Curso básico de creciación de la realidad. Clave 8 y 9.

Varios/Otros


En las enseñanzas del budismo Mahayana, se cree que la realidad solamente puede existir en donde nuestra mente pueda crear un enfoque. De hecho, la sabiduría sugiere que tanto el mundo de la forma pura y el mundo amorfo, fueron el resultado de un modo de conciencia llamada "imaginación subjetiva."

Aunque cualquier experiencia ciertamente nos parece muy real, solamente cuando dirigimos nuestra atención, mientras sentimos algo respecto al objeto de nuestro enfoque, es que una posible realidad se convierte en una experiencia "real". Excepto por una ligera variación en el lenguaje, esta antigua tradición suena bastante parecida a la teoría cuántica del siglo XX.
Si todo lo que se debe y lo que no se debe hacer en las posibilidades cuánticas es cierto y la emoción es la clave para escoger la realidad, entonces, la pregunta es: ¿Cómo hacemos para sentir que algo ha ocurrido cuando la persona que está a nuestro lado nos mira de frente y nos dice que no ha ocurrido?" Por ejemplo, ¿nos estamos engañando cuando decimos que un ser amado ya está curado, mientras estamos haciendo guardia en cuidados intensivos en un hospital cualquiera?

La ironía de esta última pregunta es que su naturaleza intrínseca elude una respuesta única.

En un universo de muchas realidades posibles, hay numerosas respuestas potenciales. En algún lugar, entre todas esas realidades alternas, existe un escenario en donde la curación de nuestro ser querido ya ha ocurrido. En algún lugar existe una realidad en donde la enfermedad jamás ha ocurrido.

Por razones que jamás podríamos conocer o comprender, sin embargo, éste no es el resultado que ha sido concientizado, no es la realidad que yace sobre una camilla al frente nuestro.

La respuesta a nuestra pregunta se reduce a lo que creemos respecto al mundo y a nuestro poder de escoger. La respuesta sería entonces: "¿Cuál posibilidad escojo? ¿Cuál realidad escoge nuestro ser querido o el doctor que lo atiende?" Para responder a esto, debemos primero reconocer que tenemos el poder de tomar dicha decisión.

Al igual que la historia de Neville del joven que estaba gravemente enfermo, el presente no está grabado en piedra. Más bien, parece ser suave y maleable, puede incluso cambiar cuando parece que no hay razón para hacerlo. En el relato de Neville, los doctores del joven habían realizado un diagnóstico (escogieron una realidad) con un resultado esperado. Sin saber que él tenía la opción de escoger, el hombre les creyó al principio y acogió su versión de la realidad. Fue solamente cuando le fue ofrecida otra posibilidad y él la aceptó, que su cuerpo respondió a su nueva creencia, y lo hizo rápidamente.

Einstein proclamó su frase célebre que decía que no podemos resolver un problema mientras estemos en el mismo nivel de pensamiento que cuando lo creamos. De forma semejante, no podemos cambiar una realidad si permanecemos en la misma conciencia que la creó. Para asegurar una de las muchas posibilidades descritas en las teorías de las realidades de Copenhague, de los mundos múltiples y de Penrose, debemos localizarla con precisión. Y logramos esto a través de la forma como la "observamos," es decir, como nos sentimos al respecto en nuestras vidas.

Una vez que reconocemos que podemos escoger en función de lo que vemos como nuestra realidad, son comunes las siguientes preguntas: "¿Cómo lo hacemos? ¿Cómo podemos ver a alguien sano cuando el cuerpo de esa persona luce enfermo?" La respuesta comienza con nuestra voluntad de ver más allá de la ilusión de lo que el mundo nos está mostrando. En el ejemplo de la enfermedad de nuestros seres queridos, somos invitados a ver más allá de la enfermedad que está experimentando, pensando en ellos ya sanos y sintiéndonos como nos sentiríamos con ellos ante esta nueva realidad.

Sin embargo, para escoger esta posibilidad, debemos hacer más que simplemente pensar en esta nueva forma de ser o desear que la recuperación de nuestro ser ya haya ocurrido.
Ésta es quizá la mayor advertencia de esta forma de ver el mundo, y de aquella que puede presentar el mayor peligro. En nuestro temor de perder a las personas, lugares y cosas que más apreciamos, yace la tentación de lidiar con la magnitud de la situación negando la realidad que se nos presenta ante nosotros, diciendo que no lo creemos. Pero, a menos que también tomemos las acciones que reemplacen esta atemorizante realidad por la curación, nuestra negación nos conduce a producir algo más que frustración y desengaño.

Personalmente, he experimentado la pérdida de amigos que cayeron en esa trampa y ya no están en este mundo. Aunque ellos son los únicos que saben lo que en verdad ocurrió en sus corazones y mentes antes de morir, tuve la oportunidad de ser testigo de algunos de los sufrimientos por los que pasaron en razón de sus creencias. "Si soy un ser tan poderoso," razonaban, "¿por qué sigo padeciendo esta enfermedad?

He cambiado mis creencias... ¿por qué no me he curado?"

Este tema es profundo, personal y delicado. Y la respuesta puede a menudo atraer sentimientos intensos en discusiones sobre qué "es," cómo parece funcionar el universo y en dónde tiene cabida Dios en todo esto. El punto crucial es: hay un equilibrio fino y delicado entre simplemente escoger una nueva posibilidad y seguirla de verdad con pensamientos, sentimientos y creencias que despierten ese resultado como una nueva realidad.


Clave 8: ¡No es suficiente simplemente decir que escogemos una nueva realidad!.


Para escoger una posibilidad cuántica, debemos convertimos en esa forma de ser. Como sugiere Neville: debemos "abandonarnos" a esa nueva posibilidad y en nuestro "amor por ese estado... vivimos en el nuevo estado y dejamos el viejo estado del ser."

Y eso es precisamente lo que nos invitan a hacer las instrucciones antiguas encontradas en algunas de nuestras tradiciones más apreciadas. La técnica usada para esta relación entre lo humano y lo divino es a menudo llamada oración.


- HABLANDO EN TÉRMINOS CUÁNTICOS: SENTIDO ES LA CLAVE

A inicios de este capítulo identificamos varias de las interpretaciones de por qué parecen ocurrir las rarezas cuánticas de la forma en que lo hacen. Las teorías se relacionan en particular con el acto de que con el solo hecho de que observemos la materia, ésta parece cambiar. Aunque cada explicación varía en el porqué de un efecto en particular, todas parecen sugerir el mismo denominador en común: nosotros y nuestro papel como observadores en el mundo.

Cuando observamos algo, es decir, cuando enfocamos conscientemente nuestra atención en un lugar en el tiempo, parece que aseguramos una de muchas posibilidades cuánticas en un lugar en ese instante. Ya sea que esto provenga de una "realidad paralela" o de una sopa de probabilidades cuánticas oscilante, las teorías sugieren que lo que vemos como Realidad (con R mayúscula) es lo que es, debido a nuestra presencia.

A pesar de que esto parece ser una noticia revolucionaria para la ciencia moderna, ha sido aceptada como la manera en que son las cosas en las tradiciones antiguas y en las culturas indígenas durante siglos. En palabras de épocas pasadas, escribas, místicos, curanderos y eruditos, hicieron lo mejor que pudieron para preservar este gran secreto de nuestra relación con el universo y transmitírnoslo. A veces, lo encontramos donde menos esperamos encontrar una sabiduría tan poderosa.

Desde las paredes de los templos y tumbas en los desiertos de Egipto, hasta la sabiduría gnóstica de la biblioteca de Nag Hammadi y la medicina tradicional practicada hoy en día a lo largo del Suroeste de los Estados Unidos, permanece con nosotros el lenguaje que instila vida a las posibilidades de nuestra imaginación, sueños y oraciones.

Quizá el ejemplo más claro de este lenguaje ha sido descrito en las palabras de un hombre que vivió en un monasterio a casi 4,500 metros sobre el nivel del mar, en las alturas de la meseta del Tibet. En la primavera de 1998, durante 22 días tuve la oportunidad de facilitar un viaje de investigación y peregrinaje en las montañas del centro de Tibet. Durante ese tiempo, mi grupo y yo nos encontramos inmersos en una de las tierras más grandiosas, escabrosas, primitivas y remotas que quedan hoy en el planeta. En el camino, visitamos 12 monasterios, 2 conventos y algunos de los seres humanos más hermosos que uno podría imaginar, incluyendo monjes, monjas, nómadas y peregrinos. Fue durante este tiempo, que me encontré cara a cara con el abad de uno de los monasterios y tuve la oportunidad de hacerle la pregunta, en búsqueda de cuya respuesta viajamos tan lejos y durante tanto tiempo.

En una helada mañana, nos encontramos atiborrados en una minúscula capilla rodeados de altares budistas y antiguos thangkas (tapices intrincadamente tejidos con brocados que representan las grandes enseñanzas del pasado). Enfoqué mi atención directamente en los ojos del hombre cuya edad era imposible de determinar, sentado en la posición de loto al frente mío. A través de nuestro traductor, le hice la misma pregunta que le había hecho a cada monje y monja que habíamos encontrado a lo largo de nuestro peregrinaje. "Cuando observamos sus oraciones," comencé, "¿qué están haciendo? Cuando los vemos entonando y cantando durante 14 y 16 horas al día; cuando vemos los cencerros, cuencos, gongs, campanillas, mudras y mantras en el exterior, ¿qué está ocurriendo en el interior de ustedes?"

Una sensación poderosa recorrió todo mi cuerpo cuando el traductor compartió conmigo la respuesta del abad. "Ustedes jamás han visto nuestras oraciones," dijo, "porque una oración no puede verse." Ajustándose la pesada túnica de lana bajo sus pies, el abad continuó: "Lo que ustedes han visto es lo que hacemos para crear el sentimiento en nuestros cuerpos. ¡El sentimiento es la oración!"

Qué hermoso, pensé. ¡Y qué simple! Tal como los experimentos a finales del siglo XX demostraron, es el sentimiento y la emoción humanos lo que afecta la materia de la cual está hecha nuestra realidad, es nuestro lenguaje interior lo que cambia los átomos, los electrones y los fotones del mundo exterior. Sin embargo, se trata menos de las palabras reales que murmuramos y más del sentimiento que ellas crean en nuestro interior. Es el lenguaje de la emoción el que le habla a las fuerzas cuánticas del universo..., el sentimiento es lo que la Matriz Divina reconoce.


Clave 9: El sentimiento es el lenguaje que le "habla" a la Matriz Divina. Sentir que su meta ya ha sido lograda y que su oración ya ha sido respondida.


El abad nos estaba diciendo lo mismo que los grandes científicos del siglo XX. No solamente estaba transmitiendo las mismas ideas que los experimentadores han documentado, él había llegado un paso más lejos: estaba compartiendo las instrucciones que describían cómo hablar el lenguaje de las posibilidades cuánticas, y lo estaba haciendo a través de una técnica que conocemos hoy como una forma de oración.

¡No es de extrañar que la oración obre milagros! Ella nos pone en contacto con el espacio puro en donde los milagros de nuestras mentes se convierten en la realidad de nuestro mundo.




Extracto de La Matriz Divina.
Gregg Braden.

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1 Comentario de lectores

07/10/2012

El Universo nos entrega el conocimiento constantmente la escucha es dificil por no tener claro el conocimiento alli es donde nos enbolatamos y nos toca a travez de las circunstacias y contrastes para lograr la experiencia alli es donde la verificacion nos cuesta un poco y se inicia el sufrimiento pero la vida continua concediendo otra oportunidad para lograr el aprendisaje

maria eloilde desde Colombia