La ceremonia de la iniciación.

V.B. Anglada


Cuando en los tratados esotéricos se hace referencia a la Iniciación se habla también de ciertas ceremonias o de ciertos rituales mágicos como formando parte inseparable de la misma. La Vida, en todas sus manifestaciones es una expresión mágica y la liturgia en todas las religiones es asimismo una representación mágica u objetiva de los acontecimientos internos relacionados con la vida del Espíritu. Se trata de una fórmula invocativa lanzada a los éteres del Espacio con respuesta angélica, estando relacionada tal respuesta con la calidad de la liturgia o de las ceremonias las cuales, como es natural, vendrán condicionadas por la trascendencia de los acontecimientos internos que intentan revelarse.

No tienen por lo tanto idéntica representación mística o espiritual las ceremonias mediante las cuales un candidato es introducido en los misterios menores de alguna orden secreta en el mundo externo, como por ejemplo, la sociedad masónica o la orden rosacruz o las que se realizan en las distintas iglesias del mundo, que las ceremonias realmente ocultas y trascendentes mediante las cuales el candidato a la Iniciación es introducido en el "Cuerpo de Misterios de la Divinidad", es decir, en los Misterios del Reino tal como místicamente se dice. La Ceremonia ejerce en todo momento una potente presión en la totalidad del ambiente etérico circundante o en el lugar preciso en donde la Iniciación tiene efecto, para evocar así de las entrañas de los éteres la correspondiente respuesta angélica, pero hay indudablemente una enorme diferencia de potencial invocativo entre las diferentes formas de liturgia.

Cada iglesia y cada grupo religioso tienen sus peculiares sistemas de contacto angélico, aunque se utiliza casi indistintamente la campana como principal agente invocativo, pues de todos los instrumentos conocidos es el que más acertadamente imita el Mántram solar AUM, u OM (1). Se nos ha explicado esotéricamente que los grandes sacerdotes atlantes habían construido las primeras campanas ajustando su forma a la de la laringe humana, la única en la Naturaleza que puede pronunciar correctamente el Mántram solar. Así las ceremonias de casi todas las religiones tratando de reproducir ritos solares utilizan la campana como elemento de contacto con determinadas jerarquías angélicas capaces de responder a estos místicos sonidos. Las grandes campanas situadas en lo alto de las iglesias, templos o pagodas, más que instrumentos sonoros para llamar a los fieles a la oración, aunque en este sentido cumplen un especial cometido, son instrumentos mágicos de invocación de los Ángeles.


(1) El "AUM" es representativo de misterios menores, corresponde al "HÁGASE LA LUZ" de los textos bíblicos y al "AMEN" de los cristianos es expresión de:
A. El principio mental inferior (Reino animal).
U. El principio ASTRAL, EMOCIONAL o psíquico (Reino vegetal).
M. El cuerpo físico, que no es un principio (Reino mineral).
El OM es representativo de MISTERIOS MAYORES por cuanto es expresión de la vida espiritual del Alma misteriosa de la Divinidad, oculta pero eternamente presente en el centro místico de toda cosa creada, siendo únicamente consciente en el hombre y caracterizando al Reino humano.


De esta forma se precipitan alrededor de los templos y lugares de ceremonias grandes concentraciones de energía dévica que les prestan a los mismos este aire de solemnidad y de serena majestad.

Otro aspecto singularmente interesante e invocativo de la liturgia y de los rituales mágicos es la representación del misterio de la Creación a través del Cáliz y del Verbo, de la Copa sagrada y del Vino. Una representación simbólica de la sangre del Cristo en la liturgia cristiana, pero que ya antiguamente y con ciertas variantes formaba parte los Misterios invocados en el sagrado culto de Mitra. La Sangre, en su significación esotérica, es Éter en constante movimiento dentro y fuera de todas las formas de la Naturaleza.

Luego, la introducción de la Sangre de Cristo en el interior del Cáliz sagrado, un hecho histórico atribuido a José de Arimatea, sólo ha de ser considerado como una representación simbólica mediante la cual se da vida al Misterio de la Eucaristía en muchas órdenes secretas y místicas del mundo, teniendo como significado único e incontrovertible la manifestación del Espíritu, o del Verbo, en cualquier tipo de Cáliz o de Forma en la Naturaleza, sirviendo de vehículo de comunicación de los Ángeles, los alados Mensajeros de la Divinidad, que comunican virtualidad y movimiento a la Sangre que llena de vida el Universo, es decir, al Éter primordial mediante el cual los Dioses creadores pueden comunicarse con los hombres en los dilatados confines de la Naturaleza.

Todo Cáliz consta indistintamente de tres partes principales, prescindiendo de los ornamentos accesorios o superficiales que le han ido añadiendo las distintas religiones del mundo a medida que iban alejándose de los prístinos Misterios originales: la BASE, el SOPORTE y la COPA, o parte continente del Verbo, representaciones simbólicas de los vehículos físico, emocional y mental de los seres humanos y de los tres primeros Reinos de la Naturaleza, el Mineral, el Vegetal y el Animal. El Verbo, o Alma espiritual del Creador, viene -casi indistintamente- simbolizado en todos los cultos religiosos en forma de un disco de oro, representación genuina del sol, o de la hostia sagrada en el sacramento de la Eucaristía cristiana.

En los primitivos cultos atlantes, cuando todavía las ceremonias contenían altos secretos solares, tal era la disposición geométrica del Símbolo. La BASE del Cáliz era un cubo perfecto, el SOPORTE era un prisma triangular siendo perfectamente equilátera la base del mismo y la COPA era una semiesfera hueca de puro cristal de roca tallado por procedimiento mágico. Encima de esta COPA mística se hallaba suspendida mediante un proceso oculto de levitación una esfera de oro maciza que ajustaba perfectamente en la semiesfera de cristal. Este Cáliz se hallaba fijo sobre el altar. El Oficiante, habitualmente un Iniciado en los Misterios, se limitaba a entonar mántrams a intervalos regulares y a efectuar ciertos movimientos de carácter ritualístico o mágico. Durante el curso de la ceremonia y a cierto tipo de invocación o de mántram de la que participaban los congregantes, la esfera de oro descendía al interior de la COPA y se veía entonces brillar ésta con rayos de intenso color áureo.

Al mismo tiempo, suaves melodías angélicas llenaban el ambiente y el corazón de los fieles de un inusitado sentimiento de mística expectación que propiciaba la revelación de las altas verdades cósmicas que el Verbo irradiando a través del Cáliz estaba revelando. Sin embargo, pasaron aquellos tiempos en que los Ángeles formaban parte de los Misterios externos y los santificaban con su inmaculada Presencia. En la actualidad no existen fórmulas positivas de contacto angélico por cuanto los hombres han perdido la fe interna y los sacerdotes oficiantes aquella efectiva gracia producto de una gran evolución espiritual. Los ritos, las ceremonias y la liturgia han perdido su sacrosanto poder mágico. Ha pasado ya mucho tiempo desde que se perdieron las fórmulas mantrámicas de contacto y los Ángeles superiores han dejado de asistir a las ceremonias de las religiones organizadas del mundo.

El Cáliz es solamente un precioso ornamento externo, estético o artístico y una joya de gran valor por la calidad de los materiales que lo componen, pero místicamente, desde el ángulo de los Misterios, ha dejado de tener significado espiritual y es simplemente una cosa más añadida a las otras muchas que en su totalidad constituyen el soporte actual de los rituales en las grandes religiones del mundo.

El Misterio de la Iniciación al cual va dedicado nuestro máximo empeño carece de ornamentos externos. Su expresión es supremamente vivida y actuante. El sacerdote es el Hombre interno, el cual, en aquellos momentos, representa místicamente a la humanidad y deposita el Cáliz sagrado de su vida sobre el altar del sacrificio personal para que sea llenado por el Verbo de revelación, imagen glorificada del Espíritu Santo.

Insistiendo en la simbología mágica del Cáliz atlante, vemos que la disposición de sus tres elementos constituyentes ofrecían las siguientes particularidades:


LA BASE CÚBICA

Constituida por seis superficies cuadradas, simbolizaba:

a) Los Cuatro elementos conocidos: tierra, agua, fuego y aire.
b) Los Cuatro vehículos periódicos del hombre: cuerpo físico, vehículo etérico, cuerpo emocional y mente inferior.
c) Los Cuatro Reinos de la Naturaleza: Mineral, Vegetal, Animal y Humano.
d) Los Cuatro puntos cardinales: Norte, Sur, Este y Oeste.
e) Las Cuatro fases de la Luna: nueva, creciente, llena y menguante.
d) Los Cuatro Señores del Karma que utilizan todos aquellos elementos para confeccionar el destino de los seres humanos.


EL SOPORTE

Un prisma triangular de base equilátera, que se elevaba por encima del Cuaternario era la representación simbólica y mística de la Tríada Espiritual constituida por:

a) ATMA, la Voluntad Espiritual de la Mónada.
b) BUDHI Su indescriptible Amor incluyente.
c) MANAS, Su infinita Inteligencia creadora.


LA COPA

Una semiesfera de Cristal puro que debía contener el Verbo, constituía la parte visible del Misterio total que intentaba revelarse, ya que sólo es posible extender la visión o percepción humana a 180º, es decir, a la mitad de la esfera celeste, quedando la otra mitad siempre oculta por la línea transversal del Ecuador.


LA ESFERA DE ORO

Que constituía el Misterio total de la Divinidad en forma de Verbo de Revelación, era el símbolo de la Mónada espiritual del ser humano y durante el curso de la ceremonia y tras la pronunciación de cierto mántram de invocación angélica se introducía en el interior de la Copa de cristal volviéndola refulgente y permitiendo a los congregantes que durante breves instantes su visión interna se extendiese en todas direcciones abarcando los 360º de la visión total del Misterio. Era también la representación simbólica de la clarividencia superior mediante la cual se percibe en todas direcciones y para la cual no hay ni longitud, ni latitud, ni arriba ni abajo, ni delante ni detrás, ni izquierda ni derecha...

El símbolo iniciático del Cáliz es la representación genuina de la vida de la Naturaleza, siendo el Verbo la expresión de la esencia creadora de la Divinidad la cual, a través de los Ángeles, llena de Sangre o de Vida todas las formas o cálices que en su totalidad constituyen el Universo manifestado. Igual sentido tiene la imagen del SANTO GRIAL, cuya Copa de oro refulgente era intuida "a distancias inverosímiles", tal como rezan los comentarios esotéricos, por las altas individualidades del planeta, siendo una cálida demostración de que en su interior moraba el Espíritu de la Divinidad, el verdadero sentido de que la sangre es VIDA.

Así, los iniciados atlantes, los adeptos del Culto de Mitra, los sacerdotes celtas, los Caballeros de la Tabla Redonda, los esforzados paladines de la Orden de los Templarios, los nobles Ismaelitas del ISLAM, etc., no eran en su conjunto sino expresiones de la humanidad altamente evolucionada que mediante el culto sereno de la "sagrada ofrenda de sí mismos", eran ayudados y asistidos por los Ángeles. Éstos, adoptando muchas veces forma humana los conducían a través de ciertas obligadas pruebas iniciáticas al "Castillo", a "Avallón" o a la "Isla Blanca" de SHAMBALLA, en donde se halla permanentemente la Sede del SANTO GRIAL, por cuanto es la Morada del Señor del Mundo.



Vicente Beltrán Anglada

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