El secreto de las siete semillas. III.3

Varios/Otros


Dos días después se dio la oportunidad que Ignacio había estado buscando. Toda su familia se había ido a Ica el fin de semana, a visitar a los padres de su mujer. Él se había excusado por motivos de trabajo, pero en realidad quería quedarse solo en su casa para practicar sus ejercicios y realizar una meditación profunda. Ignacio había estado leyendo todo tipo de libros espirituales y esotéricos, tratando de adquirir más rápido el conocimiento. Se había impresionado especialmente con uno que hablaba de viajes astrales y de la posibilidad de salir del cuerpo. Ignacio era una persona racional, pero después de leer tantos libros sobre el tema tenía dudas y a la vez esperanzas de que eso fuera posible. Había leído que cuando uno meditaba profundamente, era fácil salirse del cuerpo; sólo había que desearlo.

Se echó en la cama de su cuarto y empezó por concentrarse unos treinta minutos en su respiración, tratando de evitar todo tipo de pensamientos. Tuvo dificultades durante los primeros minutos, pero luego comenzó a concentrarse mejor. Estaba relajado, calmado y en paz; entonces empezó a repetir en silencio la palabra 'paz'. Nuevamente le vinieron pensamientos, pero continuó cada vez más concentrado. Después de unos minutos, empezó a sentir algo muy extraño, como si en su pecho se originara una sensación de amor que ascendía hacía su cabeza. Empezó a sentir mucho amor y felicidad; era como si estuviera al costado de seres muy queridos, como un éxtasis pero muy leve, más bien una bienaventuranza. Se sentía embriagado de amor. Por momentos perdía la concentración y la sensación se alejaba. Pero cuando se concentraba totalmente, regresaba. Era como si los pensamientos le cerraran la puerta a esa sensación de felicidad que tenía en su interior. Seguía concentrado en la palabra cuando sintió una sensación extraña: que él era uno con todo, que él era parte de las paredes de su cuarto, del aire, de la cama, del jardín. No había ninguna separación, él era uno con la creación. Todo era energía de amor tomando diferentes formas, pero todos eran uno. Obtuvo la lucidez durante unos segundos, pero luego esta sensación le causó tanta sorpresa que le surgieron pensamientos y la perdió.

Dejó de meditar y se puso a reflexionar sobre la experiencia. ¿Sería posible que lo que había sentido era lo que llaman "el Dios sin forma"? ¿Realmente existía Dios? Él había sentido algo concreto, pero quizás era su imaginación o se lo estaba inventando. Era un sentimiento real, él había sentido la unidad con todos basada en el amor. Quizás Dios era esa unidad, una energía divina que estaba en todas parees. No era cuestión de fe; él lo había sentido realmente.

Volvió a meditar y esta vez le fue más fácil concentrarse. En pocos minutos estaba sintiendo la sensación de amor y de paz. Nuevamente experimentó la sensación de unidad con todo. Él se sentía pura energía, conectado con todo lo que le rodeaba. En ese momento recordó los libros de viajes astrales y decidió salir de su cuerpo. Se dijo a sí mismo: quiero salir de mi cuerpo. Pero en ese momento se fue la sensación de amor por completo y perdió el estado de paz y tranquilidad.

Ignacio había leído que el mejor momento para salir del cuerpo era al levantarse, justo en el momento en que se está entre dormido y despierto. Como tenía un poco de sueño y estaba muy relajado, decidió hacer una pequeña siesta. Así quizás podría probar salirse de su cuerpo cuando se despertara. Realmente deseaba sentir la sensación de estar fuera de su cuerpo.

Al cabo de un tiempo, Ignacio despertó. Recordó que quería salir de su cuerpo y, entre el sueño y la vigilia, se dijo así mismo: "Quiero salir de mi cuerpo". En ese momento sintió una sensación muy extraña, como de levedad. Escuchó un sonido muy fuerte, como el de una vibración grave, y luego vio algo que al comienzo no comprendió. Vio la parte de atrás de un cuerpo, eran la cabeza y la espalda, y él estaba observando. Luego se dio cuenta de que ese cuerpo era el suyo y que él estaba afuera, observándolo. Veía su cuerpo pero no lo podía mover; hacía todo tipo de intentos pero él ya no estaba adentro. Se asustó terriblemente y pensó: "¿Qué pasa si no puedo volver a mi cuerpo?". Intentó regresar pero no pasaba nada, no tenía control. Estaba desesperado, con pánico. Pensó que moriría, pero sin darse cuenta movió una mano y tomó conciencia de que ya había entrado. Se puso de pie, con el corazón latiendo a toda velocidad. Caminó por el cuarto sin ninguna dirección, sólo por el placer de sentir sus pies y su cuerpo. Luego se sentó sobre la cama, un poco más tranquilo.

–¡Funciona! ¡Funciona! Existe el espíritu, lo he sentido, he estado sin cuerpo, ¡puedo salir de mi cuerpo! Hay vida después de la muerte, somos en verdad pura conciencia y vivimos en este cuerpo mientras dure –Ignacio partió a la casa del maestro. Quería contarle su experiencia extrasensorial.

El maestro lo hizo pasar a su cuarto. Ignacio se sentó sobre un cojín en el suelo y le contó todo, esperando una sincera felicitación. Ignacio consideraba que salirse del cuerpo era un gran paso en el desarrollo espiritual.

–Juguetes, Ignacio, sólo estás jugando con los juguetes –aseveró el maestro.

Ignacio no comprendió. De pronto se sintió decepcionado y empezó a experimentar una mezcla de mal humor y vergüenza.

–¿A qué se refiere con juguetes? ¡Le estoy hablando de una experiencia avanzada de espiritualidad! ¿No me ha escuchado bien? ¡Hoy he salido de mi cuerpo!

–Mira, Ignacio, cuando uno avanza por el camino espiritual de la meditación, Dios juega contigo y te entrega una serie de juguetes. Es decir, te da capacidades extrasensoriales como leer la mente, salirte de tu cuerpo, ver auras y ver el futuro, entre otras… La mayoría de personas que toman el camino de la meditación se entretienen con esos juguetes. Se dedican a jugar con todo lo extrasensorial y pierden de vista el verdadero motivo de la meditación, que es encontrar la divinidad dentro de sí. Meditar te ayuda a ponerte en contacto con tu verdadera esencia. Es como aquel deportista de salto de garrocha que en vez de dedicarse a entrenar seriamente su salto, usa la garrocha para hacer piruetas y acrobacias, para exhibir sus destrezas ante las personas. De hecho que saltar garrocha no es tan sexy como mostrar sus piruetas, pero es lo único que lo llevará adonde quiere ir. Lo mismo ocurre con la espiritualidad. Meditar no es sexy, es algo que hacemos solos, sin mostramos ante los demás. El progreso es lento y los resultados no son espectaculares en el corto plazo, pero es el verdadero camino para el crecimiento del alma. Salirte del cuerpo, leer la mente y todas esas capacidades quizás te podrán hacer más popular, pero no te acercarán a tu espíritu. Hoy has tenido la experiencia de salir de tu cuerpo. Extrae lo más importante de ella. Dios te ha permitido confirmar racional y concretamente que el espíritu existe. Te ha permitido disipar tus dudas para que te dediques a meditar más seriamente. Aprovecha la oportunidad.

Ignacio se sentía deprimido. Había tenido tanta ilusión de contarle sus logros al maestro, y una vez más él lo revolcaba y le quitaba sus armas. Lo peor era que todo lo que decía tenía sentido. Se sentía pequeño, ignorante y con mucho que aprender.

El maestro, tocándose la barba, volvió a hablar de forma rotunda:

–Ahora, después de aprender a dejar de lado la fenomenología, quiero enseñarte una nueva técnica que considero la más valiosa que puedo darte para meditar. Te la daré con una condición: no podrás transmitírsela a nadie. Las otras que has .aprendido sí las puedes enseñar, pero la nueva, que se llama Kriya Yoga, no la puedes transmitir.

–¿Pero por qué ese hermetismo, maestro? ¿No se supone que debemos ayudar a las personas a mejorar? No es que yo quiera enseñar la técnica a alguien, pero me intriga el porqué de mantenerla en secreto.

El maestro, como siempre, ya había previsto las dudas de Ignacio.

–El Kriya Yoga es una técnica de meditación ancestral que en la India se ha transmitido por siglos de maestro a discípulo. Es una técnica poderosa y debe practicarse correctamente. Si no, puede tener consecuencias negativas. El único que puede enseñar el Kriya es un discípulo que, después de muchos años de práctica, ha sido autorizado por su maestro.

–¿Qué es el Kriya Yoga? –preguntó Ignacio, ansioso.

–Pongámoslo de esta forma: si tú quieres ir en auto a una ciudad distante que queda a cientos de kilómetros, tienes dos posibilidades. O te vas en un vehículo pequeño de pocos cilindros y te tomas un buen tiempo en llegar, o te subes a un vehículo poderoso de ocho cilindros y aceleras. Ambos autos te van a llevar a tu destino, pero uno lo hará un poco más rápido. El Kriya Yoga es el auto de ocho cilindros. Es una técnica que te permite avanzar más rápido en la meditación.

–¿Cómo es? –preguntó Ignacio con dudas, pero a la vez deseoso de que le proporcionaran las técnicas milenarias para avanzar más rápido.

El maestro tomó aire, cruzó las piernas y miró fijamente al vacío.

–Mira, Ignacio. El problema de las técnicas que ya te enseñé es que cuando tratas de concentrarte, surgen cientos de pensamientos. Nuestra mente genera tres pensamientos por segundo. Romper este hábito es difícil, pero no imposible; finalmente puedes lograr la sensación de paz y amor que da la meditación. Tú has avanzado bastante usando estas técnicas. La ventaja del Kriya Yoga es que te enseña una serie de posturas que, a través de ciertos movimientos físicos, afectan tu sistema nervioso dándote una mejor capacidad de concentración. Cuando finalmente pones tu mente en blanco, tienes una mayor facilidad para mantenerte en ese estado durante más tiempo.

El maestro, paciente y virtuoso, empezó una ceremonia de iniciación. Luego fue instruyendo a Ignacio en las técnicas del Kriya Yoga. Practicaron juntos para que Ignacio tuviera claro cada ejercicio. Ignacio quedó algo adolorido, porque las posturas eran exigentes con el cuerpo, pero al tercer día se sintió mejor.

A la semana siguiente, el maestro le entregó la tercera semilla.

–Siémbrala –le dijo– y regresa cuando la planta florezca. Entonces conversaremos sobre sus enseñanzas. Ten paciencia, tomará unos meses. Sólo concéntrate en meditar todos los días y en estar consciente de tus conductas lo más que puedas. Recuerda el verdadero objetivo de la vida y los negocios. Practica tu meditación todos los días y agrégale las técnicas del Kriya Yoga. Avanzarás más rápido en este camino.


Extracto de DAVID FISCHMAN
El secreto de las siete semillas

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1 Comentario de lectores

18/04/2014

Excelente pagina para poder ilustrarme y poder tener el relajamiento que tanto busco, les doy las gracias a todos los que trabajan por mantenerla, saludos de mi parte

Fernando Melchor Vid desde Mexico