Magia Natural.

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El conocimiento de la magia natural ha llegado hasta nosotros desde los primeros días de Lemuria. Luego, fué transmitida a la Atlántida y, de ésta, a los sacerdotes iniciados de Egipto.

Gracias a este poder, las cosas animadas respondían a sus indicaciones y, de esta manera, quienes lo poseían podían entablar interesantes conversaciones con sus animales sagrados.

Podían, también, interpenetrar substancias con átomos y dejar en ellas anotaciones; de manera que adeptos posteriores pudieran establecer contacto con las substancias y leer los mensajes que contenían.

El átomo Maestro en el Escudo de Plata puede darnos instrucción sobre esta antigua ciencia.

Las estatuas egipcias, impregnadas con tales registros, eran sumergidas, durante varias semanas, en una substancia que aprisionaba dichos átomos; pues creían que podrían volver, en una vida futura, y revelar lo que habían ocultado. Ha de interesar al estudiante saber que, quizás, él mismo ha encerrado, mediante el empleo de magia elemental, sus propias anotaciones para utilizarlas algún día en lo futuro. Esto, como hemos escrito anteriormente, es su derecho de nacimiento.

Muchos registros atlantes, guardados de esta manera, estaban en posesión de los egipcios, y se nos ha dicho que, cientistas futuros inventarán instrumentos, mediante los cuales la sabiduría jerárquica de Egipto será revelada.

En los antiguos días de la Atlántida, el bienestar de la comunidad estaba al cuidado de un pequeño grupo de Iniciados. Ellos estaban unidos con su Intimo y, durante algún tiempo, sus enemigos eran matados por la espada de Justicia. Su atmósfera era completamente diferente de la de esta época. Formaban un Sacro Colegio, en el que transmitían su sabiduría a sus discípulos; así, trajeron una Edad de Oro de inteligencia para quienes estaban bajo su Shekinah, antes de que guerras destructoras acabaran con su civilización.

Su método de instrucción consistía en devolver al discípulo su propio conocimiento de las leyes de la Naturaleza; le enseñaban también el futuro y, como ellos sabían la clase de atmósfera que habría de rodear a este globo, en ese futuro, crearon lo que se llama “Teraphim” o ídolos parlantes, que podían ajustar a una edad futura.

El estudiante era sumergido en líquidos de naturaleza alcohólica; la atmósfera que tenía que ser; luego, se colocaba en el baño una imagen sentada, y se transfería a esta imagen un elemento del átomo Nous del estudiante. Cuando esto ocurría, la atmósfera del átomo Nous seguía y formaba en los Teraphim una atmósfera similar a la del átomo Nous. Este proceso duraba, ordinariamente, varias semanas, y se utilizaba un instrumento para transferir este elemento atómico. Esta imagen podía, así, grabar su actividad mental en las mentes de quienes se ponían en contacto con ella; pues de esa manera, quedaba aprisionada en la imagen una poderosa inteligencia.

Edades más tarde, una de estas imágenes fué colocada en el Arca de Alianza, que entonces daba los oráculos.

Una cierta fraternidad posee los medios de obtener información de los Teraphim, cuando se permite consultarlos.

Al penetrar en la conciencia de la Naturaleza y obtener su energía determinativa, uno deviene aleccionado, por sus instructores, en esta magia elemental o natural. Todos poseemos estas substancias, compuestas de los elementos del éter que nos rodea, y podemos atraer lo que nuestro cuerpo físico ha reservado.

Si gozamos de buena salud, siempre tenemos reserva de estos átomos elementales; el yogui procura formar un gran depósito de esta fuerza, que responde la voluntad de la Naturaleza.

Estas reservas son similares a un ejército que circula alrededor de nuestros centros nerviosos, y se puede utilizar en los momentos de gran tensión o ansiedad. Esto, que hemos atraído a cada centro nervioso, es lo que determina nuestra fuerza y poder para resistir los átomos opositores de este mundo. Si nuestras reservas están agotadas, sucumbimos fácilmente al mal y a la enfermedad; si no lo están, podemos vivir hasta una edad avanzada y gozar de la buena salud de todos nuestros órganos.

En la edad de oro de Egipto, el promedio de edad del hombre religioso era de 120 años; porque, entre sus costumbres religiosas, estaba la de cuidar de las condiciones sanitarias de su medio ambiente, y de la limpieza y purificación de sus cuerpos, tanto externos como internos.

En el futuro, los cientistas descubrirán que nuestra provisión de energía está al cuidado de la Naturaleza elemental; si perturbamos sus funciones, dentro de nuestro sistema, no nos ayudará, a no ser que ignoremos que hemos quebrantado sus mandamientos; pues la Naturaleza atempera su justicia con la misericordia.

Si persistimos en hacer cosas contra nuestra salud, la Naturaleza se negará a permitirnos el uso de su energía de reserva, acumulada para períodos críticos.

El átomo Maestro en el Escudo de Plata determina cómo hemos de protegernos en casos de accidentes o de enfermedades infecciosas; porque él es el que regula esta energía de reserva y, si invocamos la voluntad determinativa de la Naturaleza, poseeremos una gran reserva de esta vitalidad elemental. Cuando nos colocamos bajo la inteligencia directriz del átomo Maestro, éste, con frecuencia, nos exige que extendamos este poder a cuerpos enfermos, lo cual les ayuda a volver a la condición normal.

Es interesante notar que, el átomo Maestro puede sentir las condiciones anormales de las gentes que nos rodean y, para proteger a su propio instrumento, trata de ayudar a los átomos obreros de los cuerpos de otros, en su vecindad. Cuando un estudiante rocía la atmósfera de una persona con esta fuerza curativa, tal persona, al alejarse, observa cuánto más fuerte y vitalizada se siente. Por esto, también, las personas enfermas gustan de asolearse en la atmósfera de cuerpos sanos. Pero la gente egoísta nunca puede atraer esta energía del átomo Maestro; aunque, con frecuencia, tratan de absorberla de otros.

Poco se da cuenta el hombre de cuán grande es esta fuerza latente de reserva, y de cuán rara vez la utiliza. Cuando sirvamos a la Naturaleza, ésta nos servirá cuatro veces más.

Existe un plano en las esferas internas llamado “El Mundo de Secretos”. Extraño es decirlo, pero los Iniciados mahometanos son quienes lo conocen mejor. Pero existen reglas que les impiden revelar tal conocimiento.

En ese plano, el estudiante puede ver los inventos, que el hombre utilizará en el futuro; algunas veces, si es digno y el tiempo es oportuno, estudiará un invento y se le permitirá traerlo al mundo.

Los primitivos rosacruces europeos enseñaban a sus estudiantes a abandonar sus cuerpos y penetrar en ese plano secreto, del que guardaban muchos inventos ocultos, hasta que el mundo estaba preparado para ellos. El poder de transmutar los metales bajos en oro, era conocimiento común para los Iniciados; pero lo empleaban, únicamente, para favorecer ciertas causas; tales como la dotación de hospitales, asilos para los pobres y los ancianos, y para centros de saber para los jóvenes.

A los cientistas no se les permite ir más allá de cierto punto; pues la Naturaleza interviene y cierra, por un tiempo, las actividades en ciertos campos de la Ciencia. Si algunos trata de revelar algo, para lo cual el mundo no está preparado, se le advierte tres veces y, si persiste, es eliminado.

Esto ocurrió a una gran alma, a la cual tuve el privilegio de conocer; aunque, no supe su nombre ni la gran obra que estaba realizando por sus país, hasta después de su muerte.

Nos encontramos, aparentemente por casualidad, en un país extranjero; sólo más tarde me di cuenta que había venido de muy lejos, para encontrarme y saludarme. Una tarde, al regresar a mi habitación, lo encontré sentado en mi sillón. Sentí extrañeza de que se encontrara allí, pues no le había dado a conocer mi nombre ni mi dirección; sin embargo, antes de salir, yo había dado orden de que encendieran fuego en la chimenea. Por qué di esa orden, yo no lo sé; pues era muy pobre y llevaba vida de estudiante. Sin embargo, cada vez que daba orden de que encendieran fuego, aquel invierno, al volver de la clase de la tarde, encontraba a dicha persona en mi habitación.

Antes de morir, habló ante un auditorio de hombres de ciencia y les prometió que, en la conferencia siguiente, les revelaría un gran descubrimiento que había hecho, después de dieciocho años de investigación, para descifrar un antiguo documento arábigo sobre alquimia, que daría una nueva base a la química. Pero tal revelación no debía hacerse y murió. El mundo no estaba preparado para tal conocimiento.

En este plano de secretos, se pueden ver modelos de aviones y de locomotoras, enteramente diferentes de los que se conocen ahora; y máquinas destructivas, cuidadosamente, guardadas de aquellos que las utilizarían contra la raza humana. Existen también métodos con los cuales se extirparía, en corto tiempo, el hambre y extinguirían los gérmenes propagadores de enfermedades y venenosos, en una extensa área. He visto líquidos solidificados, que retiene su forma sin molde alguno y sin perder sus propiedades, y flúidos germinativos que producen longevidad por cientos de años. También he visto libros que iluminarán las mentes de generaciones futuras.



Extracto de DIOSES ATOMICOS (LA AURORA DE LA JUVENTUD)

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