Los modos en la mesa de los que han despertado...

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Los modos en la mesa de los que han despertado espiritualmente son cultos, pero no exagerados.

Todos los que se sientan en la mesa tienen una servilleta, un plato, un cubierto y un vaso si hubiese alguna bebida. En la familia es normal que la mesa esté cubierta con un mantel. Tampoco debería faltar una vela, porque esta luz externa es símbolo de la luz interna que ha iniciado todo crecimiento y ha dado los frutos.

La ética y moral internas pueden ser compatibles en muchos casos con las costumbres de los hombres, en tanto que no caigan en lujos o excesos y no conduzcan al hombre a una vida de placeres.

El hombre mundano sólo puede disimular su verdadero ser y mostrarse tal como quiere que le vean frente a hombres iguales que él.

Los hombres que viven desde su verdadero ser interno ven muy bien lo que ha crecido desde dentro en su prójimo y lo que es sólo una máscara. Lo ven en su comportamiento y en sus movimientos, en toda su imagen, su mímica y su forma de hablar.

Sólo se fija en la máscara de su prójimo aquel que lleva él mismo una máscara. Quien todavía está bajo la opresión de su ego se deja deslumbrar por los que son como él; pero no así el verdadero sabio, que está libre del deseo de imitación, del querer ser igual que éste o aquél, o como todos.

El hombre que es consciente de ser la imagen de la inteligencia divina, que es síntesis de todo lo bello, puro, desinteresado y noble, se muestra al mundo tal como es, irreprochable y consciente.

Muchas veces se les juzga mal a estos hombres porque no se dan importancia. Y, ¿por qué deberían darse importancia? Ellos poseen todo lo que precisan y más. Son ricos porque tienen la paz y han acogido a Dios como el punto central de su vida.

La nobleza del alma sale de un alma pura y libre, se manifiesta como una sinfonía de sonidos en los gestos y la mímica del hombre. También las costumbres en la mesa muestran la manifestación noble y espiritual; lo que el hombre come y cómo lo come muestra quién es.

Su forma de ser y su comportamiento puede ser un acorde armónico procedente de la armonía universal, Dios, o un sonido disonante de este mundo.

El alimento es, como todo, vibración. Cada vibración es sonido.

Entonces, tal como el hombre piensa, habla y actúa, así es su sonido, la vibración de su cuerpo.

También elegirá sus alimentos y condimentos de acuerdo con la vibración de su cuerpo.

La acción de sus cinco sentidos corresponde a su ritmo corporal. Los sentidos del hombre son como antenas que tantean todo lo que existe alrededor de ellos en el mundo material y lo que lleva dentro de sí en pensamientos y deseos.

Tal como sea en ese momento el ritmo de su cuerpo o su vibración, así reaccionarán también los sentidos del hombre. Los pensamientos influyen en los sentidos y estos a su vez en los pensamientos.

De ahí resulta el pensamiento de deseo y con esto las apetencias del alimento que corresponde al estado de consciencia alcanzado por el hombre.

Asimismo los órganos del hombre, que también son vibración, indican al cerebro lo que desean y prefieren y qué sustancias necesitan para permanecer sanos.

Por tanto, el hombre elige sus alimentos según su ritmo corporal, según su consciencia.

Dios es la sensación eterna primaria.

Esta sensación primaria es también el lenguaje de los seres divinos. Ellos sienten, pero no piensan. Su sensación es divina, es la Ley.




Extracto de: Lo que piensas y hablas, tu forma de comer y lo que comes, muestra quién eres.
La palabra de Dios para nosotros manifestada por el Querubín de la Sabiduría divina, el hermano Emanuel.
Dada a través de la profetisa del Señor, Gabriele de Würzburg

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