Todo se estaba hilvanando poco a poco.

Varios/Otros


Uno de los primeros mensajes a través de Verónica fue que yo era muy impaciente y ansioso, que debía aprender a controlarlo y que lo podía lograr meditando y relajándome.

Luego, en otra sesión, dijo: “Tu mente es muy inquieta, muy impulsiva, por eso no puedes llegar a tu vida espiritual”. “Otra vez hablé contigo, y te dije paciencia, tienes que trabajar la paciencia, para llegar a tu vida espiritual necesitas la paciencia”.

Luego, a través de Elizabeth, que no conocía ni sabía de la primera, me dijo: “Allá te conocen, ya saben tu trabajo, quieren que sirvas en este lugar. Prepárate, después tendrás que orientar a la gente que requiere ayuda, espérate un poco, no tengas apuro, vendrá tu momento. ¡Entiéndelo ya!”. “Te saben impaciente”. “Lo lograrás por ti mismo, espera un poco, te dijimos ya”.

Más tarde, en la sesión con Tom, me dijeron: “Tienes cabeza muy dura, tu vida está demasiado llena y no hay suficiente espacio para conectarte con otros aspectos de su ser, no hay suficiente relajación, no hay suficiente tiempo disponible”.

Todo se estaba hilvanando poco a poco, pero mi confusión aún seguía.

Escuchaba una y otra vez la cinta de la sesión con Tom y cada vez iba entendiendo más cosas.

También en ese momento me sirvió mucho el saber que no era algo que me estaba pasando solo a mí, sino que a miles de personas en diferentes formas. Por decirlo de alguna manera, me “bajó”, porque me estaba sintiendo diferente y especial, y eso no me gustaba. Consideraba que era demasiada responsabilidad, demasiado trabajo para mí solo. Pero al saber que nadie me estaba forzando; al entender que era una maravillosa oportunidad para mi evolución espiritual y que era parte de un gran plan cósmico, la motivación fue creciendo.

Pero aún estaba con la angustia de no poder conectarme, por más que lo intentaba, directamente con el plano espiritual. Pero pensándolo bien, no era mucho el tiempo ni las condiciones que se me daban para hacerlo.

Eran muchas las dudas e interrogantes que tenía. ¡Una vez más estaba utilizando mi racionalidad!

Creemos importante ahora que Elizabeth cuente cómo entró ella en este camino. El siguiente es su relato:

“Es difícil para mí llegar a contar con detalles de cómo llegué a orientarme hacia el camino espiritual. Todo comenzó hace ya varios años. En un momento en que, debido a una desilusión sentimental, sufrí una gran herida en el alma que me sumió en una tremenda confusión, y me llevó a cuestionar un gran número de acciones en mi vida. Me dejó por un largo período en un estado de pena, rabia, angustia y desencanto.

“A pesar de mi estado de ánimo tan deteriorado, tuve que seguir ejerciendo como médico mi trabajo diario, y tenía que continuar prestando ayuda a mis pacientes. ¿A quién podría acercarme para obtener ayuda para mí?

“Siempre he tenido una gran fe en Dios y en la posibilidad de obtener su ayuda.

Especialmente cuando más la necesité y cuando tuve pocos seres a mi lado en los que poder apoyarme o confiar. Es en estos momentos cuando más me acerqué a Él, a Jesús.

“De esta manera, poco a poco se fueron dando los medios que me permitieron ir saliendo lentamente de esta pena y tomar nuevamente las riendas de mi vida.

“Es así como llegó a mis manos un aviso en que se iniciaba un ciclo de clases del “Método de control mental Silva”, de modo que pensé en tomar este curso y ver en qué me podría ayudar.

“En estos seminarios se aprenden métodos de relajación que permiten llegar a un estado especial de conciencia llamado “alfa”. En esta situación la mente se separa de los pensamientos habituales, quedando limpia. Esto permite captar imágenes, visualizar situaciones, cambiar tus pensamientos negativos por positivos; eliminar mentalmente situaciones problemáticas y revertirlas mediante la creación mental de escenas positivas.

“Un día en que practicaba mi estado de relajación mental, empecé a percibir imágenes como de un cuento que se desarrollaba en la Edad Media. Sin saber de qué se trataba, y percibiendo que no estaba en el estado de sueño, pude darme cuenta que la mujer que yo veía en estas escenas ¡era yo! ¿Pero dónde, cuándo, qué significaba esta historia que veía?

“La historia se desarrollaba en un castillo medieval, donde había una joven prisionera encerrada en la torre. Pude ver sus ropas, su vestido de color granate con orillas doradas, su peinado y, además, sentir su dolor y frustración de verse recluida.

“Esta joven, en su desesperación por saber qué pasaba, logró salir de la torre y llegar, por una escalera del castillo, hasta una habitación en la parte baja. Ahí había un anciano de barba blanca, de aspecto muy bondadoso. Ella se arrodillaba frente a él y le pedía su ayuda y consuelo. A través del anciano supo de una invasión al castillo que pertenecía a su padre, quien fue encerrado en las mazmorras del palacio. A ella la encarcelaron en la torre y su hermano y hermana menor fueron conservados por la familia del señor feudal invasor, para criarlos como parte de la familia. El nombre de esta princesa prisionera era Angelina de Vlies.

“Yo me preguntaba: ¿Qué eran todas estas escenas? ¿Qué significaba esto que visualizaba? Todo tan nítido, con tanto detalle de vestimentas, lugares y sentimientos.

Cómo podía yo sentir el dolor y la pena de esa mujer que veía. No podía comprender de qué se trataba.

“Pero cuando el camino está trazado, todo se va conectando. Es así como a través de una amiga me llegó un libro llamado La vida entre vidas, de Michael Newton, y leyéndolo pude descubrir que lo que yo vi era una de mis vidas pasadas.

“Antes de esta experiencia no creía en la reencarnación, ni sabía lo que significaba.

Salvo en bromas en que uno menciona la próxima vida.

“En esos días descubrí que no solo vivimos una sola vez, sino que nuestra alma viene una y otra vez a este mundo a cumplir distintas misiones en diferentes cuerpos; y hay reencuentros con otras almas con quienes ya compartimos otras vidas, otros tiempos, otras emociones. “Mi curiosidad por el tema me llevó a leer diversos libros sobre regresiones a vidas pasadas, e hipnosis regresiva, como Muchas vidas, muchos sabios, A través del tiempo, del Dr. Brian Weiss, y otros autores, psiquiatras en general, expertos en estos temas. Más aún, me interesé en buscar un especialista en hipnosis regresiva, en nuestro país, para que me ayudara a profundizar en esa vida que había visualizado y poder descifrar a qué me conduciría este conocimiento, para mí, “un descubrimiento”.

“Todo continuó relacionándose poco a poco, y los hilos fueron conectándose; encontré a una psicóloga que hacía regresiones hipnóticas, y con ella pude completar más detalles de esa vida.

“Pero mi búsqueda no quedó ahí. Logré conectarme con un médico que se dedicaba a esta terapia. Así logré recrear otras vidas y también conectarme o comunicarme con seres superiores o guías espirituales, que me dieron indicaciones y consejos para otros momentos difíciles en mi vida.

“De esta manera pude darme cuenta de que no estamos solo s en este mundo, que cada uno de nosotros tiene un guía o maestro que lo orienta y acompaña.

“Fuera de este tema de regresiones a vidas pasadas, mi curiosidad sobre comunicaciones espirituales fue aumentando cada día y comencé a estudiar temas de metafísica, lo que también ayudó a confortar mi alma y salir de mi estado de desorientación. Todo esto me condujo a un estado de paz espiritual, y entendí que había que aprender a perdonar el daño que nos han hecho algunas personas con quienes nos encontramos en la vida actual. Daño y dolor, que como dice el padre Larrañaga en su libro Del sufrimiento a la paz, es un medio. El dolor es un camino que nos lleva al “despertar” del alma que estaba dormida. El sufrimiento nos arranca de este estado de sueño o sopor del alma y nos lleva al camino espiritual, a la elevación paulatina hacia una vida más elevada, más plena y de mayor conexión con Dios y con seres de planos superiores que nos ayudan y orientan.

“También he aprendido en este camino que, a través de los sueños, recibimos mensajes de Dios, de nuestros maestros y de los ángeles que son sus mensajeros. Ellos nos ayudan en nuestro camino terrenal, especialmente en los momentos de aflicción.

“Aprendí, además, a conocer a mi ángel personal y a comunicarme con él.

“Así pasaron varios años en que lentamente fui aprendiendo varias cosas del mundo espiritual, en medio de mis labores habituales. Entendí que todas nuestras acciones van orientándose hasta llevarnos a nuestra meta, hacia nuestra misión en este mundo. De esta forma, por una “coincidencia”, llegué a la consulta de Andrés. De este modo, en conjunto pudimos ir entrando a un mundo muy especial de sabiduría y mensajes, tanto para nosotros como para toda la humanidad. Esto nos ha permitido ir adentrándonos cada vez más en una vida con gran contenido espiritual. Acercarnos más a Dios, a Jesús y a nuestros propios guías espirituales. Así hemos podido reforzar el conocimiento de la inmortalidad del alma humana y a saber cómo muchos de nuestros problemas físicos, psíquicos o de relaciones interpersonales son consecuencia de recuerdos de vidas pasadas, que han permanecido incrustadas por años o, aun más, por milenios, en nuestro subconsciente.

También hemos confirmado que la afinidad con algunas personas o el rechazo por otras son consecuencia de nuestra “antigua” convivencia con ellas. Estas van creando relaciones afables o bien conflictivas y que hemos vuelto a revivir en la encarnación presente, a fin de corregir daños causados o retribuir lo que en otras vidas ellos nos entregaron. Establecemos relaciones afectivas, familiares o de amigos para cumplir una misión determinada.

“En este camino que fuimos recorriendo se integró otra persona, una amiga que también llegó a mi lado gracias a esta conexión universal. Ella es Mae, con quien hemos trabajado activamente y complementado nuestros avances espirituales. Más adelante, Andrés relatará cómo ella se integró a este trabajo.

“Gracias a las explicaciones, enseñanzas de nuestros maestros o guías y a la capacidad de comunicarme con ellos a través de hipnosis, supe que este tipo de comunicación se llama “canalización”, y las personas que tienen esta aptitud se llaman “canales”. Y eso somos, un canal de comunicación entre los maestros de planos superiores y la humanidad que nos acompaña en esta vida terrenal, a la que tenemos por misión guiar y ayudar en distintos procesos.

“Mucho me costó comprender cuál era mi papel o mi misión en este sistema. Muchas veces pensé que era una especie de locura y que debía consultar a un psiquiatra, pero tuve la posibilidad de conocer a otras personas que tenían esta misma misión acá en la Tierra. Ellas me explicaron su significado y he aprendido a aceptar poco a poco, a través de dudas, angustia a veces, que yo soy eso, “un canal” de comunicación entre los sabios maestros y la humanidad, con el objetivo de mejorar el estado actual en que se encuentra. Nuestro fin es ayudar a los que nos rodean mediante este “don” que algunos recibimos de Dios.

“Esta es la historia de cómo llegué a conocer mi misión, la cual recién estoy empezando a comprender y aceptar.

Es así que continué las sesiones con mi “nueva amiga”. Después de lograr el estado de trance hipnótico, le sugiero ir a la luz. Una vez que llega, pido contacto con el espíritu maestro de Elizabeth, cuyo nombre ella ya conocía: Avalon.

Elizabeth: ¿Qué quieres preguntar?
Andrés: Muy bien, gracias por estar con nosotros. Ya sabemos que el espíritu de Elizabeth y el mío han estado juntos en otras vidas, las que tienen una explicación para lo que estamos haciendo hoy. Queremos tener ese conocimiento. Eso es lo que queremos.

¿Puedes ayudarnos?
Elizabeth: Al paso del tiempo vendrán las noticias de aquellas escenas que vieron antes.
Andrés: ¿Podemos llevar a Elizabeth a esos recuerdos de otras vidas ahora?
Elizabeth: Es tiempo de saberlo en este momento.
Andrés: ¿Para eso la tengo que guiar?
Elizabeth: Orienta su alma al camino adecuado para recordar. (Pausa)

La casa de Roma tendrán que buscar.

En este momento profundizo más aún el estado de trance de Elizabeth y la oriento a ir a una vida donde ella vivió en Roma, de acuerdo a las indicaciones que nos dio el maestro guía.

Andrés: ¿Hay algo importante, Elizabeth, tienes alguna visión?
Elizabeth: Un circo, hay carruajes, están participando en una carrera de carros tirados por caballos. Hay una competencia de carruajes romanos.
Andrés: ¿Tú estas ahí?
Elizabeth: Estoy mirando.
Andrés: ¿Quién eres?
Elizabeth: Princesa romana.
Andrés: ¿Cómo te llamas?
Elizabeth: Altea.
Andrés: ¿Con quién estás ahí, quién está a tu lado?
Elizabeth: Una señora mayor, al parecer es mi madre.
Andrés: ¿Hay alguien más cerca de ti?
Elizabeth: Un guardia detrás con escudo, casco y una lanza en la mano... Es mi guardia personal.
Andrés: ¿Qué edad tienes?
Elizabeth: Veinticinco. (Se produce una pausa y luego comienza a llorar).
Andrés: ¿Qué pasa? Cuéntame.
Elizabeth: (Llorando). Tengo mucho miedo... mi novio tiene que correr en esa carrera... se puede morir.
Andrés: ¿Por qué tiene que participar en esa carrera?
Elizabeth: No sé... Representa a una estirpe, él es su representante y tiene que estar en la competencia.
Andrés: ¿Lo ves?
Elizabeth: Veo su carro, tiene las riendas del caballo en sus manos.

Andrés: ¿Cómo se llama él?
Elizabeth: Antonio.
Andrés: ¿Empezó la carrera?
Elizabeth: Están en sus puestos, hay muchos carros.
Andrés: ¿Lo ves?
Elizabeth: Veo su traje, es dorado, su perfil es aguzado, con su nariz larga, su cara es delgada.
Andrés: ¿Reconoces en él a alguien de tu vida actual?
Elizabeth: (Emocionada) Creo que eres tú... (Llora) Tengo mucho miedo.
Andrés: Tranquila, es un recuerdo; continúa para ver qué pasa. Relátame los hechos importantes que veas.
Elizabeth: (Llora muy asustada). “No quiero que corras... te dije que no corras”.
Andrés: Pero era su obligación correr.
Elizabeth: Es su honor, tiene que cumplir... Ahora el público aplaude, tienen que salir... Hay mucho polvo, hay mucho polvo, están corriendo muy fuerte, hay mucha tierra en el camino... Se enredan sus ruedas, se enredan sus ruedas... Se cayó, el caballo lo aplasta.
(Se produce una pausa en que ella llora muy emocionada).
Andrés: ¿Qué está pasando ahora?
Elizabeth: Mi madre me consuela y mi padre también. Es un señor gordo con una túnica morada con dorado y me dice: “No sufras porque él cumplió su obligación”.
Andrés: ¿Cómo se llama tu padre?
Elizabeth: Augusto.
Andrés: ¿Y tu madre?
Elizabeth: Andrea.

Andrés: Antonio, tu novio, ¿qué hacía él?
Elizabeth: Tenía a su cargo un grupo de guardias romanos.
Andrés: ¿Tu padre estaba de acuerdo en que fuera tu novio?
Elizabeth: Sí, ellos lo querían mucho.
Andrés: Te voy a pedir que vayas a un momento en que estabas con él antes de la carrera, algún recuerdo bonito y feliz.
Elizabeth: Caminábamos por la azotea del palacio tomados de la mano, mirando las estrellas.
(Vuelve a llorar con mucha pena)
Andrés: Que no te dé pena recordarlo, al contrario, disfruta de ese momento. Ahora que estás al lado de él, te pido que lo mires a los ojos y veas a quién reconoces en él.
Elizabeth: ¡Por qué lo perdí!
Andrés: Elizabeth, me escuchas, dime quién es.
Elizabeth: Tú.
Andrés: Bueno, por eso nos hemos encontrado. ¿Cuál es la importancia de esa vida, además del amor que se tenían?
Elizabeth: Solo el amor. Y él no quería matar a los cristianos, lo mandaban.
Andrés: Él no quería matar a los cristianos, pero lo mandaban. ¿Y él qué hacía?
Elizabeth: Trataba de no ir, de evitarlo, de distraer a sus guardias para que no los localizaran y poder dejarlos ir tranquilos.
Andrés: ¿A quién?
Elizabeth: A los que seguían a Jesús... Antonio sufría mucho porque tenía que matar cristianos. Ofreció su vida para no matar.
Andrés: ¿Por eso tuvo que correr?
Elizabeth: Él lo eligió así, a pesar de que sabía que iba a morir.
Andrés: Pero no entiendo cómo podía salvar a los cristianos corriendo en una carrera.
Elizabeth: Porque solo muriéndose podía evitar su obligación... Su trabajo era importante para el gobierno, no pudo evitar trabajar en eso, por eso prefirió morir.

Andrés: ¿A pesar de lo que te amaba?
Elizabeth: Su pena era peor por matar gente buena.
Andrés: ¿Él conoció a Jesús?
Elizabeth: Solo lo vio de lejos... Lo vio predicando en una caverna.
Andrés: ¿Qué sintió?
Elizabeth: Sintió una atracción por sus palabras... Estaba confuso, no podía dilucidar qué era mejor, si Roma o Jesús. Lo comprendió en su día final.
Andrés: Eligió a Jesús.
Elizabeth: Sí.
Andrés: ¿Y tú entendías esto, lo compartías con él?
Elizabeth: No todo, solo en parte. Pero lo apoyaba. (Pausa)
Andrés: ¿En qué estás?
Elizabeth: Estoy ahí en el palacio, muy triste, muy sola.
Andrés: ¿Qué pasa con tu vida?
Elizabeth: Me quedé sola... Traté de buscar cristianos para hacer amigos, y así estar cerca de él.
Andrés: ¿A qué edad te moriste?
Elizabeth: A los treinta y cinco... tranquila, de pena.
Andrés: ¿De qué manera influye esto en tu vida actual?
Elizabeth: Tengo miedo siempre de perder a la gente que amo.

Andrés: Pero el hecho de saber que de una u otra forma te reencuentras con la gente que amas, te servirá para mejorar esos sentimientos. Hemos recordado una vida que vivimos juntos, y está respondiendo un poco al porqué estamos aquí; por qué nos reencontramos. Existía una afinidad antigua entre nosotros, y ahora somos amigos. Ese amor que se tenían en esa vida, ahora va a fructificar como amigos, y eso va a ser hermoso.
(Seguía llorando y con mucha pena).

“Muy bien, Elizabeth, tranquila. Escúchame muy bien: si bien es cierto que este recuerdo fue triste, también fue hermoso, porque pudiste palpar un sentimiento muy fuerte que tenías, un sentimiento de amor. A veces, a uno le cuesta tenerlo y vivirlo. Pero todo eso ahora lo puedes mantener en tu corazón y podrás entregarlo a todos tus seres queridos, tu familia y amigos.
(Pausa).

(Posteriormente volvió a la luz. La dejo un momento ahí para que se llene de energía.
Luego, me indica que tiene un mensaje).

Andrés: ¿Cuál es el mensaje, Elizabeth?
Elizabeth: Busquen cristianos que sufren, arreglen su mente para que sean felices.
Transmuten sus penas en alegrías, enseñen a vivir mejor. El camino se abre para ayudar a la gente que venga a ustedes, podrán orientarlos a un mundo mejor.
Andrés: ¿Cómo vamos o debemos hacer esto?
Elizabeth: Solo s vendrán los necesitados al lado de ustedes. El tiempo ya viene para trabajar, estudien su causa para servir mejor.

Andrés: ¿Pero cómo?
Elizabeth: No te impacientes, solo vendrá. Tu camino ya empezó y tendrá que continuar cada vez más rápido, tú lo verás. Espera un poco, ya te mostrarán la forma de hacerlo. Luego sabrás, concéntrate más, medita un tiempo tranquilo, pronto lo sabrás.

Espera con calma que todo vendrá por sí solo; verás tu camino, tu meta alcanzarás en poco tiempo más. No apures la causa, el camino ya está trazado para ti y para ella. Van a ayudar a personas ajenas necesitadas de orientación y visión de futuro. Olvida lo antiguo, camino nuevo vendrá. Se aclaran tus dudas, muy luego verás.

Andrés: ¿Qué significa olvida lo antiguo?
Elizabeth: Estudios mundanos no necesitas ya.
Andrés: ¿Te refieres a mi profesión?

Elizabeth: Siempre la tendrás. Cosa secundaria en tu vida actual. Importa lo nuevo que estás estudiando ya. Verás tu camino muy luego empezar con gran dedicación y empeño estarás; tendrás tu tiempo.

Andrés: ¿Quién eres tú, quién me habla?

Elizabeth: Maestro antiguo, sabio, lejano, conoce tu causa y tu camino venidero. En un futuro próximo, todo lo visto se te cumplirá. Ayudamos desde lejos tu nuevo andar, no temas empezar tu camino actual. Vendrá mucha gente que necesita de tu ayuda, tú los ayudarás. Muchos de ellos vendrán a ti, sin tú saber quiénes son. Con esto cumpliste la matanza anterior, que no fue tu culpa. Fuiste mandado y no podías hacer otra cosa, pero tú mismo reconociste que no era el camino adecuado y te alejaste de ello. Ahora tienes la oportunidad de devolverle a esas almas lo que sufrieron antes y les ayudarás a recuperar la felicidad. No olvides tu causa, ese es tu camino, entiéndelo ya.

Andrés: ¿Mi causa?

Elizabeth: Sanar estas almas, ayudarles a buscar su felicidad. Aún sufren por ese pasado, por lo tanto tu ayuda será importante. Así tú lo verás. No sabes quiénes son, pero entre muchos vendrán, acepta a todos, solo Dios sabrá quiénes son los precisos que tienes que ayudar.

Andrés: Pero lo que hago es hipnosis regresiva, ¿es eso lo que debo hacer?

Elizabeth: ¡No solo eso!, de a poco aprenderás cómo orientar personas que no saben cómo caminar en esta vida para encontrar felicidad. Hay otras maneras que luego aprenderás, espera un poco, no te apresures ya. Todo a su tiempo, acuérdate que te dijimos: con calma todo lo aprenderás. No precipites, esto es lento, pero seguro que lo aprenderás. Acuérdate, con calma todo lo sabrás.

Andrés: ¿Pero tengo que seguir el camino en el que estoy ahora?
Elizabeth: ¡Ya te lo dijimos!
Andrés: Pero si se me acerca alguien ahora para que le haga hipnosis regresiva, ¿yo lo tengo que aceptar?

Elizabeth: ¡Tú acepta al que llega sin preguntar! Te dijimos que solo Dios sabe quiénes son a los que tú debes pagar. Trabaja y ayúdalos a todos. Algunos son los que debes devolver la mano de ese tiempo pasado, pero no es bueno que tú sepas quiénes son, tienes que tratarlos sin preguntar. De ninguna manera deben saber.

Andrés: ¿Cuál es tu nombre? (al espíritu que me habla).
Elizabeth: Avalon.
Andrés: ¿Tú eres el espíritu maestro de Elizabeth?
Elizabeth: Sí.
Andrés: ¿Conoces a mis espíritus guías?
Elizabeth: Amigos arriba todos somos.
Andrés: ¿Sabes quiénes son?

Elizabeth: Hay varios que ayudan a la gente preparada para esta misión, con nombres o sin nombres son almas maestras que están ayudando al mundo salvar. Hay muchas misiones que hay que cumplir. Buscar a la gente para conectar energías divinas que vienen llegando para aquellos que quieren al mundo salvar. Unidos algunos para trabajar, conjunto de almas necesitan ayudar, unidos se avanza con mayor rapidez a la meta precisa que hay que lograr.

Andrés: ¿Cuál es esa meta?
Elizabeth: Hay que ayudar a la humanidad a recobrar la bondad. Muchas fuerzas malignas invaden el mundo en este momento. Habrá que sacar las energías negativas para el mundo recuperar su belleza y su tranquilidad. Somos pocos, pero capaces de ayudar. Es necesario el mundo salvar.

Andrés: ¿De dónde vienen estas fuerzas malignas que hacen que los humanos sean así?

Elizabeth: Enemigos de Dios siempre ha habido, ahora como nunca han venido a manchar la belleza terrenal que Dios creó. Destruyen caminos, destruyen lugares, naturaleza, árboles, campos; eso es malo para la humanidad. El aire se acaba, es difícil respirar, la gente se ahoga. Vendrán enfermedades que no podrán curar. Todo esto tenemos que ayudar a evitar con nuestra energía que recibimos de fuentes divinas. Son pocos los que pueden en esta forma ayudar a la gente que habita el planeta en estos momentos. Tienen que unirse y cadenas formar, de energías positivas que pueden salvar a unos pocos que quedarán en este desastre mundial. Ayuden como puedan en todo lugar, a formar la conciencia de limpieza general del ambiente contaminado por basuras terrenales, creadas por la humanidad misma, que no sabe a dónde va. A la destrucción del planeta que Dios ha creado para que ustedes habiten en paz y tranquilidad. Esa fue su obra que el hombre ha destruido. Ayuden desde lejos, de cualquier lugar, su camino es ése. Ayuden a
la humanidad a salvar el planeta antes de la destrucción final.
Andrés: ¿Esa destrucción final viene?

Elizabeth: Vendrá una hecatombe nuclear si no se detiene el proceso ya, el hombre destruye sin fijarse en la consecuencia de su obra maligna. La naturaleza es necesaria para la fertilidad del planeta.

Andrés: ¿Esa es una tarea muy difícil?

Elizabeth: Yo sé que es difícil, pero un grano más otro se puede juntar. Ayuda a la gente a esto lograr. Hay algunos años posibles aún de rescatar, rescatar el paraje natural que Dios les dio para habitar.

Andrés: Si el hombre fue hecho a semejanza de Dios, ¿por qué nos permite destruir nuestro planeta; por qué la maldad, la muerte de inocentes...?

Elizabeth: Acuérdate que Dios al hombre le dio “el libre albedrío” para elegir. Lo malo y lo bueno está definido. Hay gente que busca lo bueno. El poder se inclina hacia lo malo, destructivo, avasallador, no importa el camino ni la destrucción, solo adquirir poder sobre la humanidad; esto ha llevado a la destrucción general del planeta que en este momento estamos viendo, con gran pena para nuestros seres divinos que ayudaron a crearlo.

Andrés: ¿En este momento la energía de ustedes está presente en la Tierra?

Elizabeth: Tratamos de recuperar lo máximo de lo que se creó. Nuestras fuerzas flaquean cuando vemos tanta maldad. Pero sabemos que hay gente que ayuda, que impulsa energía para salvar. Únanse a ellos, traten de ayudar. Recuerden mensajes, reúnanse ya, cuanto antes la energía logren acumular, más ayuda podrán prestar a esta pobre humanidad, destrozada por el hombre y su maldad.

Andrés: Ayúdennos a encontrar el camino que debemos seguir.

Elizabeth: Apártense un tiempo del ruido local, necesitan meditar mucho el tema indicado. Revelaciones no expuestas vendrán adelante para guiar vuestro camino actual, necesario para orientar a la humanidad.

Andrés: Cosas más concretas, ¿debemos reunirnos?

Elizabeth: Hagan una comunidad espiritual. Cárguense de energía y envíenla a los demás. Ustedes sabrán la manera de enviar esa energía a su pueblo, al pueblo chileno.

En este lugar no destruirán más la naturaleza que los rodea. Conserven los campos, los bosques. El equilibrio se acaba si destruyen la naturaleza. Algunos lo saben, los poderosos no quieren, solo el dinero importa en este momento, en este lugar. En esta ciudad necesitan plantar nuevos árboles, nuevas plantas que darán energía, la naturaleza nuevamente se creará gracias a la ayuda de ustedes y otros que trabajarán en colectividad. Enseñen a los niños el campo cultivar; que planten sus árboles, así defenderán el territorio que Dios les ha dado para vivir. La única manera de defenderlo es plantando, plantando árboles, plantas, naturaleza se necesita. Enséñenles a todos, así salvarán este lugar. Santiago es tu pueblo, ayúdalo a salvar, te enseñamos el medio. Trata de orientar a la gente que puedas en tu comunidad. El verde es necesario para respirar. El aire se acaba si no lo hacemos recuperar. La naturaleza, no te olvides, acuérdate siempre, enséñale a tu gente. Yo sé que es caro, pero todo lo que se invierta en
la naturaleza será bienvenido por el Señor. Ayudar a salvar tu ciudad, apúrense, es necesario empezarlo cuanto antes en esta ciudad. Tu trabajo te agobia, tranquilízate, ten calma, lo vas a lograr, te estamos ayudando desde el Más Allá. Hay almas que te rodean, te apoyan, te sostienen, no tengas miedo, tu empresa camina. Camina adelante, vas a ayudar, te estamos empujando para trabajar en esta obra sencilla pero fuerte. Es necesaria para obtener resultados en un tiempo cercano, para salvar tu nación, que será una de las pocas que lograrán quedar en este tiempo apocalíptico que viene ya. Cercano en los tiempos que habrán de venir, acuérdate, no dejes de hacerlo, predica la paz, la naturaleza, el campo. Árboles, muchos árboles, se necesitan en esta ciudad, acuérdate, acuérdate, no debes olvidar.

Andrés: ¿Elizabeth también debe seguir el camino?

Elizabeth: Juntos este camino recorrerán, quiéranlo o no, se van a juntar. Se acerca el tiempo que tendrán que trabajar. Tú sabes que viene el camino adelante que ya te explicamos. Serán distintas formas que tendrán que trabajar. Te dijimos la naturaleza, te dijimos la ayuda de almas en problemas terrenales. Pero es necesario ayudar para encontrar la felicidad. Las gentes felices ayudan al cambio, las gentes deprimidas suman las fuerzas negativas, hay que cambiar la polaridad de las personas, ayudar a venir la positividad en todos los que están cerca de ti. Así irás ayudando, hay que enseñar a dejar lo negativo. Tiene que venir un tiempo de energía positiva general para ayudar a la reconstrucción del planeta que tan destruido está. No olvides tu causa, enséñala ya, se acercan los tiempos en que tu ayuda fructificará y estarás contento de lo que has hecho.

¿Y a qué has venido a este lugar? Has venido a ayudar a tu ciudad y a la gente que ya te explicaron; acéptalo conscientemente y empieza a actuar. Hay gente extraña de esta tierra que también te va a ayudar, se juntan ahora y empiezan a trabajar, un conjunto de almas, serenas, tranquilas, con más sabiduría que tú y que ella, que empezaron ya el camino hace algún tiempo, están trabajando, se juntarán con ustedes y todos actuarán juntos para salvar la parte del planeta que les corresponde ayudar. No te olvides, la naturaleza, las plantas son necesarias, acuérdate.

Andrés: ¿Las personas son de otro planeta?

Elizabeth: ¡No! Están cerca de ti, están acá, en esta ciudad. De a poco empezarán a conectarse contigo, te las enviaremos enseguida, son muchos, están todos acá y vendrán poco a poco. Se acercarán, los reconocerás, conversarán estos temas, ampliarán su conocimiento, sabrán cómo necesitan trabajar. No te preocupes, quédate tranquilo y espera la llegada de la ayuda del Más Allá. Todos te queremos, todos te ayudamos, cumple tu obra, estás en el camino, estás bien. Necesitas solo paz y tranquilidad.

Andrés: Gracias por toda la orientación y la información entregada.



Extracto de MAESTROS ESPIRITUALES I
Mensajes y sanación
Salim Hodali - María Eugenia Muñoz - Erna Lueg

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