Naturaleza, desde la pequeña alma que informa a la flor de delicado perfume hasta el resplandeciente Ángel que cuida de la preservación de las prístinas formas que desde los niveles más ocultos intentan sustanciarse o materializarse. La Belleza, el sentido innato de acercamiento a los ocultos Arquetipos que tratan constantemente de manifestarse, es la Nota peculiar y característica de la Naturaleza, siendo el Hombre, el ser dotado de razón y de sensibilidad y por tanto con más capacidades de cumplimiento, el único ser dentro de esta magnificente Naturaleza que altera el sentido innato de Belleza y llena de horrorosa fealdad el extenso campo de sus realizaciones individuales y comunales.

Su obra es así deseada, pero al propio tiempo temida, por los Ángeles familiares que cuidan de la evolución de los ambientes sociales de la Humanidad y tienen como especial misión introducir los delicados Arquetipos logoicos en la mente y corazón de los seres humanos. Puede decirse que grandes corrientes de Vida angélica con destino a la Humanidad quedan detenidas en su camino, en expectante espera y suspensión, debido a los perniciosos hábitos contraídos por los hombres desde muy remotas edades y que muy peligrosamente han degenerado en el desmedido afán de comodidades, en el Maya de los sentidos y en los mil espejismos de la naturaleza astral.

Puede asegurarse, también, que ciertos definidos Arquetipos espirituales que desde hace mucho tiempo deberían haber sido sustanciados por los Ángeles familiares, se hallan virtualmente paralizados o detenidos en su descendente fluir constituyendo vórtices de energía muy activos en el mundo oculto, pero que no pueden introducirse en la vida de la humanidad por el espeso velo creado por las contradicciones existentes. La técnica humana que en muchos aspectos ha logrado vencer la inercia de la gravedad terrestre y ha enviado naves espaciales en dirección a otros mundos, ha descuidado lamentablemente el cuidado de su innato sentido de Belleza y de síntesis, que sin apercibirse de ello ha dejado que la gravedad terrestre se posesionase de su elevada esencia espiritual y la mantuviese atada, comprimida o sustanciada al igual que las cosas materiales, sin posibilidad aparente de redención o acercamiento a los grandes Arquetipos que el Señor ha programado como Metas esenciales de la vida del hombre aquí en la Tierra.

Hay una espesa nube etérica y astral, situada entre la visión humana de redención y aquellos redentores Arquetipos del nuevo orden social, que impide coordinar las actitudes humanas con el Plan divino, una ruptura de comunicación entre el hombre y la Divinidad a causa del desvío humano en lo que respecta a los grandes Planes de organización social que lleva adelante La Jerarquía planetaria.

Se han perdido de vista algunos de los grandes aspectos de la Verdad regentes para este mundo de contradicción y de incesantes conflictos que deberían haber producido ya un orden social nuevo, de acuerdo con aquellos magníficos Arquetipos de realización. No puede navegarse, por decirlo de alguna manera, por este espacio tan alterado por las poderosas concentraciones de energía negativa flotando en la atmósfera planetaria y llenando de sombras aquellas ricas zonas del éter que deberían expresar la luz de Dios en su más acrisolado sentido de orden, plenitud y síntesis.

Podríamos decir que la CONTAMINACIÓN ambiental, mental, astral y física ha sido elevada hasta tal grado que ha llegado a afectar incluso los éteres sutiles del planeta en donde los Ángeles, estas energías individualizadas de la Naturaleza, realizan infatigablemente su misión de ajustar el plan arquetípico de la Divinidad a la vida y necesidades de los seres humanos, hasta el punto de que muchos de Ellos han decidido en forma temporaria, pero acuciados por su tremenda necesidad de inmortal pureza, retirarse a unos niveles superiores de organización espiritual a la paciente espera de que suene nuevamente para Ellos la "Hora de la Oportunidad", o clamor invocativo de los hijos de los hombres, para reemprender la obra iniciada y llevar a feliz cumplimiento la Ley de los Arquetipos vigente para esta Era planetaria de grandes promesas universales.

Cuanto acabamos de decir tiene que ver con la visión de los Ángeles Guardianes o Familiares de la humanidad, en sus distintos niveles, que llevan en Sus manos el poder de canalizar las potentes energías que proceden de los grandes arquetipos de Belleza que han de ser sustanciados. Los Ángeles están siempre activos en la maravillosa peculiaridad de su mundo y no pueden en manera alguna plegarse al condicionamiento humano, habiendo cifrado desde hace muchos siglos sus cuidados y sentida devoción hacia aquellos hijos de los hombres capaces de comprenderles, juiciosamente interpretarles y seguir conscientemente sus íntimas y espirituales sugerencias, en orden a la propia evolución individual y al progresivo desarrollo del sentido innato de aproximación al sentido oculto de la Belleza. Esta Belleza es una expresión sensible de la Voluntad de Dios que exige ser revelada en todos y cada uno de los seres creados.

En el capítulo anterior nos referíamos a la Belleza y a la Armonía como una expresión de las facultades máximas a las que podían acceder los seres humanos de acuerdo con la evolución de los grandes Arquetipos que constituyen las Metas de la evolución humana. Existe un centro de irradiación o de expansión de tales Arquetipos en todos los Planos de la Naturaleza y en cada uno de los niveles psicológicos de la humanidad.

Sólo es preciso darse cuenta de ello y tratar de comprender lo más ampliamente posible que, al referirnos al Cuarto Rayo como promotor directo de las corrientes de Armonía y de Belleza que inciden en la vida de la Humanidad y en el corazón de todos los seres humanos, lo hacíamos en un sentido muy particular y teniendo en cuenta que el Artista, como una peculiar ejemplarización de cómo han de ser realizados aquellos Arquetipos de Belleza y Armonía, no se halla circunscrito únicamente al terreno específico del Arte, sino que el hombre creador de los cánones sociales de armonía, belleza y cumplimiento puede ser localizado en todos los niveles expresivos de la vida humana, en cada signo astrológico y en cada uno de los Siete Rayos.

Se trata en realidad de un sentimiento innato de Síntesis en el corazón humano y en su largo peregrinaje a la búsqueda de sus inmortales Fuentes de procedencia espiritual ha pasado muchas veces por las corrientes de energía que cualifican la actividad de los Siete Rayos y de los Doce Signos del Zodíaco. Lo importante para el hombre es ser genuinamente creador dentro de un sentido natural de belleza y armonía en cada una de las fases obligadas de su vida social. El orden natural de los acontecimientos se ajustará quizás un día a la ley de los grandes Arquetipos espirituales "en cálida suspensión" -según se dice en lenguaje esotérico- en regiones etéricas de alta y refinada sutilidad vibratoria.

La atención que dedican los Ángeles familiares a determinados hijos de los hombres dotados de sensibilidad frente al mundo oculto y amantes decididos de la Belleza, introduce lenta aunque implacablemente en el orden social de la humanidad las prometedoras y fecundas semillas de la Belleza planetaria que Dios ha imaginado para el hombre y que constituye la base solemne de la posible y deseada redención de éste como un verdadero creador y un perfecto Artista.

Mucho de cuanto venimos diciendo es conocido por los aspirantes espirituales del mundo que pretenden realizar la vida de Dios, como energía espiritual o de síntesis, en el seno de la humanidad. Pero, quizás no todos ellos han logrado penetrar en el íntimo secreto de Belleza y Armonía que preside la creación divina, ni convertir la ciencia de la investigación oculta en un instrumento de expansión de aquella armonía y aquella belleza, tal como ocultamente y desde el principio mismo de sus investigaciones les están insinuando los Ángeles familiares que les asisten en sus esfuerzos, en sus ideales o en sus sueños. Creemos sinceramente que si a los investigadores espirituales no les acompaña ese íntimo sentido de la belleza oculta en todas las cosas, a la larga el impulso básico de sus investigaciones carecerá del suficiente aliciente creador para poder proseguir en sus intentos o de eludir el inevitable riesgo de alterar o de inutilizar los indomables esfuerzos que exige la búsqueda.

Busquemos al hombre ideal, de acuerdo con este claro sentido de valores angélicos, en el verdadero Artista, en el Artífice que debe objetivizar un Arquetipo en cualquier nivel dentro del orden social y en cualquier departamento de trabajo en la vida espiritual de La Jerarquía. Veámosle trabajar, idealizar, soñar y hasta sufrir intensamente, mientras trata de percibir en su mente y sentir en su corazón aquel cálido aliento angélico que le habla de mundos maravillosos de suprema e inenarrable Armonía.

...Sí, hay que considerar el valor del Artista, del creador en el nuevo orden social, a menudo criticado, escarnecido y vilipendiado cuando no ferozmente perseguido por los factores sociales gastados o corrompidos que presiden las grandes estructuras planetarias, para comprender el infinito amor que sienten los grandes Ángeles hacia estos hijos de los hombres y el por qué de sus inefables cuidados, devoción y complacencia para con ellos, ya que en ellos reconocen al Artista que puede secundar creativamente su misión realizadora de los eximios Arquetipos de Belleza y Armonía que tanto necesita acoger en su corazón la doliente humanidad de nuestros días.


Vicente Beltrán Anglada

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