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    Seth
    La imaginación y las creencias. I


    SESIÓN 619, 9 DE OCTUBRE DE 1972 2I.O6 LUNES

    Mi madre vive con mi hermano y su familia en una pequeña localidad al norte del estado de Nueva York, cerca de Rochester, y Jane y yo los habíamos visitado el fin de semana. Conduciendo de regreso a Elmira esta mañana, Jane comentó: «Alguien está trabajando en el libro de Seth, te lo puedo asegurar. Sigo recibiendo fragmentos de él. Trata de la imaginación y las creencias, creo, y cómo interactúan, sólo que hay aún mucho más. Bien -añadió, contenta-, es bueno saber que se hace el trabajo...»

    Os deseo buenas noches.

    Retomemos el dictado. La imaginación desempeña un papel importante en vuestra vida subjetiva, ya que proporciona movilidad a vuestras creencias. Es uno de los agentes motivadores que ayudan a transformar vuestras creencias en experiencia física. Así pues, es de vital importancia que comprendáis la interrelación entre las ideas y la imaginación. Con el fin de desechar las creencias inapropiadas y establecer otras nuevas, debéis aprender a emplear la imaginación para desplazar conceptos dentro y fuera de la mente. El uso adecuado de la imaginación puede impulsar ideas en la dirección que deseéis.

    Fin del capítulo tercero.


    4. LA IMAGINACIÓN Y LAS CREENCIAS, Y UNAS BREVES PALABRAS SOBRE EL ORIGEN DE LAS CREENCIAS

    En la vida física, la mente consciente depende en gran medida del funcionamiento del cerebro físico. Tenéis una mente consciente tanto si estáis encarnados o no, pero cuando estáis orientados físicamente la mente está conectada al cerebro físico.

    El cerebro, hasta cierto punto, mantiene la mente enfocada tridimensionalmente. Os orienta hacia el entorno en el que debéis funcionar, y es gracias a la relación de la mente con el cerebro temporal que percibís el tiempo como una serie de momentos.

    El cerebro canaliza hacia la estructura física la información que la mente recibe, de modo que vuestra experiencia se tamiza físicamente y se traduce automáticamente en unos términos que el organismo pueda comprender. Por ello, hablando desde el punto de vista físico y de la vida tal como la concebís, la mente depende en gran medida del desarrollo y actividad del cerebro. Hay cierta información necesaria para la supervivencia física que debe enseñarse y pasarse de padre a hijo. Existen premisas básicas de naturaleza general con las cuales nacéis; pero, como las condiciones específicas del entorno son muy diversas, dichas premisas deben aplicarse. De modo que es necesario que el hijo acepte creencias de sus padres, ya que éstas refuerzan el grupo familiar cuando el hijo necesita mayor protección. Así pues, esta aceptación de creencias es importante en las primeras etapas de la vida, cuando el bebé se convierte en niño. El hecho de compartir ideas comunes no sólo protege a la nueva generación de los peligros que son evidentes a los padres, sino que también sirve como marco de referencia dentro del cual el niño puede crecer y desarrollarse.

    Esto proporciona un cierto margen de libertad hasta que la mente consciente es capaz de razonar por ella misma y elaborar sus propios juicios de valor. Más adelante comentaremos los aspectos más generales del origen de las ideas, pero por ahora hablaremos de lo que concierne a esta vida, la que vosotros conocéis.

    Las creencias que recibís, por tanto, son las concepciones que vuestros padres albergan sobre la naturaleza de la realidad. Se os transmiten a través del ejemplo, la comunicación verbal, y el refuerzo telepático constante. Recibís ideas sobre el mundo en general y sobre vuestra relación con él; y de vuestros padres también recibís nociones de lo que sois. Vais aprendiendo sus ideas acerca de vuestra propia realidad.

    Por debajo de todo ello, dentro de vosotros lleváis indefectiblemente el conocimiento de vuestra identidad, sentido y propósito, pero durante las primeras etapas de crecimiento se presta mucha atención a que os relacionéis con el mundo físico. Ésas son creencias direccionales que recibís de vuestros padres, y que os orientan de una manera que ellos creen segura. Protegido con estas creencias, el niño puede estar a salvo y satisfacer su curiosidad, desarrollar sus facultades y volcar toda su energía en áreas de actividad bien delimitadas.

    De modo que la aceptación de creencias es muy necesaria, especialmente en los primeros años de vida. No hay razón alguna, no obstante, para que una persona no pueda deshacerse de las creencias y experiencias de la infancia. La naturaleza de algunas de estas creencias es tal que, a pesar de que las más obvias se reconocen como dañinas o insensatas, "otras relaciones con ellas" quizá no se comprendan con la misma facilidad.

    Veamos un ejemplo. Tal vez os parezca tonto que alguna vez creyerais en el pecado original. Pero quizá no advirtáis que gran parte de vuestras acciones actuales se basan en una creencia en la "culpa". Hablaremos extensamente del modo en que vuestras creencias pueden estar relacionadas dado que no estáis acostumbrados a examinarlas.

    Quizá digáis: «Estoy gordo porque me siento culpable acerca de algo que tiene que ver con mi pasado». Tal vez tratéis de descubrir cuál fue ese suceso enjuiciable, pero en este caso el problema es una creencia en la culpa misma.

    No tenéis que acarrear una creencia así. Sé muy bien que vuestra civilización tiene poderosos elementos basados en la idea de culpa y castigo. Muchos de vosotros creéis que sin un sentimiento de culpa no hay disciplina interna, y que sin ella el mundo sería una selva. Ya es una selva actualmente, y no por falta de sentimientos de culpa y castigo, sino en gran medida "debido" a ellos. Pero ya nos referiremos a esto en otra parte del libro.

    Las primeras ideas que os dan vuestros padres, por tanto, estructuran vuestras experiencias de aprendizaje, establecen las fronteras seguras dentro de las cuales podéis vivir los primeros años. Sin ser muy conscientes de ello -ya que vuestra mente, conectada al cerebro, no está muy desarrollada- vuestra imaginación se encarrila a lo largo de ciertos caminos.

    La imaginación sigue en gran medida a las creencias, aunque no por completo, y otro tanto ocurre con las emociones. Hasta cierto punto existen unas pautas generales. Un niño llora cuando le duele algo. Deja de llorar cuando el dolor cesa, y la emoción que acompañaba al llanto cambia automáticamente por otra. Pero, si el niño descubre que prolongando el llanto después del suceso logra una atención y consideración extras, empezará a prolongar la emoción.

    Desde las más tempranas etapas de su vida, el niño compara automáticamente su interpretación de la realidad con la de sus padres. Puesto que los padres son más grandes y más fuertes y satisfacen tantas de sus necesidades, el niño trata de hacer coincidir su experiencia con las expectativas y creencias de los padres. Mientras que es muy natural que el niño llore o se sienta «mal» cuando se hace daño, una creencia puede reforzar de tal modo esta tendencia, que se adopten los sentimientos de desolación prolongados como pautas definitivas de comportamiento.

    Detrás de ello se esconde la creencia de que todo daño es "intrinsecamente" un desastre. Dicha creencia puede tener como origen, por ejemplo, una madre que se preocupa en exceso. Si la imaginación de una madre así obedece a su creencia -cosa que de hecho hace-, percibe inmediatamente un gran peligro potencial para su hijo ante la menor amenaza. La conducta de la madre, y su comunicación telepática, le envía al niño ese mensaje, y éste reacciona según dicha creencia.

    En la mente consciente subyacen muchas creencias así. Como el adulto no suele examinar sus creencias, puede ser totalmente inconsciente de que alberga una idea de ese tipo. Pero la idea misma no está enterrada ni es inconsciente: simplemente está sin examinar.

    De modo que una de las creencias que más estorban, tal como mencioné anteriormente (en la sesión 614), es la idea de que las claves para comprender el comportamiento actual yacen enterradas y son normalmente inaccesibles. Esta creencia de por sí aísla los contenidos de la mente consciente e impide que busquéis ahí las respuestas que "son" accesibles.

    Le dije a Jane que había pensado en utilizar el péndulo después de la sesión para llegar a la causa del fenómeno de la mano, ya que no quería interrumpir el dictado del libro preguntándole esto a Seth. (Brevemente, para aquellos que me han formulado la pregunta: el péndulo es un método muy antiguo. Lo utilizo, con excelentes resultados, para obtener respuestas ideo-motrices -«subconscientes»- sobre conocimientos que residen fuera de los límites de mi conciencia habitual. Sostengo un pequeño objeto pesado suspendido de un hilo de modo que pueda moverse libremente. Al hacerle preguntas mentalmente, obtengo respuestas afirmativas o negativas según el péndulo se balancee hacia adelante y atrás o de izquierda a derecha.)

    Mientras hablábamos de nuestros problemillas individuales, Jane concluyó que debíamos tomar una decisión: o bien preguntábamos sobre ellos, o continuábamos con el trabajo del libro. Los dos canales de Seth estaban completamente abiertos. A pesar de que deseábamos que continuara el dictado, también nos interesaba saber más acerca de nuestros problemas personales. Sintiéndonos un tanto culpables, optamos por esto último; pero, a medida que el material avanzaba, nos alegramos de haber tomado esa decisión.

    Ésta es vuestra información.

    En primer lugar, todo "se encuentra" en la mente consciente. El péndulo es un método que te permite ver el material consciente que no está organizado en creencias "reconocidas". Quiero que entendáis esto, ya que de esta manera no puedo dirigirme personalmente al lector.

    La creencia es consciente. Eres bien consciente de ella, pero no así de las que dependen de ella. La creencia es que no te comunicas bien con tu madre.

    Seth tenía toda la razón. Y, hablando de ver la luz proverbial, de repente vi la creencia que había estado delante de mis narices todo el tiempo. Recordad que Jane y yo habíamos pasado el fin de semana visitando a mi madre, mi hermano y su familia.

    De ella depende otra creencia, la de que esta falta de comunicación es algo malo, y que mereces un castigo por las cosas malas. Al escribir al dictado este libro nos estás ayudando a comunicarnos con muchas personas, mientras que al mismo tiempo crees que no te puedes comunicar con tu madre.

    Estas creencias juntas, por tanto, provocan una tensión en la mano que escribe. Sencillamente, quieres expresar a través de las sesiones estas ideas en las que tanto crees, pero te sientes o te crees culpable por hacerlo porque no puedes transmitirle esas ideas a tu madre.

    Así pues, las creencias en conflicto provocan dificultades en el método, y la mano no se mueve automáticamente con la gracilidad que debería. También "crees" que te comunicas mucho mejor a través de la escritura que oralmente. A menudo le escribes notas a Ruburt, con mensajes sencillos y bellos que encuentras difíciles de transmitir oralmente "debido" a tu creencia.

    De modo que esta noche te sientes culpable porque te comunicas con los demás mediante la trascripción de las notas, mientras que crees que no pudiste hacerlo con tu madre verbalmente. De esta forma el método se ve afectado por tus creencias.

    Te digo todo esto para mostrarte cómo funcionan las creencias.

    También "crees" (podrías subrayar cada «creer» mientras te hablo) que tu principal método de comunicación es la pintura, y en cambio la forma de difusión que usas ahora es tomar notas.

    Esto ha ocurrido porque han entrado en conflicto dos creencias secundarias actuales, relacionadas con las vivencias del fin de semana. Una, que deberías estar en Rochester, como lo estuviste, hablando con tu madre. Y la segunda, que deberías haber estado aquí, comunicándote con el mundo en general a través de tu pintura.

    En cambio, a tu regreso te estás comunicando con el mundo con tus anotaciones, una elección que hiciste conscientemente, pero sin serlo del todo acerca de los otros contenidos de tu mente consciente, y de las creencias «en conflicto». ¿Comprendes?

    Estas creencias mencionadas resultan muy obvias cuando te las señalo, pero su naturaleza opuesta facilitaba datos confusos a la conciencia del cuerpo: escribir y no escribir.

    También interviene la idea de castigo, la creencia en ella. De todos modos haces lo que decidiste hacer -celebrar la sesión- pero castigándote con tu interpretación personal.

    La «situación» de tu madre, según "crees", implica una falta de comunicación. Tu hermano explicó que a veces le falla el habla. Pues bien, tu interpretación consciente de un autocastigo apropiado era la falta de movilidad en la mano. Trato de expresar esto en términos sencillos de forma que puedas seguir la relación de los elementos.

    Como crees que tu método de expresión es principalmente a través de tu mano cuando pintas, y crees que la de tu madre es oral, alteraste el movimiento de la mano, y no, por ejemplo, tu habla. ¿Puedes seguir esto conscientemente?

    En ciertos momentos hiciste esas elecciones conscientes. No te dabas cuenta, pero existían como puntos conscientes de plena conciencia y elección. ¿Tienes alguna pregunta?

    Bueno, Ruburt ha estado ocupado recientemente reorganizando algunas creencias de las que quiere deshacerse. Las ha ido desprendiendo, de modo que van dando vueltas en su conciencia. Se está haciendo consciente de ellas, y ya no son tan invisibles como lo eran. Está enfrentándose a muchas de ellas por primera vez.

    Ambos deberíais ser igualmente plenamente conscientes de las ideas beneficiosas y de su importancia en vuestras vidas, y esto será un tema del libro.

    Esta noche Ruburt estaba en cierto modo exhausto por comparar vuestras creencias conjuntas con las de la familia de tu hermano, por cotejar sus creencias corporales con las de esas personas y ver en qué resultaban perjudiciales las suyas propias; pero también contrastó sus facultades personales psíquicas y creativas con las de ellos, y eso lo animó. El resultado fue que Ruburt se sentía a la vez exhausto y animado.

    Me ocupé de que supiera que yo estaba trabajando en nuestro libro, y algunas ideas sobre éste pasaron a su conciencia. En el pasado, él no creía posible esta afloración de pensamientos, y por tanto normalmente no surgían en su experiencia. Estaban ahí, pero su creencia le impedía reconocerlos.

    De vez en cuando daré material secundario para Ruburt y también para ti, de modo que en el libro habrá un capítulo para vuestro uso personal. Es de vital importancia que os deis cuenta de que tenéis que trabajar con las creencias de vuestra mente, que el trabajo real se realiza ahí en la mente, y que no busquéis resultados físicos "inmediatos".

    Éstos seguirán "con tanta certeza y seguridad" como lo hicieron los resultados «malos», y eso debe constituir una creencia: que los resultados buenos llegarán. Pero el trabajo real se realiza en la mente. Si lo hacéis, podéis estar seguros de los resultados, pero no debéis intentar verificarlo constantemente. ¿Comprendéis la diferencia?

    Las creencias siempre cambian en cierto grado. Como adultos realizáis muchas actividades que de niños creíais que no podríais hacer. Por ejemplo, quizás a los tres años creyerais que era peligroso cruzar una calle. Es de suponer que ahora habéis descartado esa creencia, a pesar de que era correcta y necesaria cuando erais más pequeños. Si vuestra madre, no obstante, reforzaba esa creencia telepática y verbalmente con imágenes espantosas del peligro potencial que suponía cruzar la calle, quizás aún acarreéis ese temor emocional, y ocupéis la mente en imaginar posibles accidentes.

    Las emociones y la imaginación obedecen a la creencia. Cuando la creencia se desvanece, cambia el contexto emocional y la imaginación se vuelve hacia otras direcciones. Las creencias movilizan automáticamente las facultades emocionales e imaginativas.

    Son muy pocas las creencias que sólo son intelectuales. Cuando examináis los contenidos de la mente consciente, debéis aprender a reconocer las connotaciones emocionales e imaginativas relacionadas con una idea dada. Hay varias formas de alterar la creencia sustituyéndola por la opuesta. Una posibilidad es generar la emoción Opuesta a la que surge de la creencia que se quiere cambiar, y proyectar la imaginación en dirección contraria a la dictada por la creencia. A la vez, hay que decirse conscientemente que la creencia insatisfactoria sólo es una idea sobre la realidad y no un aspecto de la realidad misma.

    Debéis comprender que las ideas no son inamovibles. Las emociones y la imaginación las mueven en una u otra dirección, las refuerzan o las niegan.

    Deliberadamente hacéis juegos mentales como los niños, y durante un tiempo hacéis caso omiso de lo que "parece" ser físicamente y fingís que lo que queréis es real.

    Si sois pobres, fingís que tenéis todo lo que necesitáis económicamente, y os imagináis cómo gastaréis el dinero. Si estáis enfermos, os imagináis que estáis curados e imagináis lo que haríais. Si tenéis dificultades para comunicaros con los demás, os imagináis haciéndolo con desenvoltura. Si sentís que vuestros días son oscuros y sin propósito, os los imagináis satisfactorios y alegres.

    Pues bien, esto puede parecer poco práctico, y no obstante en la vida diaria soléis emplear la imaginación y las emociones al servicio de creencias mucho menos valiosas; y los resultados son evidentes y -permitidme añadir- desgraciadamente verdaderos.

    Así como la materialización de las creencias insatisfactorias llevó cierto tiempo, también "puede" pasar cierto tiempo hasta que observéis resultados físicos; pero las ideas nuevas se desarrollarán y cambiarán vuestra experiencia de forma tan certera como lo hicieron las viejas. El proceso de imaginar también os enfrentará a otras ideas secundarias que quizás os detendrán momentáneamente. Tal vez veáis que mantenéis simultáneamente dos ideas en conflicto, y ambas con igual fuerza, de modo que vosotros mismos os habéis estancado.

    Quizá creáis que tenéis derecho a la salud, pero al mismo tiempo creáis con igual intensidad que la condición humana es por naturaleza corrupta. Así que trataréis de estar sanos y no sanos al mismo tiempo, o de tener éxito y fracasar, según vuestro sistema de creencias individual (más adelante veremos cómo las creencias habitualmente forman parte de un sistema de ideas relacionadas). Esto es todo por esta noche.

    A la mañana siguiente, Jane me dijo que ella o Seth habían trabajado en el libro toda la noche. Cada vez que se despertaba tenía lugar un dictado, y era bastante insistente, casi desagradable a veces. Jane ya había tenido experiencias semejantes con respecto al libro y, aunque no es algo que le ocurra cada noche, le sugerí que al irse a dormir se dijera que no sería consciente de ese tipo de actividad durante las horas de sueño. También acordamos preguntarle a Seth acerca de ello.




    Extracto de Habla Seth III
    A través de Jane Roberts



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