Una historia real.

Varios/Otros


Esta es una historia real, contada por nosotros, sus principales protagonistas. Creemos importante, para la comprensión acabada de lo que queremos entregar, contarles todo desde el principio.

Es así como Andrés comenzará a relatar su experiencia desde sus primeros contactos con la hipnosis, hasta el momento en que nos conocimos:

Era el verano de 1975, a punto de cumplir quince años, pasaba mis vacaciones en la ciudad de Viña del Mar, invitado por un primo. Con un grupo de amigos asistimos a un espectáculo en un teatro de la ciudad. Se presentaba un personaje que se anunciaba como hipnólogo e ilusionista.

Expectantes, nos sentamos en la primera fila. Comenzó la función y el señor pidió voluntarios para realizar una sesión de hipnosis. Atraídos por la excitante experiencia, subimos al escenario. De pronto, comenzó a sonar una música muy agradable y él nos iba dando instrucciones que nosotros seguíamos. La verdad es que yo no logré caer en trance hipnótico, pero aun así me mantuve con los ojos cerrados, ejecutando las sugestiones que nos daba. Fue obvio que él se percató de esto, pero no me dijo nada y siguió trabajando con otros que sí estaban hipnotizados.

El resto del grupo de amigos que no subió al escenario comentaba las cosas que hacía una de nuestras acompañantes que estuvo en un profundo trance. Entonces, yo me recriminaba el no haber abierto los ojos y haberme sentado para ver el espectáculo que tan detalladamente me relataron después.

No recuerdo haber tenido otro acercamiento al tema hasta bastantes años después.

Fue en 1987. Ya me había recibido de cirujano dentista y era docente en la Facultad de Odontología de la Universidad de Chile, cuando un grupo de académicos decidió solicitar a un colega que tenía conocimientos sobre hipnosis que nos hiciera un curso teóricopráctico.

Si bien es cierto fue una experiencia interesante, no me repercutió lo suficiente, porque las técnicas utilizadas no fueron del todo comprensibles para mí.

A pesar de esto, tuve la fortuna de que fuera compañera de práctica en este curso mi colega y amiga Mónica. Digo que tuve la suerte porque ella cayó en un profundo trance hipnótico. Fue una experiencia emocionante y alentadora. Percibí que lo que un día vi arriba del escenario como espectáculo era posible y real. ¡Y que yo lo había realizado!

Luego, comprendí que la capacidad de ser hipnotizado es del sujeto y no de quien lo induce.

Ese mismo año llegó a mis manos un tríptico que anunciaba un curso básico de hipnosis clínica para odontólogos, dictado por un grupo multidisciplinario, encabezado por un colega que tenía una vasta experiencia en el tema. Sin dudarlo, me inscribí. Esta era una nueva oportunidad para adquirir conocimiento y práctica de algunas técnicas.

Posteriormente, asistí a otro curso de hipnosis avanzada organizado por el mismo equipo, donde logré una mayor experiencia y mejor manejo de los pacientes.

La inquietud persistió y sentí la necesidad de seguir practicando junto a un grupo de compañeros también interesados en el tema.

Tiempo después, me llegó una paciente que hacía años no asistía al dentista, solo por el terror que significaba para ella sentarse en el sillón dental.

Luego de evaluar la situación, le planteé la posibilidad de tratarla bajo hipnosis.

Victoria estaba dispuesta a todo lo que pudiera ayudarla, y sin dudarlo aceptó. Le pedí que se pusiera cómoda en el sillón dental, puse una música suave y comenzó la sesión de hipnosis que, hasta ese momento, era de incierto resultado.

Victoria logró obtener un rápido y profundo trance hipnótico. Solo entonces pude realizar las acciones odontológicas, sin que le provocaran angustia. Este tratamiento, a medida que transcurrían las sesiones, poco a poco, fue eliminando el temor que le provocaba la atención dental.

Después de esta gratificante experiencia, fueron muchos los pacientes que atendí de igual manera.

En 1995 nos preparábamos para salir de vacaciones con mi familia. Mi esposa pasó a una librería y compró dos libros para llevar con nosotros: Muchas vidas, muchos sabios y A través del tiempo, ambos del Dr. Brian Weiss.

Yo, siendo un mal lector, tomé el primero y comencé la lectura. La verdad es que a medida que iba recorriendo cada línea, fueron despertando en mí una serie de interrogantes que nunca antes me había cuestionado acerca de la vida, la muerte y “la vida después de la muerte”.

Durante el proceso de aprendizaje de la técnica de hipnosis realizábamos sesiones de regresión, pasando por toda la vida del sujeto. Sin embargo, solo llegábamos hasta el momento del parto.

Cuando leía las experiencias que el Dr. Weiss tuvo con sus pacientes, donde ellos eran capaces de retroceder hasta vidas pasadas durante las sesiones de hipnosis regresiva, pensé que era lo mismo que yo hacía, solo que nunca me había cuestionado la posibilidad de ir más atrás. Entonces, me pregunté si todo lo que él relataba era cierto.

No obstante, de lo que sí estaba seguro es que le daba explicación a muchas interrogantes y, más aún, le daba un mayor sentido a la vida y la muerte.

En mis vacaciones tenía planificado juntarme con un par de amigos en una ciudad del norte del país, donde ellos se encontraban con sus familias. Estando ya ahí, reunidos una noche, quise comentarles la gran inquietud presente en esos momentos en mi vida.

Luego, les propuse realizar una experiencia de hipnosis. En esta oportunidad, uno de mis amigos —Fernando— cayó en un profundo trance hipnótico. Comencé a realizar una regresión hasta llegar al momento del parto. Una vez ahí, venía la gran prueba: ¿podría ir más atrás y revisar sus vidas pasadas? Así, con gran expectativa y utilizando las mismas sugestiones que daba el Dr. Weiss a sus pacientes, pedí a Fernando ir a una vida anterior a esta.

Con gran emoción para mí y sorpresa para los demás, Fernando empezó a relatar escenas de una vida anterior donde se veía como un hombre pobre y solitario. La sesión solo concluyó tras revisar el momento de su muerte.

Posteriormente, saqué a Fernando del trance hipnótico dándole todas las sugestiones positivas que suelo entregar antes de terminar una sesión. Tuvo amnesia total y espontánea de toda la experiencia. Después, comentamos entre nosotros la experiencia y a él le relatamos momentos de su infancia que desconocíamos. Se mantuvo muy incrédulo en todo lo concerniente a la regresión de una vida pasada.

Esa fue mi primera experiencia de hipnosis regresiva. Luego, tuve otras en forma esporádica, pero aún sin saber qué buscaba ni hacia dónde me dirigía. Entonces, comencé a leer más sobre ese mundo que había descubierto: “El mundo espiritual”.

Un año y medio después, llegó a mi consulta Verónica, una nueva paciente aquejada por un fuerte dolor en una pieza dentaria. Luego de explicarle lo que se tenía que hacer, me preparé para colocarle anestesia. A pesar del gran dolor que tenía, ella se negaba rotundamente a tratarse porque le tenía pavor a la atención odontológica. Entonces, le sugerí la posibilidad de atenderla bajo hipnosis. Ella accedió sin dudarlo. Cayó rápidamente en un profundo trance, estado en el cual pude realizarle el tratamiento que necesitaba. Una vez finalizada la atención, conversamos sobre lo que había pasado. Ella empezó a relatarme sus experiencias de relajación, meditación, desdoblamiento y comunicación con el Más Allá. Yo escuchaba atentamente y pensaba que ella podría ser un buen sujeto para trabajar en las regresiones y así tener nuevas experiencias sobre los temas que tanto me inquietaban.

Como su tratamiento debía continuar por un largo tiempo, acordamos que, además de la atención odontológica, trabajaríamos con hipnosis regresiva.

Durante la primera sesión, a pesar de tener la grabadora en mis manos y convencido de haber registrado lo ocurrido, lamentablemente al reproducir la cinta no había nada.

Aparentemente, solo había apretado el botón de reproducción y no el de grabación. Fue una decepción. Sin embargo, pude reconstituir parte de la sesión.

Cuando le solicité ir a una vida anterior, ella se dirigió a su túnel o canal de vida.

Desde allí visualizó unas puertas que representaban sus existencias anteriores. No recuerdo qué vida revivió en aquella ocasión, pero lo que me llamó la atención fue que pude establecer una comunicación con su espíritu.

Me resultó muy interesante el haber podido recibir información a través del espíritu de Verónica. Esta experiencia me motivó aún más, y esperaba ansioso la próxima sesión.

En esta me preocupé expresamente de manejar de manera adecuada la grabadora para registrar toda la conversación.

La llevé a trance hipnótico y ella comenzó una regresión hasta su estado intrauterino.

Andrés: ¿Qué ves?
Verónica: Está oscuro, está calentito.
Andrés: ¿Sabes cuántos meses tienes?
Verónica: Soy chiquitita.
Andrés: ¿Te ves tus manos?
Verónica: No, no tengo, soy chiquitita, como de un mes, tal vez.
Andrés: ¿Tienes sentimientos, sientes algo aparte de estar calentita?
Verónica: No.
Andrés: ¿Pero sabes que estás ahí y que pronto vas a nacer?
Verónica: ¡Falta!
Andrés: ¿Y cómo sabes que falta?
Verónica: Porque tiene que pasar un tiempo.
Andrés: ¿Cómo sabes eso?
Verónica: Porque siempre pasa un tiempo largo.
Andrés: ¿Lo has vivido otras veces?
Verónica: Sí.
Andrés: ¿Es agradable el tiempo que pasas ahí?
Verónica: Ahora sí. En otras oportunidades no lo ha sido.
Andrés: Ahora, Verónica, quiero que vayas más atrás, al túnel donde vas a programar tu vida actual. ¿Estás en el túnel?
Verónica: Sí.

Andrés: ¿Estás con alguien, ves a alguien?
Verónica: Sí, pero nadie que yo conozca.
Andrés: ¿Ya planificaste tu vida siguiente?
Verónica: Sí.
Andrés: ¿Y por qué la elegiste?
Verónica: No, no se puede decir, no puedo verlo.
Andrés: ¿Pero sí lo sabes?
Verónica: Sí, pero no es bueno verlo.
Andrés: Tú elegiste nacer con tus padres.
Verónica: Sí.
Andrés: ¿Y te juntaste con otros espíritus para programarlo?
Verónica: No, pedí un poco de ayuda para arriba.
Andrés: Y tú, ¿en qué nivel estás?
Verónica: Arriba, más abajo que de donde pedí ayuda, pero arriba...
Andrés: ¿Qué más me puedes contar del lugar donde estás?
Verónica: Hay más gente igual que yo y gente más nueva que también tiene que encarnar ahora.
Andrés: ¿Tú eres un espíritu antiguo?
Verónica: Sí.
Andrés: ¿Qué significa ser un espíritu antiguo?

Verónica: Más reencarnaciones, más vidas, más experiencias.
Andrés: ¿A ti te quedan muchas por vivir?
Verónica: No, es probable que esta sea la última, pero no es seguro. Si no cumplo voy a tener que volver, pero en teoría debiera ser la última.
Andrés: ¿Y ahí pasas a ser...?
Verónica: Un ayudante mayor.
Andrés: ¿En ese momento tu misión es ayudar a los nuevos espíritus?
Verónica: Siempre hay que ayudar a los otros. Los que tienen el mismo nivel mío no necesitan de mí, necesitan ayuda de más arriba.
Andrés: Y cuando tú ya no reencarnes, ¿qué harás, cuál es tu objetivo?
Verónica: Ayudar y servir de puente entre los de arriba y los de más abajo.
Andrés: ¿Al estar ahí puedes seguir subiendo también?
Verónica: Sí.
Andrés: ¿Y cómo vas subiendo si ya no vas a reencarnar? ¿Cómo vas a evolucionar?
Verónica: Ayudando, más arriba es más exigente; más arriba de mí hay muchos.
Andrés: ¿Quién está más arriba de todos?
Verónica: El Todopoderoso.
Andrés: ¿Lo has visto alguna vez?
Verónica: No.
Andrés: ¿Alguien lo ha visto alguna vez?
Verónica: Sí, los que están bien arriba, pero no es importante verlo, es importante sentirlo.

Andrés: ¿Tú lo sientes?
Verónica: Sí, aquí lo siento, más que cuando uno está encarnado. Aquí es más puro.
Andrés: ¿Esa sensación es directa del Todopoderoso o viene de los que están más abajo que Él?
Verónica: No, es de arriba, sin intermediarios. Después, cuando uno encarna, busca intermediarios, pero no son importantes los intermediarios.
Andrés: ¿Quiénes son los intermediarios cuando uno encarna?
Verónica: Las distintas religiones.
Andrés: ¿Tú dices que eso no es importante, que lo importante es sentir al Todopoderoso?
Verónica: Sí.
Andrés: Pero si bien es cierto que eso es lo importante, las religiones ayudan a acercarse al Todopoderoso.
Verónica: A veces. A veces están muy distorsionados, hay muchos intereses económicos, políticos.
Andrés: ¿Tú eso lo sabes como espíritu?
Verónica: Sí, pero cuando uno está encarnado, eso no lo ve tan así.
Andrés: ¿Qué cosa es importante de ese mundo?
Verónica: El amor. Es lo más importante.
Andrés: ¿Solo en ese mundo?
Verónica: En éste y en el mundo donde tú estás ahora.
Andrés: ¿Qué significa el amor?
Verónica: Dar, entregar, bondad.
Andrés: ¿Es la forma de evolucionar?

Verónica: Sí.
Andrés: ¿Se puede evolucionar rápidamente en una vida?
Verónica: Si tú te has propuesto caminos y los cumples, sí.
Andrés: Es decir, ¿mi espíritu puede evolucionar aunque no haya encarnado muchas veces?
Verónica: Si las misiones que has hecho son importantes, sí.
Andrés: ¿Todos los espíritus saben que deben cumplir ciertas misiones para evolucionar?
Verónica: Sí, entre más flojo el espíritu, más lenta la evolución.
Andrés: ¿Y tu evolución fue lenta o rápida?
Verónica: Normal.
Andrés: ¿Sabes cuántas vidas has tenido?
Verónica: Habría que contar.
Andrés: ¿Qué cuentas? ¿Las puertas?
Verónica: Hum...
Andrés: ¿Son muchas?
Verónica: Sí, muchas.
Andrés: ¿Las estás mirando?
Verónica: Sí, veo como 27, pero no sé si hay más.
Andrés: ¿Están abiertas o cerradas?
Verónica: Cerradas.

Andrés: Ponte frente a una de esas puertas. ¿Está muy lejos la primera?
Verónica: Sí, está muy allá.
Andrés: ¿Pero tú puedes avanzar?
Verónica: Sí.
Andrés: ¡Avanza!
Verónica: ¡Pero es complicado!
Andrés: ¿Por qué?
Verónica: Porque hay que andar mucho para atrás.
Andrés: ¿Es muy lento?
Verónica: No es lento, pero no es llegar y hacerlo.
Andrés: ¿Pero podemos hacer el intento?
Verónica: Sí, podemos.
Andrés: Vamos, tú me avisas cuando estés frente a la puerta. (Después de un momento): ¿Dónde estás?
Verónica: En la época de Jesús.
Andrés: ¿Podemos revisar esa vida?
Verónica: Sí.
Andrés: ¿Cuéntame qué ves?
Verónica: Una mujer.
Andrés: ¿Qué edad tienes ahí?

Verónica: Doce.
Andrés: ¿Tú has visto a Jesús?
Verónica: No, hablan mucho de Él.
Andrés: ¿Qué más sabes de Él?
Verónica: Que hace cosas raras.
Andrés: ¿Él está en tu pueblo?
Verónica: No, pasa cerca.
Andrés: ¿Nunca lo has visto?
Verónica: (Silencio)
Andrés: ¿Qué te parece que avances en esa vida hasta el momento en que has estado con Él? (Pausa)
Verónica: Ah... Una vez lo vi en el mercado, es un lugar donde venden muchas cosas.
Andrés: ¿Cuántos años tienes ahora?
Verónica: Veintiocho años y lo veo.
Andrés: ¿Cómo es?
Verónica: Grande, tiene una mirada dulce; no me parece una mala persona.
Andrés: ¿Dónde estás? ¿Cómo se llama el mercado?
Verónica: Es un mercado donde venden cosas.
Andrés: ¿Pero en qué pueblo estás?
Verónica: No sé cómo se llama.

Andrés: ¿Y tú vives ahí?
Verónica: No, pasé por ahí, estoy ahí ahora.
Andrés: ¿Compraste algo?
Verónica: No, estoy mirando, no más.
Andrés: Descríbeme a Jesús.
Verónica: Tiene una mirada dulce, usa barba y tiene los ojos café claro, pelo castaño, largo, brillante.
Andrés: ¿Cómo está vestido?
Verónica: Una ropa blanca o color crudo.
Andrés: ¿Y en los pies?
Verónica: Unas sandalias.
Andrés: ¿Qué está haciendo? ¿Le habla a la gente?
Verónica: No, va caminando.
Andrés: ¿Solo ?
Verónica: Va gente detrás de Él.
Andrés: ¿Tú conoces a alguien?
Verónica: No.
Andrés: ¿A ti no te da miedo Él?
Verónica: No.
Andrés: ¿Hay mucha gente?

Verónica: Sí, bastante.
Andrés: ¿Hacia dónde va?
Verónica: Va caminando por el mercado.
Andrés: ¿Pero va hacia algún lugar o solo va mirando?
Verónica: Va mirando. A lo mejor va a algún lugar, pero yo no sé, no le he preguntado, no me ha dicho. No le voy a preguntar tampoco.
Andrés: ¿Puedes seguirlo?
Verónica: Sí, como que toca a las personas.
Andrés: ¿Y ellas qué hacen?
Verónica: Se impresionan.
Andrés: ¿Y a ti te gustaría que te tocara?
Verónica: No sé... pero no me da miedo.
Andrés: ¿Tú vives sola?
Verónica: No vivo ahí, estoy de paso, ando sola, pero no sé por qué. La gente le pide cosas, pero yo no sé qué es lo que le pide.
Andrés: ¿Te puedes acercar para escuchar?
Verónica: Es que va mucha gente, un montón de hombres.
Andrés: ¿Y tú estás vestida con túnicas también?
Verónica: No, llevo una ropa color café claro. Un vestido, pero no entallado.
Andrés: ¿Y en los pies?
Verónica: Sandalias.

Andrés: ¿Qué venden en la feria?
Verónica: De todo, comida, fruta, carne, granos.
Andrés: ¿Qué fruta?
Verónica: Uvas, manzanas.
Andrés: ¿Sabes cuántos años tiene Jesús ahí?
Verónica: Es mayor que yo.
Andrés: ¿Tú sabes si Él muere? Si vas un poco más adelante puedes llegar a ese momento. (Pausa)
Verónica: Él tiene problemas, lo persiguen, un grupo de gente que no lo quiere, nunca lo han querido. Quizá tienen temor, no sé.
Andrés: ¿Qué edad tienes tú?
Verónica: Veintinueve... Él tiene problemas, pobre hombre, no le ha hecho daño a nadie y la gente no lo quiere.
Andrés: ¿Crees las cosas que dice Él?
Verónica: Creo que es una buena persona, no creo que invente cosas, pero no lo puedo decir tampoco.
Andrés: ¿Pero hay gente que lo quiere también?
Verónica: Pero menos.
Andrés: Sigue más adelante, hasta el momento en que a Él le suceda algo.
Verónica: Yo no sé cuándo le sucede algo.
(Pausa)
Andrés: ¿Qué está pasando ahora?
Verónica: Se comenta que le pasó algo, pero yo no sé qué.

Andrés: ¿Dicen que lo mataron? ¿Que murió?
Verónica: Sí, pero yo no lo vi.
Andrés: ¿Que lo crucificaron?
Verónica: Dicen, también.
(Pausa)
Andrés: Verónica, quiero que me escuches bien. Te voy a pedir que vuelvas al túnel, a la puerta donde entraste a esa vida. ¿Estás en el túnel?
Verónica: Sí.
Andrés: ¿Cuál fue la enseñanza que te dejó esta vida?
Verónica: Era como un pájaro, errante. No me interesaba lo que pasaba, no sé... Era raro.
Andrés: ¿Pero qué aprendiste?
Verónica: No sé, déjame buscar. (Pasa un buen rato). No sé, qué raro. Creo que tenía que aprender que no puedo pasar por la vida así no más.
Andrés: ¿Que no se puede pasar por la vida sin hacer nada?
Verónica: Sí... Sí, no te puedes quedar callada, tienes que hablar. Hay que decir lo que uno piensa.
Andrés: Quizás era eso lo que tenías que aprender, pero no lo hiciste.
Verónica: Sí, a lo mejor me acobardé.
Andrés: ¿Eso significa que no evolucionaste lo suficiente?
Verónica: En eso no.
Andrés: ¿Hay más puertas?
Verónica: Sí, varias.

Andrés: ¿Y podemos ir más atrás?
Verónica: ¡Qué intruso eres!
Andrés: Solo si tú quieres...
Verónica: No, ahora no.
Andrés: ¿Por qué?
Verónica: Porque cansa. Son muchos recuerdos, muchas cosas.
Andrés: ¿En el túnel te cansas también?
Verónica: No, es muy agradable.
Andrés: Pero estando ahí, tú puedes...
Verónica: No, no puedo ir a otros túneles de otras personas, no puedo.
Andrés: ¿Y por qué pensaste que te iba a preguntar eso?
Verónica: No sé, ¿lo estabas pensando?
Andrés: No, pero no es una mala idea.
Verónica: ¡Qué raro!
Andrés: No, de verdad, a lo mejor inconscientemente lo estaba pensando, pero lo que te quería preguntar era si tú puedes mirar solo tus vidas, sin entrar a ellas. ¿Eso te cansaría?
Verónica: Sí, hay que abrir las puertas.
Andrés: ¿Cómo son esas puertas?
Verónica: Solo es una manera de decir. Una puerta es una cosa que se abre, no sé si es una puerta. Sencillamente, tú puedes empujar y se abre. Yo no diría que es una puerta de madera o de metal. Es una cosa por donde puedes entrar. Es tal vez como traspasar en ese punto. En un túnel hay puntos.
Andrés: ¿Y el túnel cómo es?

Verónica: Es un canal, es mi canal.
Andrés: ¿Tiene límites?
Verónica: Son tácitos. No necesitan decirte dónde está el límite, ahí uno no se sobrepasa. Si tú fueras allá no te pasas.
Andrés: Es decir, si yo fuera allá no puedo pasar al túnel de otra persona.
Verónica: No te interesa.
Andrés: En ese estado no te interesa. ¿Existen personas que mediante meditación logran entrar en los canales de otras personas?
Verónica: Pero no es muy común, es su misión, tienen que ayudar, son gentes muy evolucionadas. Lo hacen solo a modo de ayuda, pero no es común.
Andrés: ¿Tú tienes ese conocimiento como espíritu?
Verónica: Sí, pero yo no lo hago, no soy capaz.
Andrés: Como espíritu, ¿siempre has encarnado en la Tierra?
Verónica: Sí.
Andrés: Pero existe la posibilidad de encarnar en otros planetas de la galaxia.
Verónica: Sí.
Andrés: ¿Existen otros planetas habitados y puedes encarnar en otro planeta que no sea éste?
Verónica: Yo no lo he hecho.
Andrés: ¿Pero sabes que se puede hacer?
Verónica: Sí, hay espíritus que han encarnado en otros planetas.
Andrés: ¿Y también en la Tierra?
Verónica: Sí.

Andrés: ¿Y por qué buscan eso?
Verónica: Por ayudar. Tienen que ayudar.
Andrés: ¿Tu espíritu ha estado en contacto con alguien que haya encarnado en otro planeta?
Verónica: Sí, pero no hay que hurguetear, porque son cosas de aquí.
Andrés: ¿Y quién limita esa información?
Verónica: Yo, pero viene de más arriba. Es como algo que uno sabe que es así. Por lo tanto, se respeta.
Andrés: Y si tú llegaras a hacerlo, ¿te perjudicaría?
Verónica: No lo haría.
Andrés: ¿Tú no lo harías? ¿Cualquier espíritu no lo haría?
Verónica: Yo creo que espíritus más jóvenes podrían hacerlo.
Andrés: ¿Pero ellos no tienen el conocimiento?
Verónica: Pueden tenerlo, pero no es bueno para ellos, sería muy malo.
Andrés: Hablas de espíritus nuevos o más jóvenes. ¿De dónde nacieron?
Verónica: De la misma parte que tú y yo.
Andrés: ¿Hay un lugar especial donde nacen por primera vez?
Verónica: Es como un círculo.
Andrés: A ver, ¿cómo es eso?
Verónica: Es muy enredado, no voy a hablar.
Andrés: ¿No lo entendería?

Verónica: Ahora no.
Andrés: ¿No está permitido hablar de eso?
Verónica: No, yo no sé que no esté permitido.
Andrés: Entonces, trata de explicármelo.
Verónica: No, es muy enredado, no lo vas a entender.
Andrés: ¿Por qué me subestimas?
Verónica: No, no te subestimo.
Andrés: Yo pienso que sí lo podría entender.
Verónica: No, eres muy impaciente. (Ríe). Eres un molestoso insistente, ¡ah!
Andrés: Ahí estás hablando como la Verónica.
Verónica: Mi espíritu es así, divertido, relajado, no sé por qué.
Andrés: ¿Eres un buen espíritu?
Verónica: Yo no puedo calificarlo, no corresponde.
Andrés: ¿Tienes algo más que decirme, algún mensaje?
Verónica: Que medites todas las noches.
Andrés: ¿Qué significa meditar?
Verónica: Trata de respirar profundo y deja la mente en blanco. Tu mente es muy inquieta e impulsiva, por eso no puedes llegar a ninguna parte.
Andrés: ¿Cómo a ninguna parte?
Verónica: Adonde quieres llegar, a tu vida espiritual.

Andrés: (Ella me hablaba despacio, entonces le pregunto con el mismo tono): ¿Por qué me hablas tan despacio?
Verónica: No sé, porque a lo mejor no te lo tengo que decir, tienes que buscarlo.
Andrés: ¿Qué más?
Verónica: Persevera, porque tú eres perseverante. ¡Ya te dije!
Andrés: ¿Qué cosa?
Verónica: Tienes que trabajar la paciencia. Para llegar a tu vida espiritual la necesitas.
Pero tienes un bonito espíritu, bueno.
Andrés: ¿Cómo sabes?
Verónica: Porque te lo vi.
Andrés: ¿Y sería mucho si te preguntara algo más sobre mi espíritu?
Verónica: Sí, pues. Sería como mucho, ¿no? (Yo me río, porque sonó muy gracioso).
Andrés: ¿Mi espíritu es antiguo?
Verónica: Se podría decir que sí. Es más reciente que el mío, pero no es nuevo.
Andrés: ¿Cómo me viste si mi espíritu está aquí conmigo ahora?
Verónica: No, porque lo veo en otro plano.
Andrés: ¿Cómo es eso?
Verónica: No, no voy a decirte eso, otro día. Hurgueteas mucho.
Andrés: ¿Y eso es malo?
Verónica: Es tu impaciencia.

Andrés: Es por conocer más, por saber más.
Verónica: Entonces medita.
Andrés: ¿Cómo sabes cuánto medito?
Verónica: No meditas mucho, porque eres muy inquieto. Estás todo el tiempo pensando qué más. Sí, así es. (Hace un sonido como de una máquina que trabaja mucho). Qué más saber, qué más preguntar.
Andrés: Pienso que es una bonita oportunidad para aprender.
Verónica: Sí, pero confórmate con lo que te dan.
Andrés: Está bien, ¿pero cómo voy a saber cuánto es suficiente si no me lo dicen? Es que a mí me gusta saber. ¿Eso es malo?
Verónica: (Ríe). No, eres divertido.
Andrés: Pero tú eres más divertida que yo.
Verónica: Es travieso tu espíritu, pero te falta paciencia.
Andrés: ¡Ya lo sé!
Verónica: Pero ten paciencia.
Andrés: Poco a poco, ¿estoy aprendiendo?
Verónica: Dios te oiga, sería bueno para ti. Busca momentos de soledad para estar contigo mismo en paz. Eso te haría bien. Puede ser en una iglesia o para ti cerca del mar, caminatas largas cerca del mar, porque quemas todas tus energías físicas y puedes empezar a dejar tu mente en paz.
Andrés: Yo creo que en esa caminata estaría pensando en mil cosas.
Verónica: No, toca con los pies en la arena, camina descalzo en la arena. Prueba. En agua que corra, no sé por qué, calmaría tu mente, un río, no lago, un río... Donde corra el agua.

Hay que dejarse llevar por la intuición. Cada vez se hacían más fascinantes estas sesiones, y en cada una de ellas encontraba una gran oportunidad de aprender cosas.
Creo que sin darme cuenta, ya estaba pasando algo dentro de mí. Empecé a leer más sobre el tema, y con esto más interrogantes se me iban creando.
En la siguiente sesión revisamos una vida pasada que no veo la importancia de transcribir. Luego, cuando ya está en ese lugar de paz, comienzo a preguntar.

Andrés: ¿Hay espíritus guías ahí?
Verónica: Sí, los más avanzados. Tienen que ayudar a otros.
Andrés: ¿Pero hay algunos que se dedican solo a eso?
Verónica: Sí, cuando ya no tienen que encarnar.
Andrés: ¿Cómo se llaman?
Verónica: No es importante, no funciona como en la Tierra. Las cosas básicas son las importantes.
Andrés: ¿Como cuáles?
Verónica: El amor, la ayuda a los demás, la entrega. Esos son los valores más puros.
Andrés: ¿Ves otros espíritus ahí?
Verónica: Están trabajando, o están aguardando, o están meditando.
Andrés: ¿Esperando entrar a otra vida?
Verónica: Sí.
Andrés: ¿Y los que están trabajando?
Verónica: Ayudando a los más chicos.
Andrés: ¿Y los que están meditando?
Verónica: Sobre sus próximas vidas, o sobre sus vidas anteriores.
Andrés: ¿Los espíritus pueden bajar a la Tierra sin estar encarnados?
Verónica: Uno puede hacerlo, pero no se debe, porque es un retroceso.
Andrés: ¿Por qué hay algunos que lo hacen?

Verónica: Por hurguetear su próxima vida, pero no es bueno. Hay muchas cosas que se pueden hacer, pero no se debe.
Andrés: Si te mueres y quieres comunicarte con tus seres queridos y decirles que estás bien, ¿lo puedes hacer?
Verónica: Puedo, pero no debo. Cuando los de la Tierra van a buscarnos, nos hacen daño.
Andrés: ¿Por qué?
Verónica: Porque interrumpen tu proceso. Estás en un proceso de meditación, de trance, y la gente te saca de eso y te baja. No es bueno para el espíritu y tampoco para los que están en la Tierra. Pero es peor para el que está arriba, porque él sabe que si lo llaman y lo bajan va a ser un daño, no irreparable, pero significa un retraso en su evolución.
Andrés: ¿Si alguien lo invoca está obligado a venir?
Verónica: Se puede negar, pero a veces se juntan espíritus poderosos en la Tierra, más avanzados que los que están acá.
Andrés: ¿Pero lo que yo estoy haciendo no es un retroceso para ti?
Verónica: No, porque me estoy moviendo en mi plano. No estoy involucrando a nadie. Si no se pudiera, no lo haría.
Andrés: ¿Tú conociste mi espíritu?
Verónica: Sí, pero no he vivido con él en otras vidas. No tengo recuerdo. Nos conocimos, sí, en el pasillo del túnel. Yo te he visto.
Andrés: ¿Pero nunca antes hemos reencarnado juntos? Probablemente no nos hemos necesitado.
Verónica: Es probable que en esta sí.
Andrés: ¿No lo programamos así? ¿Tú lo puedes saber?
Verónica: Sí, lo puedo saber, pero no te voy a decir, porque no te haría bien.
Andrés: ¿Pero la respuesta es sí o no? ¿Yo podría deducirla?
Verónica: Pero yo no lo he dicho.
Andrés: ¿Recuerdas cuando estuvimos juntos en el túnel?
Verónica: No recuerdo exactamente, pero eras un espíritu chico, más joven; es decir, cuando tu espíritu era más joven que ahora.
Andrés: Entonces fue hace tiempo. ¿Mi espíritu está más avanzado que la vez que nos vimos?
Verónica: Sí, pero si tú meditaras, tal vez... Un buen camino sería pedirle ayuda a tu ángel guía. Él te puede ayudar a descubrir caminos para poder meditar y para poder avanzar... ¡Avanzarías muy rápido!
Andrés: ¿Por qué...? ¿Cualquiera o yo?
Verónica: ¡Tú! Muy rápido. Lo que más te friega es tu ansiedad.


Extracto de MAESTROS ESPIRITUALES I
Mensajes y sanación
Salim Hodali - María Eugenia Muñoz - Erna Lueg

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