La tecnología interior para cambiar nuestro mundo.

Varios/Otros


¿Qué nos dicen, entonces, estos experimentos respecto a nuestra relación con el mundo? El denominador común es que todos involucran el ADN humano. No existe absolutamente nada en la sabiduría convencional que permita, que el material de vida de nuestros cuerpos tenga efecto alguno en nuestro mundo externo.

Tampoco hay nada que sugiera que la emoción humana pueda afectar de ninguna manera el ADN cuando está dentro del cuerpo de su dueño, mucho menos cuando está a cientos de kilómetros de distancia. Sin embargo, esto es precisamente lo que los resultados nos están demostrando.

Es interesante cuando pensamos en cada uno de los experimentos por sí mismos, sin ninguna consideración hacia los demás: cada uno nos demuestra algo que parece ser una anomalía que existe más allá de los límites de los conceptos convencionales, y algunos de los descubrimientos pueden incluso ser un poco sorprendentes. Sin un contexto mayor, podemos sentirnos tentados a clasificar los experimentos bajo la categoría de: "cosas que hay que revisar otro día..., un día muy, muy lejano." Pero, cuando consideramos los tres experimentos en conjunto, ocurre nada menos que la destrucción de un paradigma: estos comienzan a contarnos una historia. Cuando observamos cada uno como una pieza de un rompecabezas mayor, la historia nos salta a la vista como ¡las imágenes escondidas de un dibujo de Escher!

Observemos entonces con un poco más de detenimiento...

En el primer experimento, Poponin nos demostraba que el ADN humano tiene un efecto directo en la vibración de la luz. En el segundo, el experimento militar, aprendimos que estemos o no en la misma habitación de nuestro ADN, o separados por una distancia de cientos de kilómetros, seguimos conectados con sus moléculas, y los efectos son los mismos. En el tercer experimento, los investigadores de HeartMath nos demostraron que la emoción humana tiene un efecto directo en el ADN, que a su vez, impacta directamente el material del cual está constituido nuestro mundo. Esto es el comienzo de una tecnología, una tecnología interior, que hace más que decirnos sencillamente que tenemos un efecto en nuestros cuerpos y en nuestro mundo...; nos demuestra ¡que este efecto existe y cómo funciona!

Todos estos experimentos sugieren dos conclusiones similares, que son los puntos cruciales de este libro:

1. Hay algo "ahí fuera": la Matriz de una energía que conecta una cosa con lo demás en el universo. Este campo conectivo es responsable por los resultados inesperados de los experimentos.

2. El ADN de nuestros cuerpos nos da acceso a la energía que conecta nuestro universo, y la emoción es la clave para tener acceso al campo.

Además, los experimentos nos demuestran que nuestra conexión con el campo es la esencia de nuestra existencia. Si comprendemos cómo funciona esto y la forma en que estamos conectados con él, entonces tenemos todo lo necesario para aplicar en nuestras vidas lo que conocemos sobre el campo.

Lo invito a pensar en lo que estos resultados y conclusiones significan en su vida. ¿Qué problema no puede resolverse, qué enfermedad no puede curarse, y qué condición no puede mejorar si logramos tener acceso a la fuerza y cambiar el patrón cuántico de todas las cosas de donde provienen? Este patrón es el campo de energía previamente desapercibido, que Max Planck describió como la "Mente consciente e inteligente."


LA MATRIZ DIVINA

Los experimentos demuestran que la Matriz está compuesta de una forma de energía distinta a todo lo que hemos conocido en el pasado, razón por la cual les tomó tanto tiempo encontrarla a los científicos. Llamada "energía sutil," sencillamente no funciona de la forma típica que lo hace el campo eléctrico convencional. Más bien, parece ser como una red urdida estrechamente que constituye el tejido de la creación que yo llamo la Matriz Divina.

De las muchas formas que podemos definir la Matriz Divina, quizá la más sencilla es pensar en ella como tres cosas básicas: (1) el contenedor en donde existe el universo; (2) el puente entre nuestro mundo interior y exterior y (3) el espejo que refleja nuestros pensamientos, sentimientos, emociones y creencias diarios.

Existen otros tres atributos que diferencian la Matriz Divina de cualquier otra energía de su tipo. Primero, puede ser descrita como omnipresente todo el tiempo...: ya existe. Al contrario de una emisión de televisión o de radio que debe crearse en un lugar antes de ser enviada y recibida en otro lugar, este campo parece ya estar en todas partes.

Segundo, parece que este campo se originó al mismo tiempo que la creación, con el big bang o como sea que optemos por llamar el "comienzo." Obviamente, nadie estaba ahí para decirnos lo que había desde antes, pero los físicos creen que la liberación masiva de energía que sacudió nuestro universo para propulsarlo a su existencia, fue el puro acto de crear el espacio mismo.

Como sugiere el Himno de la Creación del antiguo Rig Veda, antes del comienzo "ni siquiera la nada existía entonces, ni el aire, ni el cielo." Cuando la "nada" estalló en el "algo" del espacio, nació la materia entre la nada.

Podemos concebir la Matriz Divina como un eco de ese momento en que el tiempo comenzó, así como un enlace constituido de tiempo y espacio que nos conecta con la creación de todo. Es la naturaleza de esta conexión omnipresente que permite la no localidad de las cosas que existen en el interior de la Matriz.

La tercera característica de este campo, y quizá la que hace que sea tan significativa en nuestras vidas, es que parece poseer "inteligencia." En otras palabras, el campo responde al poder de la emoción humana. En lenguajes de otras épocas, las tradiciones antiguas hicieron lo máximo para compartir con nosotros este gran secreto. Inscritas en las paredes de los templos, escritas en pergaminos deteriorados con el tiempo, e imbuidos en las vidas de las personas mismas, nos fueron dejadas las instrucciones que nos dicen cómo comunicarnos con la energía que todo lo conecta. Nuestros ancestros intentaron demostrarnos cómo sanar nuestros cuerpos e infundir vida en nuestros anhelos más profundos y sueños más grandiosos. Es solamente ahora, casi 5,000 años después de que estas instrucciones fueron registradas, que el lenguaje de la ciencia ha redescubierto exactamente la misma relación entre nuestro mundo y nosotros.

La energía descubierta en estos experimentos (y postulada en otros) es tan nueva que los científicos todavía no se han puesto de acuerdo en un solo término para describirla. Por consiguiente, hay muchos nombres diferentes que se han usado para identificar el campo que todo lo conecta. Por ejemplo, Edgar Mitchell, antiguo astronauta del Apollo, la llama la "Mente de la Naturaleza." El físico y coautor de la teoría de supercuerdas, Michio Kaku, la describió como el "Holograma Cuántico." Aunque estas son etiquetas modernas para la fuerza cósmica presuntamente responsable por el universo, encontramos temas e incluso palabras similares en textos creados miles de años antes de la existencia de la física cuántica.

Por ejemplo, en el siglo IV, los Evangelios Gnósticos también usaron la palabra mente para describir esta fuerza y cómo "desde el poder del Silencio aparece 'un gran poder, la Mente del Universo, la cual conduce todas las cosas.."

Por muy distintos que suenen los nombres

unos de otros, todos ellos parecen describir la misma cosa: la esencia viva que es el tejido de nuestra realidad.

Es bajo este concepto que Planck se refiere a ella en Florencia, Italia, a mediados del siglo XX. Durante una conferencia dictada en 1944 afirmó que probablemente, no había sido comprendida por completo por los científicos de esa época. En palabras proféticas tan revolucionarias en el siglo XXI, como fueron entonces, Planck dijo:

Como un hombre que ha dedicado su vida entera a la ciencia más lúcida, al estudio de la materia, puedo decirles lo siguiente, como resultado de mis investigaciones referentes a los átomos: ¡No existe la materia como tal! Toda la materia se origina y existe solamente en virtud de una fuerza que hace vibrar las partículas de un átomo y mantiene unido este minúsculo sistema solar del átomo... Debemos asumir tras esta fuerza, la existencia de una Mente consciente e inteligente. Esta Mente es la Matriz de toda la materia.

Más allá de toda duda razonable, los experimentos y discusiones de este capítulo nos demuestran la existencia de la Matriz de Planck. Independientemente de cómo decidamos llamarla o a cuáles leyes de la física se atenga, el campo que todo lo conecta es real.

Está aquí en este preciso instante, existe como usted y yo existimos. Es el universo en nuestro interior así como el que nos rodea, el puente cuántico entre todo lo que es posible en nuestras mentes y lo que se convierte en realidad en el mundo. La Matriz de la energía que explica por qué estos tres experimentos funcionan como lo hacen, mientras también demuestra cómo los sentimientos positivos y las oraciones en nuestro interior pueden ser tan efectivos en el mundo a nuestro alrededor.

Pero, nuestra conexión con la Matriz de toda la materia no se detiene ahí..., continúa en todas las cosas que no podemos ver. La Matriz Divina está en todas partes y en todas las cosas. Desde el ave que surca los cielos, hasta las partículas cósmicas que pasan a través de nuestros cuerpos y hogares como si fuéramos espacio vacío, toda la materia existe en el mismo contenedor de la realidad: la Matriz Divina. Es lo que llena el vacío entre usted y las palabras en esta página. Es lo que constituye el espacio mismo. Cuando usted piensa en la Matriz y se pregunta dónde está, puede estar seguro que dondequiera que hay espacio, también se encuentra esta energía sutil.


¿QUÉ SIGNIFICA TODO ESTO?

Al igual que un gran secreto que todo el mundo presume y del cual nadie habla, a través de la Matriz Divina estamos todos conectados en la forma más íntima imaginable. Pero, ¿qué significa en realidad esta conexión? ¿Qué implica que estemos tan enmaraña- dos con nuestro mundo y con las vidas de los demás que compartimos el puro espacio cuántico, en donde reside la imaginación y nace la realidad? Si en verdad no somos más que simplemente espectadores casuales, observando mientras nuestras vidas y el mundo "transcurre" a nuestro alrededor, entonces ¿qué tanto "más" somos?

Los experimentos previos nos demuestran que hay un poder en el interior de cada uno de nosotros, que es distinto a cualquier otro que haya sido creado por una máquina en un laboratorio. Es una fuerza que no está sujeta a las leyes de la física, por lo menos no a las conocidas en la actualidad. Y no necesitamos un experimento de laboratorio para saber que esta conexión existe.

¿Cuántas veces ha estado a punto de llamar a alguien por teléfono para descubrir que esa persona ya estaba en la línea cuando usted tomó el auricular... ¡o cuando marcó el número lo encontró ocupado porque esa persona lo estaba llamando al mismo tiempo!?

¿En cuántas ocasiones ha estado disfrutando con amigos en una traficada calle, centro comercial o aeropuerto, y ha sentido la extraña sensación de que ya había estado antes en ese sitio o con esas personas, haciendo exactamente lo mismo que estaba haciendo en ese momento?

Aunque estos sencillos ejemplos son temas divertidos de compartir, son más que coincidencias aleatorias. Aunque no podemos probar científicamente por qué ocurren estas cosas, todos sabemos que ocurren. En dichos momentos de conexión y deja vu, nos descubrimos transcendiendo espontáneamente los límites impuestos por las leyes físicas.

En esos breves instantes, recordamos que quizá hay más en el universo y en nosotros de lo que podemos reconocer conscientemente.

Este es el mismo poder que nos dice que somos más que observadores en este mundo. La clave para experimentarnos de esta manera, es crear estas experiencias intencionalmente, sentir esas visiones transcendentales cuando deseemos tenerlas en vez de que simplemente parezcan "ocurrir." Con la excepción de unas cuantas personas privilegiadas entre nosotros, parece haber una muy buena razón para que no estemos en dos lugares simultáneamente, viajando a través del tiempo y comunicándonos más rápidamente de lo que las leyes de la física lo permiten: todo se reduce a las creencias que tenemos respecto a nosotros mismos y a nuestro papel en el universo. Y de eso es que trata la siguiente sección.

Somos creadores, más aun, somos creadores conectados. A través de la Matriz Divina, participamos en el cambio constante que le da significado a la vida. La cuestión ahora no es tanto si somos o no observadores pasivos, sino cómo podemos crear intencionalmente.



Extracto de La Matriz Divina.
Gregg Braden.

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4 Comentarios de lectores

26/09/2012

Gracias por todo la información que nos mandan y que nos ayudan a comprendernos cada vez mas.
El libro "La Matriz Divina" lo estoy empezando a leer y me parece interesantisimo.
Gracias por sus mensajes maravillosos.

Sanjuana Hinojosa Machorro desde Mexico

24/09/2012

GRACIAS, AÑOS QUE ESTOY CON USTEDES.
CADA VEZ CREZCO, ESTA CERCA MI LIBERTAD.
SIGAN AYUDANDONOS CON LOS MARAVILLOSOS MENSAJES

Pilar desde Ecuador

13/09/2012

Esta nota me pareció interesanticima y me encantaría sigan enviando mas información sobre este tema. Saludos cordiales. Iris Ahumada

Iris desde Argentina

02/09/2012

Gracias.!

Francis desde Mexico