Cuáles situaciones te causan algún sufrimiento o miedo?

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¿Cuáles situaciones son las que te causan aún algún tipo de sufrimiento o de miedo? Si encontraron situaciones, recuerden esta frase de la sabiduría que dice: “Aquello que más teméis caerá sobre vosotros”... Parece como injusto... O aquella otra de la sabiduría popular que dice, “Al que no le gusta el caldo se le dan dos tazas”. ¿A qué se refieren esas dos frases? A que lo que a mí no me gusta, es precisamente lo que necesito asumir y aceptar. Mientras más lo rechazo, con mayor fuerza la vida me lo presenta. Todo aquello a lo que le hago resistencia, hago que se manifieste. A lo que no le hago resistencia, no puede manifestarse. Entonces si le hago resistencia al caldo se manifiestan dos, tres, cuatro y hasta cinco tazas... Pero si no le hago resistencia, no se manifiesta ninguna. Con el miedo es lo mismo. Aquello a lo que yo le tengo miedo es a lo que le hago resistencia, y como le hago resistencia se manifiesta. Si yo lo acepto ya no necesita manifestarse.

De manera que eso que anotaron en la primera pregunta, empiecen a trabajarlo para comprenderlo, para aceptarlo, para que no se manifieste con ustedes o contra ustedes. Ese es el ejercicio. Esto es lo que puede producir lo que llamamos el milagro o la magia: si no le hago resistencia, no hay posibilidad de que se manifieste. ¿Cómo se puede manifestar algo a lo que no le hagas fuerza?

¿Qué es lo que no estás aceptando de cada una de las situaciones anteriores? Esa es la causa del problema y la causa de mi sufrimiento, pero esa también va a ser la solución en la tercera pregunta: ¿Qué necesitas comprender de cada una de estas situaciones? Necesito comprender que todo lo que sucede en el universo es perfecto y es necesario.

Si tú pierdes algo que no necesitas, no sientes nada, o no tendrías que sentir nada...

Es decir... Supón que tú tienes una bolsa de basura y alguien se la lleva, ¿qué sientes? No necesitabas la basura; lo que pensabas era deshacerte de ella y alguien te hizo el favor de llevársela... El problema cuando yo pierdo algo y sufro por ello es porque yo pienso que me quitaron algo que yo necesitaba, entonces esa va a ser la causa de mi sufrimiento. Pero si yo lo veo como algo que no necesitaba, desaparece el sufrimiento. De hecho, si pierdo algo es porque no lo necesito. Está regido por leyes exactas.

La última pregunta, que complementa la tercera: ¿Cómo influiría en tu vida el hecho de que pudieras aceptar cada una de estas situaciones (las que anotaste en el ejercicio)? Influiría de una manera tan poderosa, que te llevaría a vivir una experiencia que los maestros llaman La Renovación de Vida. El Plan de Renovación de Vida tiene cuatro (4) pasos:

1. Observo ante qué estoy sufriendo.

2. Busco comprender qué es lo que yo no estoy aceptando.

3. Una vez ubicado, busco la información para comprender por qué razón suceden esas situaciones que yo no acepto.

Si logro comprender por qué suceden, y les veo el valor y el propósito que tienen, entonces las acepto.

4. Al aceptarlas, mi sufrimiento desaparece totalmente y entro a una nueva experiencia de vida.

Ejemplo: me estoy sintiendo mal porque mi hijo va perdiendo el año en el colegio. Ya tengo dos pasos: estoy sufriendo y comprendo la razón por la cuál sufro, lo que no acepto. Luego el tercer paso: comprendo en qué se origina esta situación. Comprendo que ganar o perder un año no significa nada en la vida de un ser humano, sino que cada ser humano tiene su propio ritmo de aprendizaje. Que cada quien vive una experiencia que para él es valiosa. Entonces voy a aceptar, en este ejemplo, que mi hijo bien puede perder el año como una experiencia para él. Que será enriquecedora si reflexiono acerca de ella, pero no tengo por qué sufrir ante eso...

Si comprendo eso, ya puedo hacer el cuarto paso. ¿Cómo influiría ese hecho en mi vida? Influiría en que yo no volvería a sufrir si mi hijo pierde o no los años, sino que voy a aprovechar eso para que él pueda ver cual es su ritmo y aprovechar su vida. Comprendo que ser feliz no depende de aprobar años, sino de aprender a fluir con la vida. Si una persona hace eso, entonces le viene una sorpresa: el hijo no vuelve a perder años, porque dejó de presionarlo. Es un ejemplo nada más, pero sirve para aplicarlo a cualquier cosa.

También puede estarse dando una experiencia de destinos complementarios. Los padres están en un extremo y los hijos en el otro. Los padres están sufriendo porque a ellos les parece injusto que inviertan un dinero y un esfuerzo para que sus hijos tengan un estudio, y los hijos no lo aprovechen. ¿Qué hacen normalmente los padres, ante esta situación? El punto de vista de ellos es muy sencillo: “Es injusto e ilógico que yo me mate trabajando para que mi hijo no aproveche lo que yo hago por él“. ¿Dónde ven ustedes el error? Hay varios. El primer error, es que no me mato trabajando por él sino por mí, porque decido hacerlo. El segundo error es que lo estoy culpando a él de lo que decidí hacer: pagarle el colegio. El tercer error es que lo estoy culpando de no comportarse como yo quiero... lo estoy culpando a él de que yo me sienta mal por su comportamiento. El cuarto error es que en lugar de buscar la causa del problema decido sufrir y luego, muy posiblemente, castigar. Ya voy en cuatro... y así seguimos sumando una serie de errores.

Miremos el error desde el otro lado ahora, ¿cuál es el error del muchacho? Que en un momento dado valora más el atractivo de un placer inmediato, que para él puede ser importante, y no le da mucha importancia a perder un año porque él ha verificado que igual con la cantaleta o con el regaño, lo padres le van a seguir pagando el estudio y piensa, “¿Cuál es el problema? No me gradúo en este año, me gradúo en el otro”.

Entonces, ¿cuál es la solución? Primero, dejar de cometer los errores como culpar al hijo de que yo me estoy matando por el; me estoy matando porque esa es mi decisión de matarme. Segundo, permitir que él asuma el resultado de aprovechar o no, lo que se ha puesto a su disposición. Eso se hace diciéndole: “Mira, la decisión de estudiar, o no, es tuya y no mía. Si tú no quieres estudiar yo te respeto, pero asume los resultado”. ¿Cómo se asume un resultado? “Para poder obtener un beneficio cualquiera, yo necesito hacer un compromiso y tener una función. Tú tienes derecho a no hacer nada, a ser vago si quieres, pero entonces no tienes derecho a tener estos y estos beneficios... ¡Esa es tu decisión!”.

Entraríamos a un proceso de educación. El problema a resolver es que no estoy aceptando que he tomado una decisión, y yo lo estoy culpando a él por esa decisión mía. Ese es el problema a resolver. Si aceptara la situación y no sufriera por ella pero tomara una acción apropiada, el problema se solucionaría inmediatamente. No tengo que culpar a nadie por las decisiones que yo tomo...

Es como la persona que le presta un dinero a otro y lo culpa porque no se lo pagó... Es lo mismo, porque la otra persona no tiene la culpa de que yo tomara la decisión de prestarle el dinero... Decimos. “¡Pero confié en usted!” ...

Pues él no tiene la culpa de que yo confiara en él. Son decisiones mías que yo no asumo. Mi problema es que no estoy aceptando una realidad. Primero, no acepto que el dinero se perdió. Segundo, no acepto que yo tomé la decisión de prestarlo. Tercero, no estoy aceptando que yo tomé la decisión de confiar en él. Y todas esas fueron decisiones mías y no las asumo, además lo estoy culpando a él y además sufro. ¿Qué sería sabio en este caso?

Aceptar que el dinero se perdió. Aceptar que la decisión de prestarlo fue mía. Aceptar que la decisión de confiar en alguien fue mía. Así, acepto que hay una experiencia valiosa para que la próxima vez yo tome mejores decisiones...

Ahí estaría la persona aceptando, se acabó el sufrimiento. Acabo simplemente de pagar una suma x por aprender a asumir mis decisiones... ¿no les parece barato?.

El apego es una parte del egoísmo que no puede aceptar la felicidad de otro y ser feliz con ella. La liberación es que la felicidad depende de mí y aún puedo ser doblemente feliz si puedo disfrutar a las personas que amo, aunque estén en otro lugar.



Extracto de Gerardo Schmedling

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