Las Lluvias.

V.B. Anglada


De la misma manera que las galerías, cuevas y subterráneos construidos por los poderosos Devas de la Tierra tienen por objeto facilitar la respiración del gigantesco cuerpo del planeta, las lluvias en todas sus posibles expresiones, desde las más finas a los más espectaculares aguaceros que preceden a las grandes inundaciones, tienen como finalidad la irrigación de la superficie del suelo con vistas a conservar en el aura planetaria el suficiente grado de humedad para poder contrarrestar los peligros de una atmósfera demasiado seca para los seres vivientes, tal como ocurre, por ejemplo, en los desiertos y en las zonas tórridas del planeta, realmente inhóspitas y en donde el agua o la humedad se hacen realmente imprescindibles si ha de existir una remota posibilidad de vida vegetal, animal o humana.

En las llamadas regiones templadas la humedad del suelo es necesaria para la buena marcha de los cultivos y para mantener un adecuado nivel de fecundidad terrestre, la cual es técnicamente humedad, es decir, la labor mancomunada de los espíritus de la tierra y de los devas del agua. La lluvia, como fenómeno natural, es, como todos sabemos, el resultado de la evaporación del elemento líquido planetario proveniente de los mares, de los ríos, de los lagos, etc. Sin embargo, visto esotéricamente, este fenómeno obedece a la interacción de los devas del agua y del aire, de las ondinas y de los silfos, así como de los agnis, operando conjuntamente para evaporar el agua y mantenerla en suspensión en ciertos niveles de la atmósfera, hasta que apropiadas condiciones provocadas en la superficie de la tierra por los espíritus dévicos, que en el suelo tienen su vida y razón de ser, determinan la liberación del agua mantenida en suspensión en forma de nubes y se produce la lluvia.

Cuando las partículas de agua suspendidas en la atmósfera se hallan en zonas muy elevadas, el frío allí reinante las congela y en vez de caer en forma de lluvia lo hacen en forma de nieve o de granizo. La congelación es un misterio geométrico en manos de una especie particular de Silfos habitantes de las regiones más elevadas de la atmósfera. Poseen el secreto de las líneas de fuerza del agua, las cuales atraviesan con arte mágico, de manera similar a como los Agnis del Fuego atraviesan los espacios vacíos que dejan los devas del aire en el espacio para que puedan proyectar el rayo.

Al atravesar aquellos caminos acuosos, utilizando un poder especial que les es inherente, los Silfos de los altos niveles, a quienes esotéricamente se les denomina “Señores del Frío”, congelan el agua mediante un indescriptible proceso mágico que consiste en “dibujar etéricamente” en el seno de la misma aquellas formas geométricas, de inimitable belleza, que pueden ser observadas al examinar un copo de nieve o una partícula de granizo. Esta explicación aparecerá como muy vaga y nebulosa a las personas que no poseen todavía clarividencia etérica, pero el examen de un copo de nieve al microscopio podrá darles una idea de la calidad impresionante del grupo de artistas invisibles actuantes en niveles ocultos de la Naturaleza a la vista de la bella y delicada estructura de las formas geométricas que lo componen.

Ahora bien, siguiendo el curso de nuestro estudio deberemos considerar que las inundaciones, las peligrosas trombas marinas, las tempestades en los océanos, etc., indican siempre una interacción entre los Señores del Agua y del Viento, siguiendo las líneas marcadas por los Ángeles superiores del Plano físico que comandan los elementos etéricos que lo integran. Hay que darse cuenta, sin embargo, que la Ley del Karma preside el entero proceso de la vida en la Naturaleza y reconocer humildemente que esta Voluntad Kármica está más allá y por encima de los deseos humanos y no puede ser quebrantada ni evitada, a menos que se posea un elevado grado de poder sobre los elementos etéricos que integran la vida de los reinos y de las especies. La evolución actual del ser humano, en los distintos estratos sociales de la humanidad, le impide comprender el alcance infinito de tal ley y “contrarrestar creadoramente” los efectos de la actividad kármica, de la cual los Devas son los directos mensajeros y ajustadores.

Sin embargo, hombres de elevada integración espiritual y dotados de poderes mágicos pueden manejar adecuadamente la parte de Voluntad de Dios que les corresponde y verificar, si tal es su voluntad y albedrío, el prodigio de la lluvia o del viento, indicando con ello el poder que tienen sobre cierto grupo de devas del agua y del aire. El conocimiento esotérico de la Magia y el sabio cumplimiento de la Ley pueden actuar inteligentemente sobre los éteres y obtener adecuadas respuestas de parte de sus moradores, los Devas. No existen, en este caso, lo que el vulgo denomina “milagros”, sino única y exclusivamente el conocimiento científico de las causas que producen determinados efectos o “fenómenos”. En todo caso habremos de volver una y otra vez al aspecto invocativo al que hicimos referencia en otras partes de este Tratado, ya que toda corriente invocativa a través de la mente atrae la atención de los devas, siendo prácticamente evidenciado así el conocido aforismo esotérico “La Energía sigue al Pensamiento”.


Vicente Beltran Anglada

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