De Lucifer y la oscuridad. I

Varios/Otros


Los Anunnaki
Los Grises
El Gobierno Secreto
La conspiración espacial
La manipulación genética

Hemos puesto deliberadamente al descubierto algunos de los elementos más oscuros de aquello que consideramos que es vuestra auténtica realidad, y lo hemos tratado abiertamente: primero, para proporcionaros información relevante, y segundo, para provocaros a que miréis aquello que despierta sentimientos de miedo en vosotros, pues, ¿de qué otra forma conquistaréis ese miedo si no estáis dispuestos a empezar por arrojarle luz?

Para hacer que todo aflore en la conciencia, tenéis que mirar y experimentar los elementos de la oscuridad y luego bañarlos de luz, pues el mirar es, en sí mismo, un acto de curación y liberación de las emociones; es haceros cargo, entender y aclarar lo confuso; es daros el poder como el «primer motor» de vuestra realidad individual.

Vosotros, los magos, creáis vuestro mundo conforme os desenvolvéis en él. Algunos os contentáis con sacar el conejo del sombrero; otros hacéis decididamente la Gran Obra, mediante la cual os eleváis hasta el oro de vuestro cuerpo de luz que ha despertado. Nos deleitamos al observar y experimentar los muchos núcleos de seres de luz enlazados alrededor del planeta en estos momentos, un cinturón centelleante de cuentas de oro y luces de diamante que rodea a la Diosa e irradia su luminiscencia por todos los cuerpos de la Deidad Solar y se proyecta al cosmos.

Sois cada vez más numerosos, y a medida que os multiplicáis y unís, la luz de Gaia brilla más esplendorosa por los cielos.

Lo que presenciamos es un espectáculo formidable.

Mientras más hacéis resplandecer la brillantez del conocimiento y el amor en la penumbra de vuestra conciencia dominada por el miedo, más libres sois de vuestro estado de condenación propia. Al hacerlo, disminuís los efectos de los programas de pensamiento negativo que han sido introducidos en la memoria subconsciente de vuestra mente impresionable, pues así es como el miedo se apodera de vosotros.

Y los programas de pensamiento negativo en verdad existen, pues habéis sido adoctrinados no sólo desde el nacimiento (en el sentido que le damos de vuestra aparición física en la vida actual), sino desde las raíces mismas de vuestra conciencia ancestral: vuestros comienzos como la raza de hombres y mujeres de la Tierra, los hijos e hijas de las estrellas.

Desde la primera intervención de los Anunnaki en el Gran Experimento (el despojo de vuestro ADN) hasta la profanación de vuestra Diosa, habéis experimentado el violento manejo de vuestro cuerpo físico, emocional y mental ejercido por fuentes que se proponían adueñarse de vosotros, como si la posesión de los seres de Gaia fuese parte del título de propiedad.

Habéis sido adoctrinados en el miedo, la obediencia y la separación para que pudieran controlaros y dominaros a fin de que sirvierais a los Anunnaki y a su linaje en su empresa de explotar los recursos de Gaia, construir máquinas y amplificar las vibraciones más bajas de vuestro cuerpo animal para enviarlas hacia sus campos de energía.

Esto lo hicieron para alimentar su poder, su codicia y su lujuria, pues esas energías de los chakras inferiores aún dominan vuestro planeta, y han sido su combustible desde la primera intervención de Anu entre vosotros.

¿Por qué os parece que la búsqueda del amor y la belleza interior se ha reprimido en vuestras sociedades?

Nos referimos al amor por uno mismo y al amor incondicional que emana desde vuestro centro del corazón, no al lazo sexual y emocional predominante en vuestras relaciones actuales, el cual crea mucha desarmonía en vuestras vidas a raíz de sus respuestas condicionadas.

El amor incondicional, donde todo es hermoso en el otro simplemente porque ese ser existe, es el corazón. Vosotros, quienes despertáis, estáis aprendiendo mucho acerca del significado de amar desde ese centro, pues ahora os estáis abriendo al Corazón del universo y os estáis moviendo hacia las vibraciones más altas. En cambio, la manifestación de lo que los no iluminados llaman «amor», que emana de la rueda chákrica del deseo y la sensualidad, refleja inevitablemente la inestabilidad del cuerpo emocional. Es la oscilación de los sentimientos de un extremo a otro, ya que dependen de las expresiones recíprocas del otro.

Dado que la mayoría de la población centra su expresión del amor en la emoción, vemos mucho sufrimiento y malos entendidos en la unión humana. Allí, donde se podría compartir la alegría de la aceptación y el respeto total entre vosotros, con mayor frecuencia se manifiesta la competencia, la posición, y el trueque de
emociones, sexualidad y poder.

Pensad ahora; pensad cuidadosamente... En cada época de vuestra historia en que han prevalecido el arte, la música y la poesía (los momentos de esperanza e inspiración, los aspectos más «elevados» de la humanidad), la fealdad se ha manifestado como una fuerza que irrumpe para suprimir la expresión de aquéllas y empujaros otra vez a la desesperación y la resignación.

¿A qué se debe eso?

Considerad la riqueza de sabiduría e iluminación que se perdió para siempre en el ateneo de Alejandría y otras magníficas bibliotecas de civilizaciones que conocéis y que aún no conocéis, pues destruir vuestras manifestaciones intelectuales y artísticas ayuda a azuzar a la bestia en vosotros. Edificáis, y luego derribáis vuestros monumentos; escribís, y luego quemáis vuestros ideales; amáis a vuestros vecinos, y luego matáis al enemigo.

Cuando sois amorosos y estáis pletóricos de celebración de la vida y su belleza, o sois inquisitivos y filosóficos con respecto a la condición humana, o no estáis cumpliendo con vuestro deber: servir al amo. No estáis de rodillas, obedeciendo. ¿No os parece por demás irónico que vuestras religiones exotéricas os hagan arrodillar ante los santuarios y altares? Hemos venido a retaros a que os preguntéis si tal vez no ha llegado la hora de que os pongáis de pie, que levantéis vuestros brazos hacia los cielos en celebración de la fuerza de Dios que podéis ver y sentir a vuestro alrededor, en vuestro interior y más allá: en los árboles y cabalgando en el viento, en el rostro de los demás, en los ojos de una cierva, en la risa de un niño, en el sol.

Os hacemos un llamamiento a que os levantéis de vuestras rodillas y os pongáis de pie, firmes frente a los vientos de cambio, pues vuestros miedos sólo se pueden conquistar cuando, como hombres y mujeres librepensadores, entendéis que sois el Poder, y la bendición y la luz. Vuestra propia estructura corporal os enseña que las plantas de vuestros pies están destinadas a hacer contacto con la tierra, y os recordamos que así es como absorbéis en vuestra alma el poder y la música de Gaia, el wam.

Plantas de los pies para el alma. Vuestro idioma os da muchas claves morfológicas para resolver los misterios (1).


(1) Soles for the soul: del inglés soles, «planta de los pies», y soul, «alma». (N. del T.)

La mayoría de los médicos concuerda en que las rodillas son el punto débil de vuestro cuerpo, pues se sobrecargan y debilitan a causa de la gravedad, el peso del cuerpo y el simple desgaste al que las sometéis a lo largo de vuestra vida. Deseamos sugerir que les deis un respiro, aunque sólo sea en el aspecto físico. Desde la perspectiva metafísica, vemos a las rodillas como vuestro punto de obediencia, resignación, miedo y servidumbre, y os aseguramos que un Dios amoroso no alentaría estas energías en vosotros.

Preguntamos, entonces: ¿por qué os arrodilláis en los templos?

¡Levantaos, hijos de las estrellas! Cuando plantáis los pies firmemente en la tierra sois capaces de hacer que suba la fuerza de la Diosa por vuestro cuerpo hasta el alma. Firmes y gallardos, llamad a la luz para que entre por vuestra coronilla, y allí, donde las fuerzas de la Tierra y las estrellas se unen en vuestro interior, sentid la explosión dorada en vuestro corazón.

Experimentaos a vosotros mismos en el centro, el péndulo inmovilizado, y escuchad: ¿podéis oír el acorde grave de Gaia en vuestro ser?





Extracto del libro: "El Cosmos de Alma".
Un despertar para la humanidad.
Capítulo XII - De Lucifer y la oscuridad
Patricia Cori.

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